Por Alejandro JofréReview del Dyson Purifier Cool Formaldehyde: el guardián silencioso de un millón de pesos que no sabías que necesitabas
Es una tecnología de vanguardia puesta al servicio de la limpieza de lo que respiramos. Y al mismo tiempo una inversión pesada, como un teléfono o computador de gama alta, aunque destinada a un propósito, en apariencia, mucho más etéreo. ¿Vale la pena?

Para quienes se mueven entre lanzamientos de hardware y la promesa constante de que la tecnología resolverá problemas (algunos que ni siquiera sabíamos que teníamos), la llegada de un nuevo aparato de Dyson a Chile siempre tiene algo de evento.
A primera vista, el Dyson Purifier Cool Formaldehyde mantiene esa estética de escultura futurista que ya es marca de la casa: un diseño sin aspas, minimalista, en tonos blanco y dorado, que parece sacado de un set de Blade Runner pero con mucho mejor gusto.
Sin embargo, lo importante aquí no es cómo se ve sobre el parquet, sino lo que hace con lo que no vemos.
¿Y qué hace el Dyson Purifier Cool Formaldehyde? Como dirían en Silicon Valley, es una pieza de infraestructura invisible que aspira (literalmente) a rediseñar el aire que respiramos en casa.
Conoce a tu nuevo enemigo invisible

La gran novedad de este modelo es su capacidad para detectar y destruir el formaldehído.
Para los que no somos químicos, se trata de un gas incoloro que emiten muebles nuevos, alfombras, pinturas y hasta productos de limpieza.
Es ese “olor a nuevo” que, en realidad, no es muy sano.
Dyson integró un sensor que no solo identifica estas moléculas, sino que las descompone en agua y mediante un filtro catalítico que no necesita ser reemplazado nunca. Se regenera solo.
Es tecnología de vanguardia puesta al servicio de un aire que, en ciudades como Santiago, rara vez es el ideal.
Lo que brilla (y lo que suena)

Probando el equipo durante una semana, hay tres cosas que saltan a la vista (o al oído):
- El silencio como prioridad: Dyson promete una reducción del 20% en el ruido comparado con versiones anteriores. En el modo noche, es prácticamente imperceptible. Puedes dormir con él a un metro de la cama y lo único que sentirás es una brisa suave ideal para el verano en Santiago, sobre todo si no cuentas con un split de aire acondicionado. Incluso si tienes roomies de sueño liviano, como un bebé.
- Filtración HEPA H13: todo el cuerpo del aparato está sellado bajo el estándar HEPA. Lo que entra (polen, alérgenos, nanopartículas) no vuelve a salir. Es un alivio real para quienes sufrimos de alergias estacionales.
- La App MyDyson: es el centro de control. Te muestra gráficos en tiempo real de la calidad del aire, la temperatura y la humedad. Además de operar como control remoto vía Wi-Fi, es esa gratificación instantánea de ver cómo la curva de contaminación baja después de que terminaste de cocinar o de limpiar una alfombra.
La barrera de entrada

Tampoco nos engañemos: el Dyson Purifier Cool Formaldehyde tiene un precio que lo sitúa en la estratósfera del consumo masivo.
En el retail chileno bordea el millón de pesos ($1.059.990). Es una inversión pesada, el valor de un computador o un teléfono de gama alta, pero destinado a un propósito, en apariencia, mucho más etéreo.
¿Vale la pena? La respuesta no es tan simple. Si eres de los que valora la pureza del ambiente, si tu hogar tiene una mala ventilación o si el aire de tu casa se siente “pesado” tras horas de encierro, este purificador es, probablemente, el guardián más avanzado que puedes poner a vigilar.
Es tecnología que no grita, pero que trabaja cada segundo para que, sencillamente, te olvides de que está ahí limpiando eso que respiras.
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