Apps de citas: quiénes, cómo y por qué las usamos

Un estudio de IdeaPaís, realizado en la Región Metropolitana, afirma que una de cada tres personas ha utilizado alguna vez aplicaciones como Tinder, Happn o Badoo. La mitad de los que se reconocen como usuarios señala que lo ha hecho por curiosidad. Solo un 22% busca sexo casual. Esta es una radiografía de los tiempos del romance on-line.


“Descargué Tinder al terminar una relación. Al principio todo iba bien, pero me fui dando cuenta de que hay muchas personas que mienten con las fotos. Eso me trajo varias sorpresas desagradables a la hora de las citas. Luego descubrí que la aplicación me sugería el contacto con mujeres que vivían cerca de mi casa, pero en zonas inseguras. Por eso decidí desinstalar la aplicación”. Francisco, de 32 años, cuenta así su experiencia, la cual se asemeja a la de muchos usuarios que perciben a las dating apps como un hobby con fecha de vencimiento.

Resultados como esos son los que muestra el estudio “Aplicaciones de citas en Santiago”, realizado por IdeaPaís. Con el propósito de evaluar el impacto social de las plataformas de citas como Tinder, Badoo, Grindr y Happn, el sociólogo Gabriel Olave y la investigadora Martina Morgado seleccionaron una muestra heterogénea (440 participantes de 35 comunas de la Región Metropolitana) en términos de edad, nivel socioeconómico y orientación sexual. El trabajo de esta investigación comenzó durante el segundo semestre de 2018 y duró cinco meses, incluyendo la aplicación de la encuesta on-line y en las calles, el análisis de los datos y la redacción del informe final.

De los consultados, uno de cada tres (31,3%) reconoció haber usado alguna vez una de estas aplicaciones.

Dentro de ese grupo, la primera conclusión, inesperada, es que quienes recurren a este tipo de herramientas lo hacen por motivos diversos: curiosidad (51%), distracción (48%), tener citas (43%), ampliar redes (31%) y encontrar pareja (30%). La búsqueda de sexo casual ocupa tan solo el 22% de las preferencias, lo cual “cuestiona la creencia extendida de que las aplicaciones sirven únicamente para generar encuentros íntimos ocasionales”, comenta Olave.

Otros resultados es que el consumo es bastante transversal -es similar en los distintos estratos sociales, aunque con un leve incremento en los sectores medios-, y que aunque el segmento que más reconoce utilizarlas es el de los jóvenes, un 20% de las personas entre 45 y 59 años también admite hacerlo.

Sin embargo, las experiencias particulares pueden variar considerablemente. Así lo confirman distintos usuarios de estas apps consultados por La Tercera. María, de 43 años, explica la funcionalidad de Happn como generadora de nuevas redes: “A mi edad es difícil encontrar espacios para conocer gente, ya que la mayoría de las personas suele estar en pareja y tiene otros intereses. Instalé la aplicación hace tres años y la uso de modo discontinuado. Me resulta un poco cansador el hecho de presentarme recurrentemente, aunque debo decir que no tuve experiencias incómodas. Al momento de fijar una cita, siempre sé adónde voy y le aviso a algún conocido para que pueda ubicarme. Es mejor ser precavida”.

Respecto de los pares hombres que ha encontrado en la aplicación, concluye: “Mi percepción es que los hombres que apelan a estas tecnologías les cuesta mucho entablar vínculos serios y estables, fuera de lo superficial. Debería existir una app exclusivamente para tener sexo, eso ahorraría mucho tiempo”.

¿Se altera la forma de relacionarnos?

Mientras que algunos pensadores como el sociólogo polaco Zygmunt Bauman han calificado a las relaciones digitales modernas como “líquidas” o “frágiles”, otros especialistas proponen una óptica más alentadora. El sicólogo clínico chileno Fernando Parada remarca el potencial de la tecnología para ampliar la “red de intimidad”, ya sea sexual o simplemente afectiva, lo cual “no implica necesariamente que se modifiquen los vínculos humanos. Las apps extienden el campo de posibilidades para el contacto y a la vez nos permiten un mayor control de los primeros encuentros. Podemos decidir dónde y cuándo nos vemos con alguien”.

Parada observa que, a grandes rasgos, todos buscamos una compañera o compañero y para encontrarlo seguimos lógicas parecidas, ya sea en Tinder, en un bar o en una discoteque. “Por eso no creo que las aplicaciones sobredimensionen en mayor medida la importancia del aspecto físico de las personas o que representen un riesgo adicional para la seguridad de la mujer. Las reglas de cortejo siempre son similares, más allá del contexto”, explica.

Hay casos que parecen ir en esa línea. Como la historia de Aurora, quien es usuaria de Happn y cuya experiencia derriba el prejuicio de que las redes de citas ofrecen una finalidad puramente sexual: “Llegué a la app por recomendación de amigas, con el objetivo de superar una relación y mover mucha energía que tenía estancada. Así conecté con un argentino, Marcos, con quien vamos a cumplir dos años de pololeo. Sus fotos en Happn eran muy malas y no podía distinguirle bien la cara. Eso me llamó la atención porque lo encontré poco pretencioso y distinto a lo que suele verse.

Empezamos a hablar, nos juntamos y fuimos construyendo una relación muy enriquecedora a partir de nuestras diferencias”.

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