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¿Eres mujer y te duele todo el cuerpo? Podría ser efecto de la menopausia

Dolor en músculos y articulaciones, rigidez y cansancio extremo podrían no ser solo signos del envejecimiento. Especialistas advierten que estos síntomas pueden estar relacionados con la menopausia.

¿Eres mujer y te duele todo el cuerpo? Podría ser efecto de la menopausia

Durante años, muchas molestias físicas asociadas a la menopausia han pasado inadvertidas o se han normalizado. Hoy, médicos e investigadoras llaman a observar estos síntomas con mayor atención clínica y científica.

Según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, la menopausia es el momento de la vida de una mujer en el sus ciclos menstruales se detienen por completo. Es un cambio corporal normal, que se suele dar entre los 45 y 55 años de edad.

En este proceso el cuerpo humano atraviesa una serie de cambios hormonales que pueden llegar a traducirse en ciertas molestias físicas. Algunas de las más comunes son: taquicardia, sensación de sofoco, sudores nocturnos, enrojecimientos en la piel y problemas para dormir.

Sin embargo, existe otro malestar común que podría estar relacionado directamente con la menopausia y que la ciencia aún no ha estudiado en profundidad, aunque está encaminada a ello.

La Doctora ortopédica de Estados Unidos, Vonda Wright, le contó a The New York Times que cuando tenía 47 años y su cuerpo comenzó a transitar hacia el camino de la menopausia, sentía que apenas podía salir de la cama, a pesar de haber tenido un buen estado físico y realizar deporte regularmente.

Cuando atendió pacientes en su consulta particular, escuchó historias similares de mujeres que atravesaban la menopausia, incluyendo otras deportistas que ahora tenían dificultades para moverse con comodidad.

Si bien la medicina descubrió hace un tiempo que la menopausia tiene la capacidad de afectar la salud ósea, la Dra. Wright sostuvo en un artículo publicado en la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos que esta transición también afecta la salud de los músculos y las articulaciones.

Decidió nombrar la afección síndrome musculoesquelético de la menopausia. Esto hace referencia al conjunto de síntomas relacionados a la salud articular, que se vuelven más recientes durante el periodo de perimenopausia y posteriormente.

Según lo que dijo la especialista en The New York Times, hay investigaciones que sugieren que más de la mitad de las mujeres menopáusicas pueden experimentar síntomas musculoesqueléticos. Algunos de estos son lo suficientemente graves como para ser debilitantes, pero los profesionales de la salud a menudo los descartan como parte inevitable del envejecimiento.

Sin embargo, la doctora sostuvo que esto podría estar relacionado con la pérdida de estrógeno y entregó una lista de algunos cambios en el estilo de vida que las mujeres pueden realizar para prevenir o aliviar estos efectos secundarios de la menopausia.

Recomendaciones de la experta para prevenir el debilitamiento y dolor del cuerpo

En primer lugar, unos pocos cambios sencillos en la dieta pueden marcar una gran diferencia.

La experta recomendó a las mujeres seguir una dieta rica en alimentos antiinflamatorios, es decir, una alimentación similar a la dieta mediterránea: legumbres, cereales integrales, aceite de oliva, frutos secos, carnes de ave, pescados, frutas y verduras frescas.

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En la misma línea, recomendó limitar los alimentos ultraprocesados, debido a que contienen azúcar añadida que podría aumentar la inflamación en el cuerpo y, por consecuencia, empeorar el dolor de los músculos y las articulaciones.

Aumentar la ingesta de proteínas también puede resultar beneficioso, debido a que este nutriente puede ayudar a mantener o incluso a desarrollar (si se acompaña de actividad física) la masa muscular, que suele debilitarse o disminuirse con la llegada de la menopausia.

Consumir alimentos ricos en calcio puede ayudar a proteger los huesos, que, de igual manera, se vuelven más frágiles. Para ayudar al cuerpo con la absorción de nutrientes, los expertos recomiendan tomar regularmente suplementos de vitamina D3.

Realizar actividad física es una acción crucial para proteger al cuerpo de los efectos secundarios que produce la pérdida de estrógeno.

La doctora Wright explicó que observó un círculo vicioso en sus pacientes: con el comienzo de la transición a la menopausia, las mujeres se vuelven más sedentarias debido al dolor que este proceso les causa, pero, cuanto menos se mueven, más frágiles se vuelven, tanto en términos de salud cardiovascular como de músculos y huesos.

Es por esto que la experta recomienda realizar ejercicio aeróbico regular para fortalecer el corazón, es decir, actividades como caminata, trote, natación, o danza.

Los expertos además sugieren realizar al menos dos sesiones semanales de aproximadamente 20 minutos cada una de entrenamientos de fuerza, ya que tener músculos fuertes beneficia a la salud de los huesos.

Para prevenir lesiones durante el ejercicio, también se debe sumar a la rutina de entrenamiento un hábito de estirar, teniendo la precaución de hacer esta actividad después de ejercitar o, idealmente, antes de acostarse, ya que hay investigaciones que sugieren que realizar estiramientos debilita temporalmente los músculos.

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¿Qué dice la ciencia sobre el debilitamiento del cuerpo en la menopausia?

A pesar de la percepción clínica generalizada respecto a los síntomas relacionados con la menopausia, la comunidad científica todavía no logra trazar por completo una línea que explique la causa entre la disminución de estrógeno y los efectos musculoesqueléticos.

¿Eres mujer y te duele todo el cuerpo? Podría ser efecto de la menopausia

La doctora Stephanie Faubion, directora médica de la Sociedad de Menopausia en Estados Unidos afirmó para The New York Times: “Aún no contamos con datos que permitan afirmar con certeza si la pérdida de estrógeno es responsable del dolor muscular y articular, y en qué medida”.

Los expertos subrayan que por ahora la evidencia no permite afirmar con certeza que la caída del estrógeno sea la causa directa de todos estos síntomas, aunque el papel de esta hormona sí está claramente establecido en otras partes de la biología femenina: se sabe que contribuye a mantener la fuerza ósea y juega un papel protector contra la osteoporosis.

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