Kristine Tompkins: “Ya pasamos el tiempo en que no hacer nada es aceptable”

Foto: Reinaldo Ubilla / La Tercera

La presidenta de la fundación Tompkins Conservation dice que una enseñanza de esta pandemia es que la gente es capaz de unirse ante una crisis, y lo mismo debería hacer frente al cambio climático y la extinción de especies. En esta entrevista, recuerda la campaña contra HidroAysén, habla de sus sueños y repasa su radical cambio de vida para convertirse en filántropa junto a Douglas Tompkins: “Haberme unido a Doug fue la mejor decisión de mi vida”, dice.




Kristine Tompkins está pasando la pandemia en su casa en Santa Paula, una pequeña ciudad de California donde está el rancho familiar en el que siempre vivió su madre y donde algunos de sus hermanos también tienen su hogar. Desde ese lugar, cuenta que sigue trabajando en sus proyectos de conservación y que ha podido salir, caminar y jardinear. “Este tiempo ha sido una combinación entre estar muy inquieta y preocupada por la fuerza y la velocidad de este virus, y por el sufrimiento que está padeciendo mucha gente, y, por otro lado, estar agradecida de estar en el rancho familiar”, dice.

Han pasado más de 25 años desde que el fallecido Douglas Tompkins y su esposa Kristine llegaron a la Patagonia chilena para iniciar su proyecto de conservación en ese lugar. Juntos enfrentaron la resistencia y odiosidad de muchas personas, incluso de autoridades de la época, y aun así continuaron. La primera piedra fue la creación del Parque Pumalín y luego de más de 20 años de trabajo, la fundación Tompkins Conservation ha donado al Estado más de 500 mil hectáreas, ayudando a crear siete parques nacionales (Pumalín Douglas Tompkins, Melimoyu, Patagonia, Cerro Castillo, Kawésqar, Corcovado y Yendegaia) y aportando a la ampliación de tres existentes (Hornopirén, Corcovado e Isla Magdalena), para crear la Ruta de los Parques de la Patagonia.

La labor conservacionista de Kristine Tompkins (70) fue reconocida por la ONU, que hace dos años la nombró su Embajadora de Áreas Protegidas. Parte de lo que piensa y siente esta reconocida filántropa se puede ver en su charla TED titulada “Let’s make the world wild again”, publicada en abril de este año y que en tres meses suma un millón 200 mil visitas, algo que la tiene muy contenta.

Foto: George Steinmetz
Foto: George Steinmetz

-¿Qué lecciones ha sacado de esta pandemia?

-Creo que todos los días, durante este tiempo excepcional, estoy aprendiendo cosas sobre mí y las sociedades humanas. Ahora veo lo loca que fue mi vida nómade junto a Doug, una vida en constante movimiento durante más de cuarenta años. No digo que cuando el Covid deje de ser el centro de nuestras vidas no me siga moviendo hacia donde están nuestros proyectos, pero nunca volveré a vivir como lo estaba haciendo esas últimas décadas.

También he visto que las sociedades son capaces de actuar al unísono en circunstancias extraordinarias: los que hemos podido nos hemos ido a casa, nos quedamos en casa, en general usamos mascarillas, y nos separamos unos de otros. Esto me da la esperanza de que en temas como el cambio climático y la crisis de extinción de especies también lograremos detener nuestro actual comportamiento que sólo nos llevará a más pandemias como la que estamos experimentando en este momento.

Hoy veo que la presión real y aterradora en todos los países apunta a evitar que el desempleo aumente, a cualquier costo, cuando se podría haber considerado un mejor sistema o una mejor forma de desarrollo que asegure el espacio para todas las formas de vida.

-La pandemia nos ha demostrado que estamos interconectados y que la salud de las personas depende de la salud del planeta. ¿Cree que la gente ha logrado entenderlo? ¿Será distinta nuestra relación con la naturaleza?

-Tengo distintos pensamientos al respecto. A veces tengo la esperanza de que estamos aprendiendo, a través de difíciles circunstancias, que todo lo que hacemos está conectado con todo lo demás. Si me hubieras preguntado esto hace tres meses habría sido más optimista, pero hoy veo que la presión real y aterradora en todos los países apunta a evitar que el desempleo aumente, a cualquier costo, cuando se podría haber considerado un mejor sistema o una mejor forma de desarrollo que asegure el espacio para todas las formas de vida. Por lo tanto, aunque hayamos sido testigos de la comprensión de las causas fundamentales de esta pandemia, hay pocas posibilidades de abordar, a un nivel más profundo, realmente por qué sucedió.

-La periodista Elizabeth Kolbert, autora del libro La sexta extinción, dijo a La Tercera: “Somos tan grandes consumidores y emisores de carbono que tendríamos que cambiar nuestros estilos de vida radicalmente para hacer una gran diferencia. Y no veo que eso esté pasando, ni siquiera con el coronavirus”. ¿Ha percibido un comportamiento distinto de la gente?

-Supongo que mis comentarios anteriores abordan esta pregunta. Creo que aquellos que están hablando sobre las causas profundas de esta y otras prácticas culturales a menudo devastadoras deben ser bien recibidos por la sociedad. La cultura casi siempre triunfa sobre el sentido común, estamos dispuestos a arriesgar casi todo para mantener nuestras normas culturales, incluso ante la gran evidencia de que la forma en que vivimos está causando grandes desigualdades sociales, la crisis climática y la crisis de extinción de especies. Debido a esto, por impopular que sea, debemos ser lo suficientemente claros y fuertes para enfrentarnos a estas tendencias globales. Desde jefes de Estado hasta las comunidades más pequeñas del mundo.

-Usted conoce bien Chile. ¿Cree que la reactivación económica se hará respetando el medioambiente?

-Según mi experiencia, la sociedad chilena ha cambiado mucho desde que partimos nuestros proyectos de conservación en Chile junto a mi esposo Douglas. De hecho, veo que algunos líderes importantes en la sociedad chilena están cambiando sus puntos de vista respecto del desarrollo sin límites y tienen claro que los días del desarrollo a todo costo han terminado. Hay varios ejemplos de chilenos que están creando áreas de conservación y pensando cómo asegurar que las especies que llaman hogar a esos territorios existan en números saludables. ¿Hay mucho más por hacer? Por supuesto, esto es así en prácticamente todos los países del mundo, ya que aún se está haciendo muy poco.

Chile tiene hoy el 21% de sus tierras protegidas y el 40% de su área marina con algún grado de protección. ¿Esto ha afectado la parte económica del país? No.

-Hace unos días participó en un conversatorio con Anthony Waldron, profesor de la U. de Cambridge y autor del estudio que plantea que la protección del 30% del planeta generaría beneficios económicos y que los costos de la inacción son incalculables. ¿Cuál es el camino para poner a la naturaleza en el centro de las decisiones?

-La idea de proteger el 30% para 2030 (que es la meta del Convenio de la ONU sobre la Diversidad Biológica) no sólo es buena y esperanzadora, sino que también resulta necesaria. La mayoría de las personas se paralizan en su miedo frente a esta meta, cuando deberían enfocarse en “el porqué y el cómo”. ¿Era imaginable que personas de todo el mundo se fueran a casa y se quedaran en su hogar durante dos meses? No. ¿Es factible el 30% para 2030? Por supuesto, pero eso no significa que sea fácil. Por ejemplo, California tiene casi el 30% de su territorio protegido de alguna forma, y ese estado es la quinta economía más grande del mundo. Chile tiene hoy el 21% de sus tierras protegidas y el 40% de su área marina con algún grado de protección. ¿Esto ha afectado la parte económica del país? No. El 30% al 2030 es posible, aunque no simple, y es esencial si queremos tener un mundo con futuro para toda la forma de vida en la Tierra.

-¿Qué le parece que la economía de Chile siga dependiendo de la extracción de recursos naturales?

-No es un problema sólo de Chile, es el problema número uno en todos los países en desarrollo. ¿Sabes dónde comienza la solución a esto? Comienza en nuestra cocina, comienza mirando lo que está estacionado en nuestras casas. El problema es nuestra voraz necesidad de consumir. Además, los consumidores principales son una minoría de los 7.500 millones de habitantes del planeta, pero tienen un impacto desproporcionado.

Una sociedad digna

En el mundo de la conservación se considera a Kristine Tompkins como la principal defensora de los ecosistemas terrestres en el planeta y a la oceanógrafa Sylvia Earle como la más destacada protectora de los ecosistemas marinos. Tompkins y Earle se conocen y se tienen cariño. Earle ha visitado el Parque Pumalín, e incluso, en febrero de 2018, estuvieron juntas en el Patio de Los Naranjos de La Moneda, durante la ceremonia donde la Presidenta Bachelet firmó el decreto que crea ese parque, además de otros parques marinos.

-Sylvia Earle se sumó a la Alianza Humboldt, la red de ONG que busca proteger el ecosistema de ese archipiélago del proyecto Dominga. Douglas y usted lucharon contra las represas de HidroAysén, proyecto que no se realizó. ¿Cuál fue la clave para alcanzar esa victoria? ¿Qué recomendación le daría a Sylvia Earle?

-En el caso de HidroAysén, pienso que la clave fue un movimiento ambiental unido, junto a una ciudadanía activa. Eran más de 100 organizaciones que respaldaban la campaña, con un grupo más pequeño que hacía todo el trabajo de activismo. Creo que fue una campaña muy seria, muy informada que logró poner a la base de la discusión qué país querían los chilenos, ¡fue una campaña de educación pública y ciudadana!

Kris Tompkins en Valle Chacabuco, Parque Patagonia. Foto: James Q Martin.

-¿Qué habría pasado con los parques que Tompkins Conservation donó al Estado si se hubiera realizado HidroAysén?

-Habría habido un tremendo impacto en muchas regiones del país debido al monstruoso tendido eléctrico con torres por sobre los 80 metros de alto que se proyectaban para la transmisión. Y creo que la visión de territorio de la Ruta de los Parques de la Patagonia, un pulmón verde de importancia planetaria, con 11,5 millones de hectáreas protegidas como parque nacional entre Puerto Montt y Cabo de Hornos, no se habría podido posicionar.

-Usted ha dicho: “No puedes proteger un lugar a menos que lo entiendas, y no puedes amarlo hasta que lo conozcas”. ¿Nos falta algo de eso para valorar y proteger nuestro territorio y su naturaleza?

-La respuesta corta es sí. La brecha experiencial y emocional entre nosotros -gente industrializada- y la naturaleza ahora es mayor que nunca y esta falta de conexión entre los humanos y la naturaleza se está ampliando cada vez más. Los adultos y los niños tienen la cabeza en sus teléfonos, iPads, computadores y la aceptación de que las experiencias virtuales reemplacen a las reales es la raíz de esta fatal tendencia. Uso a propósito la palabra “fatal” porque si no nos conectamos con la salud y el bienestar del mundo natural, todos sufriremos las consecuencias. De hecho, ya estamos sufriendo los efectos de nuestro amor por la tecnología y la fe que hemos puesto falsamente a sus pies.

Apoyo a Greta Thunberg y a los jóvenes que marchan pacíficamente contra el dolorosamente débil liderazgo que existe sobre el cambio climático.

-El 2019 se realizaron masivas manifestaciones en el mundo para proteger el planeta. ¿Le gustaría ver más activismo para defender el medioambiente en Chile?

-No soy chilena, así que no puedo hablar de esto para el caso de Chile, pero si miras mi reciente charla TED, me escucharás decir que ya pasamos el tiempo en que no hacer nada es aceptable. No importa quién eres o cuál es tu trabajo. Tienes que levantarte de la cama todos los días y hacer algo por lo que amas, por lo que sabes que es verdad. Hoy no hay espacio para sentarse al margen con los brazos cruzados. Apoyo a Greta Thunberg y a los jóvenes que marchan pacíficamente contra el dolorosamente débil liderazgo que existe sobre el cambio climático. Yo era una joven en la década de los 60 cuando en los Estados Unidos comenzaron los movimientos por la paz, por los derechos civiles, el feminismo, las marchas contra la guerra de Vietnam. Probablemente no entendía todo lo que debería haber entendido, pero aprendí de esto que ¡Todos tenemos derecho a luchar por una sociedad digna dentro de un ecosistema saludable y en pleno funcionamiento!

-¿Qué le parece que el Parque Nacional Patagonia, un lugar emblemático y donde fue enterrado Douglas Tompkins, haya sido reducido en su extensión para permitir un proyecto minero? ¿Ve una contradicción en esa decisión?

-Bueno, nosotros siempre vamos a optar por la mayor extensión de tierra conservada posible y efectivamente surgieron cambios que escapaban a nuestro involucramiento.

Creo que la campaña (contra HidroAysén) fue muy seria, muy informada, que logró poner a la base de la discusión qué país querían los chilenos, ¡fue una campaña de educación pública y ciudadana!

-¿Recibió usted alguna explicación por esa modificación?

-Como fue una decisión sobre terrenos fiscales, no es algo en lo que nosotros hayamos estado involucrados.

-Usted trabajó 23 años junto a Yvon Chouinard y llegó a ser CEO de Patagonia, una de las empresas más reconocidas del mundo, algo a lo que muchas mujeres aspiran. Sin embargo, renunció a esa vida y junto a Douglas se fue al último rincón del planeta a iniciar un proyecto de conservación. ¿Qué reflexión tiene hoy acerca de esa decisión?

-Haberme unido a Doug fue la mejor decisión de mi vida, y estoy agradecida por la combinación de mi trabajo en conservación y mi experiencia comercial en Patagonia, empresa con la cual tengo un vínculo estrecho hasta el día de hoy. Nunca en realidad vivimos en Chile, pero quisimos y quiero este país como si fuera mi patria.

-¿Cuál es hoy la principal amenaza para la zona de la Patagonia?

-Las mismas amenazas que se enfrentan en todo el mundo: un desarrollo que no tiene en cuenta la importancia de la salud del ecosistema y el bienestar de todas las comunidades de la Tierra.

-Si piensa en los sueños y objetivos que tenía en su juventud o cuando decidió venir a la Patagonia. ¿Se cumplieron? ¿Le falta alguno por cumplir?

-Me considero extraordinariamente afortunada en este sentido. Con la excepción de que Doug murió demasiado joven, he vivido una vida llena de familiares, amigos e increíbles personas que hacen posible todo lo que he hecho en mi vida. Siempre me pregunto si en mi último día de vida tendré cosas que no pude hacer o lograr, y hasta ahora puedo decir: ¡No!

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