Branded

Un día en la vida de los chilenos en Qatar: identidad, rutinas y nuevos horizontes

Lejos de Chile, tres connacionales construyen sus vidas en Doha. Entre pasantías en museos, running al amanecer, emprendimientos artesanales y proyectos académicos, sus días muestran cómo la identidad se transforma sin perderse en la distancia.

La tranquilidad del mar fue una de las primeras cosas que lo sorprendió. Cuando Francisco Catril llegó a Qatar en 2021, la diversidad de los paisajes lo dejó atónito: el viento moviendo la arena del desierto, la arquitectura moderna y la calma de las aguas qataríes. Junto a esa quietud, tuvo otra impresión imposible de ignorar: la temperatura. Doha se caracteriza por tener climas primaverales o un verano muy caluroso, por lo que aprender a convivir con ese clima fue parte de su proceso de adaptación.

Así como él, Ana María Reischel también llegó a la capital qatarí con su familia para comenzar una nueva vida. Pensó que el cambio sería temporal, pero cerca de diez años después, ha sumado rutinas, amistades y proyectos que la conectan tanto a Chile como al resto de comunidades multiculturales de Doha. Algo similar le sucedió a Daniela Bedmar, educadora, líder cultural y expiloto militar que ha convertido la lengua española en un puente entre culturas, enseñando en una universidad local y liderando iniciativas que unen a Chile con la nación del Golfo Arábigo.

En Qatar cerca del 90% de la población es migrante, por lo que confluyen distintas culturas, lenguas y tradiciones, que conviven en un rico y variado intercambio que se construye día a día. Estos tres chilenos cimentan su camino, en el que tratan de mantener su vínculo con Chile y, al mismo tiempo, compartirlo hacia el mundo.

Aquí, parte de sus historias.

Francisco Catril: juventud, museos y vida lejos de casa

Su camino comenzó cuando se trasladó a Qatar en 2021, por motivos laborales de su padre. Tenía 17 años para ese entonces y un pasado chileno marcado por sus raíces mapuches y una fascinación por coleccionar un centenar de objetos: fósiles, billetes o conchitas. “La casa de mis abuelos siempre fue como un museo”, recuerda. Por ese mismo interés, quiso postular en más de una ocasión a pasantías en Qatar Museums, la institución detrás de resguardar el patrimonio cultural del país. Finalmente fue aceptado y comenzó a trabajar en uno de los espacios que más lo inspiraban.

Francisco Catril postuló en diversas ocasiones a pasantías en Qatar Museums, hasta que logró su objetivo.

Eso sí, no todo fue fácil. En Chile cursaba segundo medio y planificaron que fallara intencionalmente el año para poder iniciar nuevamente en Qatar. Si bien no era su colegio de toda la vida, tenía hartos amigos a los que tuvo que dejar y que, por las diferencias horarias, los perdió a todos. “De vez en cuando hablamos, como cada tres meses, porque por las diferencias, es complicado”, plantea, y afirma que algo similar sucedió con el resto de su familia.

Al llegar, lo hizo directamente en un colegio internacional, por lo que no existía la brecha lingüística. Ahí conoció amigos de Malasia, Indonesia, Sri Lanka, Inglaterra o Nueva Zelanda.

El joven chileno llegó a Doha junto a su familia en 2021.

Actualmente, dice, su rutina comienza temprano por la mañana. Despierta a eso de las 7:00 horas, acompaña a su papá al trabajo y a eso de las 8:00 horas llega a su pasantía. De ahí sale a las 14:00 horas, toma el metro de vuelta a casa y la última parte del trayecto la completa en Uber. “El transporte público no cubre todo Doha; la gente usa mucho taxi o autos privados”, explica. Las tardes suelen terminar con una siesta y, cuando el calor baja, da un paseo por alguno de los incontables malls de la ciudad. “La vida, en su mayoría, recién aparece a la noche porque el sol ya no pega tan fuerte”, asegura.

El cambio cultural fue evidente desde el primer día. “Lo primero que notas es la temperatura, que es como la primavera chilena, verano o muchísimo calor”, plantea. Y también hubo aprendizaje. “Hay que adaptarse: acá hay un llamado a la oración cinco veces al día, código de vestimenta y, al menos para nosotros, al principio la soledad se sintió, porque no hay tantos latinos”, sugiere. Aún así, rescata la seguridad del país y las oportunidades que ha logrado: “puedes dejar el celular en una mesa e irte una hora y seguirá ahí cuando vuelvas... Yo lo considero el país más seguro del mundo”.

Los camellos son pieza fundamental de la historia de Qatar y son considerados los "barcos del desierto", debido a su aguante a las altas temperaturas y capacidad de transporte.

Mientras piensa en postular a nuevas pasantías y un futuro que lo lleve a Europa, Catril valora la experiencia en Doha. “Si tuviera la oportunidad de hablar con mi yo pasado, no le daría consejos antes de llegar y dejaría que todo sucediera tal como pasó... Porque, al final, uno tiene que aprender adaptándose”, dice.

Ana María Reischel: running, ferias y familia en el desierto

Oriunda de Viña del Mar, llegó a Doha en 2016 junto a su marido y tres hijos, entonces adolescentes. Al principio, la vida giró en torno a colegios, trabajo y adaptación cultural. Pero, con los años, fue sumando facetas a su día a día: se volvió una periodista aficionada —cubrió para radio el Mundial de Atletismo 2019 y el Mundial de Fútbol 2022—, corredora y artesana. Hoy su rutina mezcla un poco de todo... running al amanecer, ferias artesanales y fiestas patrias con la comunidad chilena.

Eso sí, cuenta, el deporte llegó primero. “Me costó mucho acostumbrarme a correr con temperaturas de 30° C hacia arriba”, recuerda. Al principio lo hacía sola, hasta que una entrenadora la invitó a formar parte de un grupo de mujeres de distintas nacionalidades que corrían de madrugada. “Después del primer café con ellas, sentí que tenía amigas de verdad en un lugar distinto”, afirma. Con los años llegaron las competencias, los entrenamientos en parques con rutas iluminadas e incluso, por las difíciles condiciones climáticas, pistas con aire acondicionado y amistades que hoy considera parte de su familia.

Ana María Reischel (al centro) en una de las playas de Qatar.

Y la creatividad vino después. Aprendió costura y crochet con tutoriales y talleres locales, y fundó un emprendimiento de productos reutilizables hechos a mano. “Quería unir arte y sustentabilidad, y en Doha encontré ese espacio para hacerlo”, plantea. Actualmente es parte de QatArt, un colectivo de artistas y artesanas que organizan ferias y talleres donde la multiculturalidad es parte de la norma. Allí comparten técnicas, recibe consejos y descubre materiales en rincones de la ciudad que, dice, jamás habría encontrado sola.

Las tardes terminan con su familia u otros chilenos en Doha, con quienes para las fiestas patrias siempre preparan asados, empanadas o mote con huesillo, para así recordar también a Chile. “Somos pocos, pero nos cuidamos entre todos”, cuenta. Entre carreras matinales, ferias creativas y encuentros comunitarios, la viñamarina afirma que ha aprendido a llamar también hogar a un lugar que inicialmente le pareció muy ajeno.

Ana María Reischel (al centro) formó una comunidad de amigas de diversas culturas en el running y en QatArt.

Desde pequeña se acostumbró a vivir en otros países junto a sus padres y, por lo mismo, el cambio en sí no fue un gran problema. “A lo mejor me faltó preparar mejor a mis hijos, respecto al país al que veníamos, su cultura y cómo iba a ser nuestra vida acá”, plantea. “No se me ocurrió buscar grupos de chilenos en Qatar, o en redes sociales, por ejemplo y, cuando llegamos no conocíamos a nadie”, recuerda. “De haberlo hecho, creo que nos hubiera ayudado bastante a entender cómo funcionaban muchas cosas y eso, a la larga, te quita mucha angustia que sientes al llegar a iniciar tu vida en otro país”, comenta.

Daniela Bedmar: lengua, identidad y pertenencia

Llegó a Qatar hace casi una década y con una meta clara: promover el español y la cultura chilena en un entorno multicultural. La educadora, líder cultural y expiloto militar, ha transformado el español en un puente entre las cultural, y ahora coordina el programa de español en la Universidad Hamad Bin Khalifa y enseña el idioma a estudiantes de distintas nacionalidades. “La lengua es más que comunicación: es identidad, es pertenencia”, aseguró la docente en “Herencias”, espacio presentado por “Years of Culture” en Radio Duna.

Originalmente, Daniela Bedmar se desempeñó como piloto militar en las Fuerza Aérea de Chile.

Su vida cotidiana mezcla trabajo académico, deporte y comunidad. Por las mañanas va al gimnasio, lleva a sus hijos al colegio y pasa gran parte del día en la universidad o en reuniones del proyecto radial que encabeza, Hola Doha. Además, por las tardes lidera “Vamos”, una comunidad deportiva de más de 100 mujeres que se reúnen a jugar pádel en la capital qatarí. “Quería un espacio donde se hablara español, se practicara deporte y se creara amistad en medio de tanta diversidad”, explicó.

Daniela Bedmar (al centro) promueve la la lengua española y también la cultura chilena en Qatar.

Eso sí, la experiencia no ha estado exenta de desafíos, al igual que Catril y Reischel. El calor extremo, la distancia con el territorio nacional y la adaptación cultural han sido parte del proceso. “Todos los días extraño mi origen: mi familia, la comida y los olores de Chile”, reconoció. Pero también ha encontrado similitudes inesperadas, así como la importancia de la familia, las reuniones con amigos o la hospitalidad local. “En eso, los chilenos y qataríes nos parecemos mucho”, dijo.

Con casi diez años instalada en Doha, Bedmar siente que ha logrado construir puentes culturales y destaca que “iniciativas como ‘Years of Culture’ son clave... Chile puede mostrar su cultura en Qatar y Qatar la suya en Chile: es un intercambio que enriquece a ambos lados”.

Más sobre:Presentado por Years of Culturebranded-pulso

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

Contenido exclusivo y análisis: suscríbete al periodismo que te ayuda a tomar mejores decisiones

Oferta Plan Digital$990/mes por 3 meses SUSCRÍBETE