Reforma política

SEÑOR DIRECTOR:
Vemos con preocupación la vuelta al Congreso del debate sobre el umbral del 5%. De haberse aplicado en estas elecciones, varias primeras mayorías distritales habrían quedado fuera de la Cámara. Peor aún, se comenta en la nota de La Tercera que se establecería la posibilidad de que el parlamentario electo pudiera asociarse a otro partido de la misma lista para no perder el escaño. Todas estas serían negociaciones expost a espaldas del electorado que emitió su voto.
Se habla mucho de la fragmentación partidaria, pero poco de la personalización de la política, de la coherencia programática de los partidos políticos y de su capacidad para representar adecuadamente los intereses de la sociedad. En estas elecciones pasadas, 45 de los 155 incumbentes se presentaron a su reelección por un partido diferente del que habían sido electos en 2021. Tres de estas candidaturas eran de partidos que se fusionaron en el Frente Amplio; el resto cambió a otros partidos o decidió presentarse como independiente. Doce de estas candidaturas optaron por partidos más extremos que sus conglomerados anteriores.
Que casi el 30% de los parlamentarios incumbentes busque su reelección cambiando de partido es un escenario muy confuso para una ciudadanía que debe emitir su voto por personas y que, por lo tanto, permanece ajena a estas decisiones, sean estratégicas o programáticas, de sus representantes. Algunas de las medidas en la mesa apuntan a alterar los incentivos para que las candidaturas sean más coherentes y disciplinadas. Otras son solamente fuegos de artificio basados en el diagnóstico erróneo de que por sí solo bajar el número de partidos contribuirá a la gobernabilidad democrática.
Marcela Ríos Tobar
IDEA Internacional
Julieta Suárez-Cao
Académica Instituto Ciencia Política UC
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