Def Leppard: ¿Todavía quieres roquear?

Def Leppard

Por hora y media Def Leppard te toma de la mano y te lleva al pasado sin pudores, sin importar si te gustaba el pop, el rock, las guitarras o los sonidos electrónicos.


No es el estadio Monumental repleto de público maduro a pesar del frío y la lluvia. Es una fiesta adolescente hace 30 años un sábado por la noche, suena "Pour some sugar on me" con todo y por fin Def Leppard debuta en Chile con esas canciones que invitan a carretear y seducir con poesía barata y efectiva. La banda de Sheffield siempre fue chula aún cuando esquivaban con gracia el elemento travesti del hair metal. En un mar de grupos idénticos no se parecían a nadie a pesar del pelo escarmenado, esa chasca que increíblemente el bajista Rick Savage conserva intacta desde entonces.

Así como su caballera se mantiene, el quinteto británico controla la mayoría de las cualidades de antaño. Si bien la voz de Joe Elliot ha perdido fuerza, se ahoga en algunos agudos y es quien más denota el paso del tiempo con menos movilidad que antes, tampoco es un desastre. El resto de los músicos compensa al insistir en una cualidad característica del quinteto: en directo deben sonar idénticos a esos álbumes sobreproducidos con "Mutt" Lange a la cabeza, contando High 'n' dry (1981), Pyromania (1983) y el súper batatazo Hysteria, un disco que arrasó en un año extraordinario para la música popular anglo como fue 1987 con clásicos como Joshua tree de U2 y Kick de Inxs.

Joe Elliot no canta mucho pero la colaboración vocal del resto es vital para sostener esas armonías heredadas de aquella tradición británica del coro de estadio. Cuesta creer lo que el guitarrista Vivian Campbell ha dicho sobre ese bordado de voces, la ausencia de efectos y pistas detrás. Como sea, impresiona esa obsesión por la fidelidad que se traspasa al resto de la instrumentación: la batería de textura electrónica de Rick Allen, un músico injustamente obviado en las listas de los mejores considerando que con un brazo menos integra una banda de categoría mundial; el trabajo simple y contundente de Rick Savage en el bajo, y el aceitado juego de guitarras entre Phil Collen -a los 58 años congelado en el tiempo exhibiendo siempre el torso de gimnasio-, y Vivian Campbell.

Aunque Collen reclama cierto protagonismo en los solos, la alternancia con su compañero permite que ambos luzcan una trama quirúrgica entre metal, hard rock y aderezos new wave que hicieron de Def Leppard una atracción mundial en los 80 hermanando audiencias de distintos géneros.

El grueso del set list giró en torno a Hysteria incluyendo "Animal", "Love bites", "Armageddon it", "Rocket" y el corte homónimo más otros éxitos como "Let it go", "Bringin' on the heartbreak", "Foolin", "Rock of ages" y "Photograph". Es un listado de grandes hits ochenteros con algo de inercia en su interpretación pero completamente efectivo. Por hora y media Def Leppard te toma de la mano y te lleva al pasado sin pudores, sin importar si te gustaba el pop, el rock, las guitarras o los sonidos electrónicos. La pregunta que lanzan en "Let's get rocked" -"¿quieres roquear?"- aún encuentra respuesta en su gente.

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