El primer paso de Michael Jackson fuera de la muralla

MICHAEL_JACKSON_1979

Obsesionado por conseguir el éxito en solitario, en 1979 el futuro "Rey del pop" se asoció con un productor talentoso: Quincy Jones. Ambos se conocieron durante el rodaje de una película, pero no tardaron en comenzar a trabajar en Off the Wall, un disco que consiguió millonarias ventas y marcó el primer paso para la locura que vendría después con Thriller.



Una y otra vez volvía a mirar la letra, pero no se convencía. Michael Jackson estaba escribiendo sus primeras canciones y todavía no se sentía seguro de su valía como autor. La idea era trabajar en su primer álbum en solitario, lejos de aquellos días en que cantaba junto a sus hermanos, en los Jackson 5. Enredados asuntos de negocios con la disquera Motown, y las ganas de explorar en su propio universo creativo habían preciptado el final del grupo. "Don't Stop 'Til You Get Enough" inauguraría su nueva era.

En 1978, el futuro "Rey del pop" no era más que un promisorio delfín que solo tenía un leonino contrato con Epic. Si bien, seis años antes había conseguido el éxito con su canción "Ben", en esos días todo lo que produjera salía bajo la marca del grupo familiar, en que también cantaban Marlon, Jackie, Randy y Tito. No le bastaba. Él aspiraba a lograr fama por su cuenta. "Su ambición es producir una nueva grabación en solitario, preferiblemente con la supervisión de un mentor digno de su talla", detalla el escritor y ensayista francés Daniel Ichbiah en su libro Michael Jackson; ¿Blanco o Negro? (2019, Babelcube Inc).

Será en el set de la película The Wiz, una versión de El Mago de Oz, en la que "Jacko" interpretó al espantapájaros, donde todo comenzó. Entre extenuantes jornadas en que compartió con la estrella Diana Ross -a quien llama "mama"- y además deslumbró -y enfadó- a los bailarines por su descomunal habilidad para sacar pasos de baile en menos tiempo del que toma pronunciar la palabra "talento", Michael conoció al sujeto que le ayudará a llevar adelante su sueño.

"Durante una escena él debía pronunciar el nombre de Sócrates, pero se lo había aprendido mal, de repente un hombre se le acerca para recordárselo con mucha discreción", relata Ichbiah ¿su nombre? Quincy Jones. Era un trompetista y arreglista de largo recorrido en el mundo del jazz. Él estaba en el plató porque compuso la música para la película. Pronto hicieron buenas migas y no pasó mucho tiempo hasta que decidieron trabajar juntos. Pese a la reticencia del sello, Jackson no dudaba: era el hombre que debía producir su primer álbum. "Le dije a Michael: 'No te preocupes, me encanta cuando no confían en nuestras capacidades, soy el mejor'. Finalmente resultó ser cierto", cuenta el músico en el texto citado.

Jones no perdió el tiempo. Decidido a que el disco fuera un éxito, convocó a los mejores sesionistas que pudo pagar. Aún así, el elenco era estelar: entre otros, figuraban los guitarristas Marlo Henderson y Larry Carlton -quien años después tocará en Clics Modernos, de Charly García-, el pianista George Duke -en cuyo currículum hay colaboraciones con gigantes como Miles Davis- y el percusionista Paulinho da Costa. A cargo de las perillas, eligió a Bruce Swedien, un ingeniero en sonido de dilatada trayectoria cuya firma sonora se podía escuchar en antiguos hits de artistas como The Chi-Lites, Tyrone Davis and Jackie Wilson. La señal era clara: querían calidad.

Pero faltaba lo más importante. Productor y cantante se concentraron en elegir el material para el disco. En ese momento fue cuando el de Indiana dudó. Pensó que su canción no era lo suficientemente buena. Pero al trompetista le encantó. Comenzaron a trabajarla junto al resto de temas que habían seleccionado, entre estos la sensacional "I Can't Help It", compuesta por Stevie Wonder y "Girlfriend", escrita por un músico que años más tarde tendrá una relación ambivalente con "Jacko": Paul McCartney.

"Escribí una voz muy alta que yo mismo no podría cantar, por lo tanto los instrumentos reemplazaron el canto", cuenta Michael según refiere Ichbiah. A la sesión concurrieron sus hermanos Randy y Janet. Como insistieron en participar en la grabación, les pasaron unas baquetas y, gracias a su fino sentido del ritmo, tocaron botellas de gaseosa vacía. Swedien los grabó con viejos micrófonos de cinta. Se les puede oir con más claridad en el comienzo de cada estrofa.

Una victoria difícil

El 28 de julio de 1979 el single "Don't Stop 'Til You Get Enough" salió a la venta con "I Can't Help It" en la cara B. Muy lentamente comenzó a subir en los charts, lo que exasperó a Jackson, quien estaba ansioso por dar el golpe de inmediato. Hasta que por fin el 13 octubre llegó al primer lugar, aunque solo se quedó allí por una semana. Pero bastó para posicionar al artista y apuntalar el éxito del álbum Off the Wall, en cuya portada Michael aparece con traje negro y humita, como una suerte de crooner R&B. Cinco millones de copias se vendieron en EE.UU., en tiempos que la música disco dominaba las listas. De paso lo consolidó como el artista negro más vendedor hasta entonces.

"Esta victoria con el disco le trae una nueva noticia y le facilita una plena emancipación", explica Ichbiah. "El 29 de agosto, en la ocasión de su celebración por su cumpleaños número 21 en el Estudio 54 de New York, él le dice a su padre Joe que no le renovará más el contrato como manager", detallan en el volumen mencionado. Otros tres sencillos del Lp entrarán en el Top 10. Todo parecía marchar bien. O casi.

Con tales antecedentes, Michael esperaba arrasar en los Grammys de 1980. Pero todo salió mal. "Es el cantante Billy Joel quien recibe la recompensa como mejor álbum del año con 52nd Street mientras que los Hermanos Doobie se alzan con la canción del año ('What a fool believes'). Billy Joel y los Hermanos Doobie reciben otros premios, compartiendo el podium con estrellas como Ricky Lee Jones, Bob Dylan, Donna Summer, The Eagles, Paul McCartney, etc", detalla Ichbiah. Jackson solo obtuvo un galardón considerado menor: Mejor Interpretación Masculina en R&B. También fue nominado a la categoría de Mejor Canción Disco pero perdió ante una composición legendaria: "I Will Survive" de Gloria Gaynor. Peor aún, en las revistas apenas lo mencionaron.

Indignado, humillado y frustrado, Jackson se desahogó con uno de los altos ejecutivos de la disquera, Walter Yetnikoff. Al teléfono, le comentó que no entendía. Que a los sencillos les había ido bien y que merecía no menos de cuatro estatuillas. El hombre de la compañía le replicó que no se preocupara, que al menos debía estar contento de haber conseguido una. “Muchos lo intentan durante años y tú ya la tienes”, le dijo. Pero “Jacko” lo interrumpió y lanzó el desafío: “¡Mi próximo disco ganará todos los Grammy existentes!”.

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