Bajo el Prisma de Spiral Vortex: las claves del nuevo álbum en una década de psicodelia

Spiral Vortex. Foto: Aldo Benincasa.

La banda chilena estrena Prisma, el cuarto disco de su carrera, en el que desarrolla algunos trazos hacia el pop, a la vez que resume su trayectoria de diez años. Dos de sus integrantes conversan con Culto sobre la creación de su último material, recuerdan los inicios en pleno auge de la psicodelia a comienzos de la década y explican su curiosidad por las palabras poco convencionales.



Lento pero seguro. Con ese viejo adagio, los músicos de Spiral Vortex resumen sus diez años de carrera. Considerados a menudo como una banda ineludible al momento de identificar a los cultores de la psicodelia en el país, los oriundos de Huelquén han construido paso a paso una propuesta en la que a punta de tres discos (Maia -2012-, Cimatica -2014- y Aura 6 -2016-), exploran desde la intensidad del rock, a la vocación pistera de la electrónica.

La década en los escenarios coincide con el lanzamiento de un nuevo álbum. Un trabajo titulado Prisma, cuyo material se decantó durante dos años, en varios estudios y con diferentes productores en las perillas. En sus once canciones, aseguran, se perfila un buen resumen de la trayectoria del grupo, cuyo núcleo está en los hermanos Sebastián y Maximiliano Aylwin (guitarrista y bajista, respectivamente), además de su primo Ismael Miranda (teclados) y el baterista Nicolás Colombres.

“Es como una síntesis, uno va aprendiendo mucho en el camino y el disco igual tiene un poco de todos los otros, pero mejor logrado yo encuentro -comenta a Culto el bajista Maximiliano Aylwin-. Por eso nos demoramos más, porque nos dedicamos más”.

El proceso comenzó en 2018 con unas sesiones agendadas durante la primera gira del grupo a México; una experiencia que para ellos resultó especialmente interesante pues lograron trabajar junto a Felipe Castro, músico y productor chileno avecindado en el DF, y que ha trabajado con nombres tan relevantes como Lanza Internacional o Pedropiedra. “Ahí arrendamos un estudio super rico [Soga Records] y fue donde lo conocimos. Estuvo bien bueno eso”, asegura Aylwin.

Esos días en el país del norte fueron importantes no solo por la posibilidad de grabar. En la banda consideran que allí se formaron una idea sobre el alcance que conseguía su música. “Habíamos salido antes a Austin al SXSW, pero en otro marco, con más bandas. Esta era nuestra pequeña gira, y era emocionante salir de Chile -agrega el bajista-. En Ciudad de México había algunos fieles que sabían las letras. Fue bueno también abrirse, cachar cómo funciona el mercado allá, fue muy motivante”.

De regreso en el país, la banda pulió su material entre las varias salas que frecuentan (tienen una en Huelquén, pero suelen ocupar otras en la capital, como las de BYM Records). Luego se agendaron sesiones de grabación en Estudio Lautaro y en el Home studio del músico y productor Andrés Nusser (ex vocalista de Astro). “Fue una mezcla de estilos, pero con una idea clara de lo que queríamos”, explica Aylwin.

Con Nusser trabajaron dos temas del álbum (“Verano infinito” y “Ojos de eclipse”), y le encargaron la mezcla de otras dos (“Cerro Castillo” y “Portal”). Por eso, aseguran que su aporte fue importante en el resultado final. “Nos entendimos muy bien con él en temas de producción, usamos los mismos programas -explica Sebastián Aylwin, vocalista y guitarrista-. Se daba muy fácil que yo le mandaba algo y él lo mezclaba, incluso reemplazaba efectos por unos que él tiene mucho más pro, tenemos esa confianza”.

Pero el grueso del trabajo, afirman, estuvo a cargo de Sebastián. “Hay harto que trabajé en el compu, pero después se lo hemos pasado a distintos productores con que trabajamos. Me gustaba eso de tener una idea y hacerla al toque y no tener que explicar tanto a otras personas y es primera vez que podemos hacerlo y que suene profesional”.

Maximiliano y Sebastián Aylwin. Foto: Jaime Rojas

Y estaban en eso, inmersos en sus días de composición, ensayos y algunas tocatas, cuando ocurrió el estallido social. Si bien, buena parte del material de Prisma ya estaba compuesto, consideran que lo ocurrido se coló de alguna manera en el disco. Eso sí, como una energía, más que en declaraciones altisonantes.

“Hay algo como del momento energético, sí, más etéreo que algo como tangible, porque las letras de Spiral nunca han sido como de un lado social, por decirlo de una forma -explica Maximiliano-. Pero sí llaman a una búsqueda interna que sí tiene que ver con un cambio que puede ser social”.

“El estallido tiene que ver con un despertar, y acá también decimos, despierta, date cuenta de cosas que están a tu alrededor que antes no le prestabas mucha atención; cosas más internas”, agrega.

Por su lado, Sebastián -quien habitualmente escribe las letras-, aporta un dato. De alguna forma, lo ocurrido removió su fibra creativa. “Hay un tema que no quedó en el disco, lo estoy haciendo ahora, en que la letra sí habla muy de eso. Por primera vez me meto un poco en esa lírica, pero sí lo que siempre hemos planteado es un despertar que tiene que ver con lo que está ocurriendo”.

“Estamos en un momento power -acota Maximiliano-. Estamos pasando a la era de Acuario”.

-¿Y la pandemia cómo los afectó?¿cómo siguió la dinámica del grupo pese a la cuarentena? en los últimos meses han desarrollado algunos shows por transmisiones por streaming

M: Al principio estuvimos guardados y después fue igual que siempre nomas. Nos juntamos cada uno respetando su espacio, pero cuando tuvimos que hacer los live los hicimos igual.

S: La lata fue que no pudimos tocar en vivo como hubiéramos querido. Pero por otro lado, estábamos terminando el disco y el tiempo de cuarentena nos dio el espacio para meter uno o dos temas más.

Palabras para el pop

Además de las capas de sonido, las secciones instrumentales y las letras sobre procesos internos, hay un interés que cruza la carrera de Spiral Vortex; las palabras. En los títulos de sus discos, o en canciones, suelen ocupar vocablos poco conocidos vinculados a la geometría o las ciencias. De alguna forma, es una conexión entre mensaje y música a otro nivel.

“Nos gustan esas cosas -explica Sebastián-. Algo me dedico al arte y siempre me han gustado la simetría, la geometría sagrada, la filosofía tras todo eso. Entonces cuando hago letras se me hace muy lógico hacer analogías con eso, sé que al Max y al Isma también”.

Esa inquietud, como no, también se plasmó en su nuevo disco. De allí, que decidieran usar la palabra Prisma para titularlo. “Estábamos buscando algo transparente como que fuera una gema preciosa, y el prisma es un elemento interesante, bonito, que calza con el concepto de la banda -detalla Maximiliano-. Nos gustan los nombres cortos y precisos”.

Así ocurre con los sencillos de adelanto del álbum; “Nueva Visión”, “Pøstindigo”, “Verano Infinito” y “Poliedros”. Este último además abre la puerta hacia otra inquietud; la composición de canciones de estructura más cercana al pop -de inspiración setentera-, por cierto, con ánimo de pista. Una idea que, cuentan, buscaban desde hace tiempo y que se plasmó en el respectivo video, dirigido por Sebastián Morton, con la banda vestida al estilo de Electric Light Orchestra.

“Fue como el curso natural de lo que veníamos haciendo, se dio muy espontáneo -explica Sebastián Aylwin-. Pero vimos como un desafío hacer una canción popera y buena. Era nuestra versión del pop, y con esta onda media disco de los setentas, usamos esa influencia. Estábamos muy en la volada Fleetwood Mac, Bee Gees, toda es estética”.

“Esa tiene un beat más bailable, marcado. Claramente más oreja”, remata Maximiliano.

-¿Cuánto de ese interés se expandió al resto del disco?

M: Lo que se extendió hacia el disco fue más la claridad del sonido,la producción, que logramos un sonido más puro, pero tiene distintos elementos. No es un álbum completamente pop, pero logramos la fusión de cómo entregar un mensaje sin perder la identidad.

-¿Ven una dirección a futuro con el pop? por ejemplo, el caso de Tame Impala, que ha explorado cruces con música más bailable en sus últimos discos, luego de dos más psicodélicos

S: La verdad es que siempre hemos estado ligados al pop, de una u otra forma. Desde el momento que tú haces un tema de cuatro minutos, con partes, eso es pop. No podemos negar que a todos nos gusta el pop igual. Ahora, no sé si nuestra dirección vaya exclusivamente hacia eso, pero sí a que se entienda más. Materializarlo de una forma que se lo puedas mostrar a tu mamá y lo entienda, que no sea esta cuestión tan de nicho.

M: Es rico explorar estos cruces. Personalmente a mí me gusta mucho la electrónica, el Isma, que toca teclados, tiene un proyecto techno. Nosotros tenemos una versión de Spiral que es con drum machines, y a veces nos salen fechas en fiestas electrónicas que son solo con máquinas porque es más piola. No nos vamos a cerrar a hacer distintas cosas, obviamente sin hacer de todo, pero sí con una dirección. Por ejemplo, nos gusta la pista, nos gusta lo bailable, pero el rock siempre lo vamos a tener porque está en las venas. Por eso es bueno tener estos dos shows versátiles.

La portada del álbum Prisma, de Spiral Vortex

Chile y la nueva psicodelia

La década del 2010 fue la pop en Chile. Con las publicaciones de Gepe, Javiera Mena, Dënver, Álex Awandter, entre otros, se asomó una generación que aprovechó el aprendizaje del rock independiente de comienzos del siglo. Fue tal la novedad, que en un medio europeo se dijo que el país era “el paraíso del pop”. Pero ese interés, que obnubiló a la industria, pasó por alto otro brote igualmente interesante; la movida de rock psicodélico.

Empujados por el éxito que consiguió Tame Impala y otras bandas afines, en Chile también surgió una bullente camada de bandas cultoras del sonido más denso y lisérgico; entre estas Föllakzoid, The Psychedelic Schafferson Jetplane, la Hell Gang y The Holydrug Couple. Incluso, algunas consiguieron generar interés fuera del país y así, la nueva psicodelia chilena se encaminó hacia la era global como un gesto de justicia hacia un estilo cuyo crecimiento quedó trunco en los setentas. En ese año, el del terremoto, surgió Spiral Vortex.

“Fue loco lo que pasó al comienzo del 2010, las bandas de BYM Records se asociaron al toque con un sello gringo, Sacred Bones, y entraron al tiro como a la paleta del mundo. Eso es difícil, o sea, sacar una banda de Chile es difícil, y acá se dio con un par de correos al tiro a ese nivel. A nosotros nos inspiró harto, fue muy nutritivo para la escena en general”, rememora Sebastián.

“A principio de los 2010 ahí se marcó mucho y chicos como Föllakzid, Holydrug, tuvieron una carrera bacán, algunos se disolvieron, pero eso ayudó a que hubiera mucho interés de afuera por esa escena -agrega Maximiliano-. Se creó como un mito, la música siempre es de mitos. Hoy está un poco disuelta en términos de circuito, pero igual se mantienen muchos proyectos, muchas bandas y cuando se termine la pandemia va a seguir creciendo”.

Spiral Vortex. De izquierda a derecha: Maximiliano Aylwin, Ismael Miranda y Sebastián Aylwin. Foto: Aldo Benincasa

-¿Esperan que vuelva a generarse ese interés a nivel de Europa o EE.UU?

M: Ahora está todo orientado más al trap y el reggaetón. Fueron años precisos, se creó un buen hito, yo siento que esa buena base puede que ahora esté más dilatada, pero haces así (chasquea los dedos), y se retoma más fuerza. Va a seguir creciendo, no sé si va a tener un punch de nuevo, porque ahora estamos en una fase de incertidumbre mundial. Pero la música es pura resistencia.

Pero por su lado, Sebastián prefiere marcar alguna diferencia. “Creo que Spiral ha estado ligado a la psicodelia, pero en otra forma que ese tipo de psicodelia. De alguna manera vamos entrando en eso, pero en esos años éramos más psicodelia tipo Mars Volta que Tame Impala”.

Y agrega un ejemplo. Una de las canciones del álbum, en principio estaba mucho más cerca de la música urbana de lo que se podría esperar para una banda como Spiral Vortex. “La canción ‘Islas’ -la que cierra el álbum- al principio era un trap, pero lo terminamos grabando de una forma más Radiohead, con piano, como muy emotiva, con un solo de guitarra y es bacán. No hacemos distinción con el género en verdad”.

-Pese a que ahora predomina la música urbana ¿que ha sido lo más difícil de mantenerse en activo durante diez años?

M: Los obstáculos los sentí más durante los primeros años. Cuando uno entra, lo intentas, golpeas puertas, no tienes lo que quieres de inmediato, pero al principio lidiamos muy bien con la expectativa, porque para nosotros la música era una herramienta de vida. Y bueno, como es la música indie en Chile a veces faltan más oportunidades, que se puedan pagar lo que realmente vale, y no solo por nosotros sino que por todos los artistas. Eso puede ser un obstáculo, aunque nosotros no vemos tanto la música como un negocio, quizás deberíamos hacerlo (ríe).

S: Siempre hemos ido a paso lento, pero seguro. Nos hemos mantenido porque toco con mi hermano, el otro loco es mi primo, entonces no se nos hace difícil mantener las relaciones humanas que implica tener una banda. Yo creo que si hubiéramos tocado con otras personas, nos hubiéramos dividido hace caleta de tiempo (ríe). Nos conocemos tanto que ni siquiera tenemos que conversar ‘ya, que queremos hacer’, cada uno agarra lo suyo, miramos y ya cachamos lo que quiere hacer el otro. Por eso nos hemos mantenido.

En lo sucesivo, Spiral Vortex se concentra en algunas fechas. Cuentan que van a tocar en Pucón para el eclipse solar del próximo 14 de diciembre. Pero la posibilidad de lanzar el disco en un concierto especial, recién lo proyectan para el próximo año, si la pandemia no dice otra cosa. “En marzo va a ser el hito de lanzamiento como se debe”, cierra Sebastián Aylwin.

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