Culto

La biblioteca de Marilyn Monroe: la historia de su pasión oculta por los libros

Tenía más de 400 ejemplares, estudió literatura en la universidad y leía a Proust en los rodajes. A un siglo de su natalicio, que se celebra esta semana, un libro derriba el prejuicio de la "rubia tonta" de la pantalla.

La biblioteca de Marilyn Monroe: la historia de su pasión oculta por los libros

Si algo siempre le pesó a Marilyn Monroe, o en rigor, Norma Jeane Baker, más allá de ser la sex symbol de su época y una cotizada actriz, fue no haber terminado su educación secundaria formal, producto de haberse casado a los 16 años con su vecino James Dougherty. Sin embargo, en 1951 cuando ya comenzaba a hacerse un nombre como actriz, decidió ponerse manos a la obra y estudió literatura universal en un programa de extensión para adultos en la UCLA. “Si eres ignorante, los libros no se reirán de ti”, dijo con melancolía.

Es que Monroe siempre quiso luchar contra esa imagen de “rubia tonta” que le colgaron de Hollywood y se refugió en su interés por los libros. A 100 años de su natalicio -el 1 de junio de 1926- un nuevo libro publicado en Estados Unidos revisa justamente este costado lector de la estrella. Así, la escritora y académica Gail Crowther acaba de publicar Marilyn and her books: The Literary Life of Marilyn Monroe (Marilyn y sus libros: La vida literaria de Marilyn Monroe), de la casa editorial Gallery.

En sus páginas, Crowter busca por sobre todo reivindicar el interés de la estrella por la lectura y los libros, y cómo a través de estos quiso llenar por sí misma ese bache de sus primeros años, en que al ser huérfana pasó por más de una docena de hogares de acogida y orfanatos, lo que derivó en una accidentada e interrumpida educación. Para Crowter, se trataba de una pasión genuina, lo que explica que siempre haya tratado de fotografiarse con libros a la mano, para dar una imagen algo más intelectual (algo así como lo hace actualmente Dua Lipa, con su propio club de lectura).

De hecho, una de las imágenes más célebres de Monroe es leyendo un ejemplar del Ulises, de James Joyce, en una fotografía que data de 1955 en la que aparece sentada en un parque infantil de Long Island. La foto, indica Crowter, es objeto de burla cada vez que se publica en internet, (y de hecho reproduce algunos de los comentarios), considerando que es una novela particularmente difícil. Sin embargo, en su investigación Crowter determina que la novela de Joyce era efectivamente una de sus compañeras habituales, y que le cautivó mucho el soliloquio final de Molly Bloom. Como actriz, señala la autora, debía ser sumamente inteligente para interpretar a “rubias tontas”.

El volumen indica que existen anécdotas sobre ella recitando poemas en fiestas, leyendo al francés Marcel Proust en el set de rodaje y hablando sobre Walt Whitman, y los rusos Fiodor Dostoievski y Lev Tolstói. Incluso tenía opiniones sobre un escritor contemporáneo a ella: el célebre Ernest Hemingway: “Esos tipos duros son tan retorcidos que ni siquiera son tan duros…Siempre quieren matar a alguien para demostrar su valía".

De hecho, al momento de su muerte en 1962, Monroe poesía una biblioteca personal de alrededor de 400 libros, que trasladaba con ella en cada una de sus mudanzas. Según Crowter, abarca una gran variedad de géneros, desde la literatura infantil de The Little Engine That Could (El trenecito que pudo), de Watty Piper, que posiblemente conserva sus propios rayones de niña, hasta El ángel que nos mira y otras obras de Thomas Wolfe, pasando por la literatura rusa más clásica. Incluso, hay cuatro ejemplares de El profeta, de Gibran Kahlil Gibran.

Incluso la autora muestra, literalmente, los recibos de tiendas de Los Ángeles y Beverly Hills como Pickwick Book Shop, Martindale’s Book Store y Hunter’s Books, donde compró títulos. Iban desde libros domésticos (Cómo vivir con un gato), novelas (La hermana Carrie, de Theodore Dreiser, por ejemplo) e incluso una biografía de Sigmund Freud en tres volúmenes.

“Vale la pena considerar que gran parte de las lecturas de Marilyn eran un intento de ‘mejorarse’ a sí misma”, escribe Crowther, y repara en la ausencia de ciertos best-sellers de la época en la colección. “Si sentía que un género no la iba a ayudar en eso, o peor aún, que se convertiría en un hazmerreír por leerlo, eso podría explicar en parte por qué lo evitaba”.

Sin embargo, indica Crowter, en su época la diva ya era cuestionada por mostrarse siempre con libros. De partida, asegura, en sus entrevistas nunca le preguntaban por sus lecturas. Y si el tema llegaba a surgir, más bien lo que hacían los periodistas era ponerla a prueba. Crowter cita una ocasión en que Monroe señaló que le gustaría interpretar a Grúshenka en una eventual adaptación de Los hermanos Karamazov, la monumental novela de Dostoievski; ante ello, le preguntaron si podía deletrear el nombre del personaje. Ella se negó.

Incluso, su tercer marido, el célebre dramaturgo Arthur Miller, años después puso en duda el real interés de su exesposa por los libros. Crowter cita un extracto de las memorias de Miller donde se refirió al hecho: “Con la posible excepción de Chéri de Colette y algunos relatos cortos, no supe de ningún libro que ella hubiera leído entero".

El dramaturgo hizo poco por apuntalar la reputación intelectual de Monroe —los periódicos, señala Crowter, se referían a la pareja como ‘la diosa y el genio’—. De hecho, señala la autora, probablemente ayudó a erosionarla. Sin embargo, Miller de todas maneras cuenta que alguna vez Marilyn le comentó de un relato de un cuento de Bernard Malamud que había leído y que no le había gustado porque retrataba una violación —algo que ella misma había sufrido— sin el conocimiento suficiente.

La interrogante clave del libro es “¿Por qué se duda de la capacidad lectora de Marilyn Monroe?”. Entre otras cosas, argumenta Crowther, Monroe porque sufrió una “combinación tóxica de patriarcado, decisiones de la industria, estereotipos culturales, expectativas sociales, su complicidad involuntaria” y más. De todos modos, agrega, Monroe tuvo nexos con escritores de su tiempo, a quienes solía frecuentar. Así, se relacionó con Dorothy Parker, Carson McCullers e Isak Dinesen.

Crowther cita al actor británico George Sanders, quien actuó con ella en All About Eve y se refirió al interés literario de Monroe. “Mostraba un interés por los temas intelectuales que era, por decir lo menos, desconcertante. Era alguien en una obra de teatro que aún no se había escrito”.

Marilyn and her books: The Literary Life of Marilyn Monroe, por ahora está solo disponible en inglés. Si se quiere adquirir, se puede hacer online vía Amazon.

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