Ignacio Juliá, biógrafo de Sonic Youth: “Eran un colectivo crítico del capitalismo y el patriarcado”

Sonic Youth, en 1988, por Ignacio Juliá.

El aclamado periodista español acaba de publicar, por primera vez en Chile y Sudamérica, la biografía Estragos de una juventud sónica, vía Santiago-Ander, en que repasa al célebre grupo neoyorquino desde una nueva perspectiva. Un trabajo escrito con una estructura tan poco convencional como los biografiados, en que alterna algunas historias vividas junto a ellos, palabras de su entorno, perfiles y material gráfico. “No fueron solo una banda de rock, sino un colectivo artístico multidisciplinar”, asegura a Culto.



Fue entre tormentosas giras como teloneros de Neil Young y horas de entrevistas con bisoños y ansiosos fans devenidos en reporteros, cuando Sonic Youth, antaño un grupo descollante de la escena alternativa neoyorquina, conocieron el peso del complejo industrial del rock en todo su espesor.

En esos primeros años noventas, cuando el conjunto pasó a la realeza del rock alternativo con sus videos rotando en MTV, un periodista español que les llevaba la pista desde que resonaban como un susurro distorsionado al otro lado del Atlántico, se propuso un proyecto tan ambicioso como exigente; una biografía del grupo. La publicó en inglés con el nombre I Dreamed of Noise. “El título lo puso el propio Thurston Moore, muy en su estilo”, recuerda Ignacio Juliá (1956), el autor, en contacto con Culto.

“Cuando decidí escribir una biografía oral de la banda, pasé una semana entrevistándoles en Nueva York, en marzo de 1992. Estaban grabando Dirty y pude estar presente en las últimas sesiones de grabación y mezclas, en los estudios Magic Shop, con el productor Butch Vig”, recuerda.

Con el tiempo, Juliá plasmó un interés por el género en un particular panteón de papel; escribió volúmenes sobre John Lennon, Bruce Springsteen, Neil Young, Ramones y los Clash. Pero el tiempo le haría volver a los Sonic Youth, a quienes nunca perdió de vista.

“Naturalmente, seguí en contacto con ellos y les entrevisté con cada nuevo disco y, tras su separación en 2011, quise volver a hablar con los cuatro para completar la documentación que ya tenía. El mismo impulso del libro fue dictando qué debía entrar y qué no, pues esta vez no era un libro de entrevistas, sino un intento de juntar biografía, ensayo y literatura en una misma obra”.

Esa obra llevó el título de Estragos de una juventud sónica y se publicó originalmente en 2013. Pero su autor deseaba que el texto estuviera disponible en otros rincones. Ocho años después, llega este mes a Chile en una nueva edición de Santiago-Ander Editorial, que incluye un epílogo escrito para la ocasión. Además de un interesante set de fotografías que recorre su trayectoria, desde los días tocando para un puñado de tipos en clubes de mala muerte repartidos en la unión americana, hasta sus giras finales como leyendas.

“Llevaba años tratando de exportar mis libros a Sudamérica, intentando interesar a alguna editorial de allí, sin ningún éxito -rememora Juliá-. Cuando me contactaron los responsables de Santiago-Ander, editorial que desconocía, tuve por fin respuesta a mi sueño de poder publicar al otro lado del charco. Me estimula la juventud de Santiago-Ander y sus ganas de hacer cosas”.

Ignacio Juliá, por Lola Resina.

Teenage riot

A mediados de los ochentas, Juliá (1956), un catalán que se estrenó como columnista de rock en las páginas de la legendaria revista Star en el año del estallido punk (1977), podía lucir en su currículum una marca difícil de ignorar; participó en la fundación de dos de las publicaciones musicales más importantes de España (Ruta 66 y Rockdelux). Fue en esos días, con el olfato melómano afinado por la experiencia de los años, en que encontró la música de Sonic Youth.

“Les conocí con el álbum Evol, en 1986, y me fascinaron. Como amante de la música pop yo había saltado de los Beatles a Bowie y de ahí a Velvet Underground. Tenía veinte años cuando estalló el punk y lo viví como algo generacional que me tocaba directamente, la necesaria regeneración del rock, Ramones, Sex Pistols, Patti Smith, The Clash. Luego, en los años ochenta, la música se volvió rara con el tecno-pop y lo gótico, por ello una banda de guitarras, con ansías experimentales y un trasfondo de arte total, me sedujo”.

Fue entonces que Juliá se decidió a seguirlos, intercalando entre el anhelo voraz del fan y la pluma erudita del reportero. “Fui el primer periodista español que les entrevistó, el verano de 1988 en Nueva York, semanas antes de que se publicase Daydream Nation. Me dieron un casete que escuché al llegar al hotel, ¡”Teenage Riot” y el resto!, y recuerdo aquella audición en un walkman como una de las experiencias más emocionantes de mi vida musical”.

Por ello, con el placer de una grata primera vez en los oídos, Juliá regresó a España tras entrevistar al entonces cuarteto integrado por Thurston Moore, Kim Gordon, Lee Ranaldo y Steve Shelley. “Poco después vinieron a tocar por vez primera en Barcelona, pero Daydream Nation todavía no se había editado y… ¡yo fui el único entre el público que conocía esas canciones!”.

Una biografía no convencional

Al recorrer las páginas de Estragos de una juventud sónica llama la atención que no se trata de una biografía común relatada en estricta secuencia cronológica. A menudo se funden las historias del grupo y su autor. La narración pasa desde las primeras tocatas como parte de una escena alternativa en el mítico club CBGB (en que se foguearon ilustres como Blondie, Talking Heads, entre otros), a historias paralelas en que se perfila a los músicos, su entorno, la diversidad de sus gustos, la influencia de grupos como The Velvet Underground -de quienes Juliá escribió una biografía- y otros episodios.

Según Juliá, se trata de una estructura que ya había ensayado su trabajo sobre Neil Young (En el ojo del huracán, 1993). “Las biografías lineales tardan en llegar al meollo de la cuestión y, al desestructurarla, puedes ya arrancar el libro con algo sustancioso que te llevará a seguir leyéndolo hasta el final -asegura como una declaración de principios-. Luego el lector ya podrá reordenar a su antojo, si así lo prefiere, la cronología del artista analizado”.

Por supuesto, estas ideas fluyen desde lecturas anteriores. “En cuanto a mis maestros, Greil Marcus o Lester Bangs estarían entre los más influyentes -asegura el autor-. Ambos se aproximaron al rock de forma oblicua y personalista, huyendo de las convenciones periodísticas y los tópicos”.

¿Es entonces una biografía diferente a una más convencional? Además de la forma de narrar ¿qué distancia a este texto de otros libros sobre el grupo?

-La perspectiva desde una cultura que no es la suya, la anglosajona. Y mi entrometimiento en el relato, lo que ayuda al lector a sentir que está junto a ellos viviendo su trayectoria vital y artística. Y, como he contado muchas veces, la revelación de que no fueron solo una banda de rock, sino un colectivo artístico multidisciplinar, un proyecto experimental, un ente crítico contra el capitalismo y el patriarcado, el reflejo de su época.

Por ahora, enfocado en su trabajo editando Ruta 66, Juliá descarta escribir un texto similar en volumen de historias y trabajo sobre otra banda. “Supongo que me queda todavía algún libro por escribir, pero ya no podrá ser como Estragos de una juventud sónica, pues por edad ya no puedo descubrir a una banda joven y acompañarla durante tres décadas. Espero que otros autores más jóvenes puedan hacerlo como tuve la suerte de hacerlo yo”.

¿Cuál es el lugar común sobre Sonic Youth que le parece más desacertado?

-Que su música es “ruido”, como dicen en la película Juno, con mucha ironía, claro está.

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