La batalla contra la autoridad del Señor de la Noche

Aravena en medio de un Caupolicán vacío. Foto: Andres Pérez.

Detenido y formalizado tras el polémico evento en Espacio Broadway del 29 de diciembre, José Antonio Aravena protagonizó uno de los episodios más criticados de la pandemia en Chile, el Ministerio del Interior se querelló en su contra y se transformó en una suerte de enemigo público. “Fui un chivo expiatorio”, asegura el dueño del teatro Caupolicán, quien mientras espera el fin de la investigación hace sus descargos, anuncia acciones legales y sigue buscando fórmulas para volver a la actividad.



José Antonio Aravena Fariña (57), amo y señor de los espectáculos, la vida nocturna y la bohemia santiaguina, vivió el 29 de diciembre de 2020 la que considera la peor noche de su vida.

Tras ser detenido junto a otras 200 personas durante la realización de un polémico evento en la discoteca Espacio Broadway, promovido como Magik Chritsmas y amenizado por el afamado internacionalmente DJ Luciano, el empresario pasó la noche en un calabozo y fue formalizado al día siguiente en el Tercer Juzgado de Garantía de Santiago por infracción al Código Sanitario. Tras el descomunal operativo de Carabineros en el lugar, las duras declaraciones de la subsecretaria de Prevención del Delito y una querella del Ministerio de Interior en su contra, Aravena se convirtió en enemigo público y la estampida de asistentes trepando las rejas del recinto en una de las postales más criticadas de la pandemia.

Pasados tres meses del hecho y a pocos días de cumplir con los 100 días de arraigo nacional que decretó el magistrado, el productor de eventos y empresario nocturno, propietario además del Teatro Caupolicán y figura gravitante en la cartelera capitalina de espectáculos, rompe su silencio y anuncia acciones legales por apremios ilegítimos y detención injustificada. Su versión sigue siendo la misma que declaró ante la justicia: que lo realizado ese día no fue una fiesta clandestina sino una actividad al aire libre publicitada previamente con música en vivo, mesas separadas, sin pista de baile y patente de restorán al día. Que cumplió con todas y cada una de las disposiciones de la normativa sanitaria que regía en ese momento para este tipo de establecimientos en una comuna en fase 2. Que hubo una estigmatización de un sector como Pudahuel (“Si esto pasaba en las terrazas de Isidora Goyenechea o en el barrio Italia no estaríamos hablando”, asegura) y que, además, él no fue el productor del evento sino que ese día fue a supervisar y terminó siendo usado de “chivo expiatorio” por las autoridades.

Momento en que Carabineros detiene a algunos de los asistentes y trabajadores del evento en Espacio Broadway. Foto: Agenciauno

“Aquí hubo una mano negra y hay que derrotarla con la verdad”, sostiene quien hoy busca probar su inocencia, limpiar su imagen (“que se ha visto totalmente dañada”) y encontrar responsables dentro de un caso aún sin sentencia -por estos días se cumplen los 100 días de plazo investigativo- que él cree se seguirá extendiendo “porque no tienen nada para demostrar que fue una fiesta clandestina”.

Si bien el evento fue rotulado como una fiesta clandestina por parte de las autoridades, Aravena insiste en que se trató de una actividad gastronómica al aire libre ajustada a la normativa que regía entonces -luego que el Minsal flexibilizara el funcionamiento de restoranes en fase 2 el 10 de diciembre pasado-, en línea con lo que por esos mismos días realizaron otros locales de comida con música en vivo y experimentos como Abre Santiago, el ciclo gastronómico en las terrazas del Movistar Arena diseñado para 300 asistentes y que debutó a inicios de ese mes con el show de Los Tres.

“Yo creo que fui usado como chivo expiatorio porque esto ya se había hecho. Los Tres ya habían tocado en las terrazas del Movistar Arena sin problemas y ningún detenido, también en fase 2”, reclama. “Aquí hubo decomiso de alcohol y de parlantes, que es lo que se hace cuando hay un evento clandestino. Pero aquí había patente, entonces se hizo todo mal. Esto fue un seudo montaje. No tienen nada para demostrar que fue una fiesta clandestina (..) tomé la palabra en la audiencia porque ya no daba más, quería que se supiera la verdad, porque el Ministerio del Interior estaba mintiendo”, dice aún encolerizado.

Además del repudio generalizado, el productor asegura que lo ocurrido incluso le trajo problemas familiares. “Lo pasé pésimo, fui de fiscalizador y me terminaron preguntando desde mi casa por qué estaba trabajando en una actividad clandestina”, cuenta.

El hijo del Padrino

José Antonio Aravena es hijo del legendario empresario nocturno José “El Padrino” Aravena Rojas, fallecido en 2008 y creador de clásicos de la bohemia capitalina como el club Passapoga, la discoteca Hollywood y el casino Las Vegas. Un circuito que él heredó y expandió en las últimas décadas.

Desde 2004 es también el administrador del teatro Caupolicán -que por esos días todavía se llamaba Monumental y estaba al borde de la clausura-, ocupándose de su remodelación y reinaugurando el espacio en julio de 2005. A partir de entonces el emblemático teatro de calle San Diego se volvió a consolidar como epicentro de la cartelera y ha sido escenario de shows de artistas tan diversos como Raphael, Noel Gallagher, Mike Patton y Patti Smith. Muchas de esas visitas las gestiona él directamente y en las paredes de su oficina cuelgan fotos que atestiguan abrazos con Tom Jones, Rubén Blades y Salvatore Adamo, entre otras figuras.

Aravena junto a Rubén Blades.

En paralelo, la sociedad integrada por sus hermanos administra el teatro Teletón -que su padre inauguró en 1978 como Teatro Casino Las Vegas-, el ex Ópera Catedral, un hotel, cabarets y desde 2008 la discoteca Broadway, con sus tres salones, extensas áreas verdes y su sector de piscinas, que en los últimos años ha albergado el festival Fauna Primavera, eventos privados y fiestas de música electrónica, como las dos primeras versiones de Magik Garden, franquicia creada por el DJ suizo-chileno Luciano (Lucien Nicolet). La misma cuya edición 2020 terminó con el músico, Aravena y cerca de otros 200 detenidos, bajo el ojo de la autoridad y la condena generalizada.

”Había una predisposición especial para la actividad del 29 de diciembre, con Luciano como artista principal en un escenario con 40 mesas, sin pista de baile y en donde se vendía comida y alcohol porque la patente así lo permitía. En ese momento en fase 2 se podía tener el 25% de aforo de 90 mil metros cuadrados, vale decir, 4 mil personas, y esta actividad estaba diseñada para 400″, explica el promotor, amparándose en los cambios de normativa para restoranes y cafés que el Minsal implementó el 10 de diciembre del año pasado, dos semanas antes de su evento. El mismo decreto que permitió temporalmente que este tipo locales volviera a recibir comensales de lunes a viernes en fase 2, en terrazas al aire libre con ventilación natural y mesas separadas por dos metros, sin límite de personas aunque con una estadía máxima de dos horas por cada asistente. Esa última restricción, al menos, no era parte del diseño de Magik Christmas.

“Hoy las cifras nos tienen a todos contra la pared y si hablas de hacer una actividad artística todos saltan, pero cuando existieron esas ventanas que abrió el mismo Minsal para hacer esas actividades, tampoco se respetaron”, sostiene.

Foto: Agencia Uno.

En cuanto a la cronología de aquel caótico evento del 29 de diciembre, el productor señala que llegó a supervisar a Espacio Broadway a las 14.00 horas y ya en ese momento “se paseaba un auto y dos motos de Carabineros por la carretera. Ellos decían que era una fiesta clandestina y nosotros insistíamos en que era un restorán. En plena discusión llegaron más de 200 carabineros, dos carros lanzagases, el helicóptero apoyando y cuatro carros para llevar detenidos. Llega el Seremi, le mostramos las mesas al aire libre, la cocina que estaba funcionando, cómo se estaba distribuyendo todo”.

Y sigue: “Me presenté a Carabineros y les dije que era el fiscalizador, que estaba la toma de temperatura termográfica en la entrada, el alcohol gel, el uso obligatorio de las mascarillas y que con las mesas designadas la trazabilidad estaba asegurada. Pero hubo algo que yo nunca logré entender: quién llamaba, quién los presionaba, quien los mantenía allí. Porque Carabineros nunca quiso proceder hasta que llegó la subsecretaria (Martorell)”.

El rebelde de los espectáculos

Pero Aravena ya había intentado volver a la actividad mucho antes. Impedido de usar sus teatros para eventos, en abril del año pasado, cuando la pandemia mostraba sus primeros efectos en Chile, anunció el debut de un autocine en Espacio Broadway para 150 vehículos por función, aunque según asevera nunca recibió los permisos para hacerlo y el proyecto quedó estancado. Lo mismo su idea de montar el primer concierto al aire libre y con distanciamiento social en el país, fijado para octubre pasado en el mismo recinto y con Chancho en Piedra como primer número confirmado, lo que informó de forma oficial a través de los medios. Si bien el empresario, según contó en ese momento, envió su propuesta al Ministerio de Salud y a la Intendencia Metropolitana, con protocolos similares a los implementados en un show en Inglaterra por esos días, su versión es que tampoco recibió respuesta.

El 19 noviembre, cuatro días después de que la Ministra de las Culturas, Consuelo Valdés, anunciara la reapertura del Teatro Municipal de Las Condes, Aravena organizó una protesta simbólica afuera del Caupolicán en la que participaron técnicos y diversos artistas -de Bombo Fica a la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Chile- exigiendo el regreso con protocolos sanitarios de toda la actividad cultural del país. Algo que ya había solicitado durante todo 2020 como parte de las mesas de trabajo de la Asociación Gremial de Empresas Productoras de Espectáculos y Cultura (Agepec).

Foto : Andrés Pérez

“Las municipalidades que tenían más poder adquisitivo pudieron realizar eventos y conciertos, incluso por encima de muchas restricciones sanitarias. Yo vi mucho público en el festival de Las Condes. A uno lo pueden tildar de pesado, que se las sabe todas, pero yo no puedo aceptar las declaraciones de la ministra de Cultura cuando dice que solucionó el tema de los aforos en los teatros, eso es mentira”, dice.

Aravena está consciente que sus iniciativas del último año, las ideas que expresa en esta entrevista y el perfil de rebelde que ha cultivado para defender a su gremio en medio de la pandemia pueden traer un costo profesional. Mal que mal, por su trabajo está obligado a conversar y coordinarse constantemente con diversas autoridades. “Van a perseguir a tu empresa pero el único camino es buscar la verdad y echar abajo estas mentiras”, responde.

Por de pronto, mientras espera el alzamiento de las medidas cautelares que pesan en su contra, sigue buscando fórmulas para volver a la actividad y ya tiene un par de viajes programados para abrochar sus próximos proyectos, que incluyen una producción junto al teatro Municipal de Santiago, negociaciones para traer de vuelta a Daddy Yankee y diversas reuniones con productoras extranjeras para reactivar los conciertos en el Caupolicán una vez que la autoridad se lo permita. “Les puede molestar a algunos, te pueden estigmatizar, pero a mí lo que me mueve es el entretenimiento y el espectáculo”, declara.

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