Por Rodrigo GonzálezHamnet: El Teatro de la Vida
La reciente ganadora del Globo de Oro a Mejor Película Dramática es la sombría historia sobre el destino de la familia formada por un joven William Shakespeare y su esposa Anne (o Agnes) Hathaway. Protagonizan Paul Mescal y Jesse Buckley en los roles principales.

Existe un significativo paralelo entre Hamnet y Valor Sentimental, la película noruega estrenada la semana pasada y también nominada a varios premios. Ambas incluyen a padres artistas ausentes, gente neurótica y con poco sosiego, capaces de dejar a la familia por seguir sus instintos profesionales. Las dos tienen a hijos a la deriva, abandonados a la ley del más fuerte. Por cierto, en Hamnet el artista es nada menos que William Shakespeare y en esencia es un buen tipo. En Valor Sentimental es un cineasta nórdico que como persona es un pelmazo.
Se podría decir que al menos en Hamnet, de la realizadora Chloé Zhao (Nomadland, 2020) corre aquella tan citada y no necesariamente obligatoria norma de “querer a los personajes”. O, al menos, uno entiende que todo el mundo tiene ciertas razones para actuar de determinada manera. Eso sí, esta lógica sólo aplica hasta cuando la cineasta decide que el destino de la historia debe caer en algunos territorios esotéricos, vinculados con las creencias en la brujería de la época.

Estamos a fines del siglo XVI, la época en que William Shakespeare (Paul Mescal) aún no es William Shakespeare, sino un inquieto tutor estudiantil de niños. Espiando en los claros de un bosque de la localidad de Stratford conoce a Agnes (Jessie Buckley), una muchacha bastante más salvaje que él y aficionada a la cetrería. Él es de una familia estricta, religiosa y con ciertos recursos. Ella viene de un hogar donde la figura materna es primordial, con un amable hermano (Joe Alwyn) que vela por su bien.
La película se basa en la elogiada novela homónima de Maggie O’Farrell, quien participó en el guión además, y recrea con cierta libertad parte de la vida de William Shakespeare y su esposa Anne Hathaway. Los primeros años de Will (así le dice su esposa) y Agnes (el otro nombre por el que llamaban a Anne) son placenteros, casi paradisíacos. Primero tienen una hija a la que llaman Susanna y poco tiempo después Agnes da a luz a los mellizos Hamnet y Judith.

Es poco después del nacimiento de ellos que Will decide irse a Londres para encontrar el justo reconocimiento a su talento y las mejores condiciones para el estreno de sus obras. Agnes no puede acompañarlo. Debe quedarse en casa y cuidar de la enfermiza Judith. Hamnet, aunque pequeño, recibe las instrucciones de su padre para cuidar de todos. El chico se lo toma a pecho.
Desde este momento la película gira en gran parte en torno a los esfuerzos de Agnes por mantener la casa y el bienestar de los muchachos. La peste bubónica acecha y Judith puede ser la próxima víctima. Will, en tanto, triunfa en la metrópoli y al menos le compra una gran casa a la familia. Es algo así como un reconocimiento mínimo al sacrificio de Agnes por vivir lejos.

Como lo acredita la historia oficial, poco tiempo después la tragedia llegó a casa de los Shakespeare y bajo esa nube negra se estancó el matrimonio, comenzaron las discusiones y se aguó la fiesta. El autor sólo tuvo como salida lo que mejor sabía hacer en la vida: escribir a modo de sublimación, particularmente Hamlet, que era un nombre intercambiable por Hamnet en esos años.
La buena de Agnes secó sus lágrimas en vida, aunque en un momento culminante entendió que lo que Will no entregaba en el hogar al menos lo daba en el escenario. Lo bueno, como dice la vieja expresión, es enemigo de lo mejor.
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