Por Pablo Retamal N.Los estertores de Michel Houellebecq: poesía, música y (otra vez) polémica
A 26 años de su debut musical, el polémico escritor francés regresa con Souvenez-vous de l’homme. Un álbum que abandona la electrónica por la chanson clásica, mientras el autor intenta dejar atrás un eterno rastro de juicios, polémicas porno y acusaciones de islamofobia.

No es músico, no, pero el escritor francés Michel Houellebecq ha publicado álbumes. El primero fue en el 2000, y se llamó Présence humaine. Ahora acaba de publicar el segundo, 26 años después, y se llama Souvenez-vous de l’homme (Acordaos del hombre), que registró junto al músico Frédéric Ló, el que verá la luz el próximo 6 de marzo bajo etiqueta de la casa independiente francesa Modulor.
En su afán disrruptivo, lo que presenta Houellebecq son canciones en clave Beat, es decir, como en los 60, lee poesía con música de fondo. Así se escucha, por ejemplo, en el adelanto que ya se puede escuchar, Ils chevauchaient le vent (Cabalgan el viento). Con una voz susurrante que recuerda a la del célebre Serge Gainsbourg, el autor de Ampliación del campo de batalla va recitando mientras la música de fondo -con un aire algo beatlero- avanza.
Mientras que Présence humaine jugaba con la frialdad de la electrónica para retratar la deshumanización de los complejos turísticos y las oficinas de cristal, este nuevo tema se adentra en el terreno de la chanson francesa clásica, con arreglos de cuerda que evocan una elegancia decadente. La voz del escritor sigue siendo la misma: una monoserga plana, casi desprovista de entonación, que sin embargo logra transmitir una vulnerabilidad que rara vez se encuentra en su prosa.
Ya en 1996, cuando hizo un primer registro Le sens du combat (El propósito de la lucha) en el que grabó poemas para France Culture Radio, se refería a esta afición de recitar con música de fondo. “Yo formo parte de una corriente de poesía que está hecha para ser leída en público. Durante el siglo XIX y principios del siglo XX hubo una gran concentración de poetas magníficos, como Rimbaud, Baudelaire, Mallarmé, Apollinaire...pero a mediados del siglo XX, la poesía perdió su función. El talento lírico se desplazó a la canción y por eso no hay grandes poetas del siglo XX”.
Pero no ha sido lo único: Houellebecq también participó en proyectos de otros músicos y bandas, como el disco Les parages du vide (2014) de Jean-Louis Aubert, cantante del grupo Téléphone, o su colaboración con Iggy Pop en el disco Préliminaires (2009), donde el “Iguana” del rock puso música a pasajes de La posibilidad de una isla. También ha mantenido una relación estrecha con compositores de vanguardia. Pero este nuevo álbum es diferente: es su voz, sus textos y su visión total la que toma el mando.

El álbum está compuesto por doce temas que, según las informaciones disponibles, combinan sonidos electrónicos, pasajes de piano y ambientes sonoros que acompañan la voz grave y meditativa de Houellebecq. Entre los títulos figuran Le dialogue des machines (“El diálogo de las máquinas”), Le lendemain de l’explosion (“El día después de la explosión”) o En attendant l’envahisseur (“Esperando al invasor”), nombres que ya revelan la obsesión del autor por la tecnología, la catástrofe y las tensiones que atraviesan la existencia humana.
Además de este retorno sonoro, el autor ha tenido otros movimientos creativos importantes: el 4 de marzo de 2026 se publicó también su poemario Combat toujours perdant, donde vuelve a la esencia que lo define desde sus primeros pasos: la poesía como forma de indagación vital.

La vorágine
Houellebecq ha tenido unos últimos años muy movidos. A fines del 2022 removió el gallinero francés tras la charla que la revista francesa Front Populaire organizó entre el filósofo Michel Onfray y él. En la misma, despachó unas declarciones quemantes sobre un tema sensible en la sociedad del país galo, la inmigración.
“El deseo de la población nativa francesa, como dicen, no es que los musulmanes se asimilen, sino que dejen de robarlos y atacarlos. O si no, otra solución: que se vayan”, dijo sin mayores rodeos.
Houellebecq es un polemista nato, y en más de una ocasión ha disparado contra el pensamiento políticamente correcto y el ideario de mayo del 68. Por ello, ha recibido acusaciones de misógino, decadente, xenófobo y racista. Algo que parece no molestarle, y al contrario, parece que le resulta un aliciente.

Sin embargo, la reacción en su contra fue feroz y comenzaron a llegarle acusaciones de islamófobo. Pero decidió salir al paso y aclarar su intención. Así lo relató en su libro Unos meses de mi vida. Octubre 2022 - marzo 2023 (Anagrama). “Es innegable que soy el principal culpable, de algunas de mis frases emana una agresividad que en la práctica nunca llego a sentir, pero perseguirme por ‘incitación al odio racial’ tampoco era muy pertinente. Era innecesariamente ofensivo, y sobre todo estaba totalmente fuera de lugar. Como todo el mundo sabe, el islam no es una raza, sino una religión practicada en las cuatro esquinas del mundo por los grupos étnicos más diversos. No solo el islam no es una raza, sino que tampoco lo es el islamismo: eso lo sabíamos un poco menos antes del cruento atentado de Bali, que tanto se asemeja al de Plataforma”.
“Yo había releído la entrevista. Es cierto que se trataba de una entrevista excepcionalmente larga, y mi atención había podido decaer en algunos pasajes, pero eso no era excusa: habida cuenta de mis desaciertos con el islam, debería haber prestado una atención especial a esos pasajes”.
Posteriormente, Houellebecq mantuvo una reunión con una de las autoridades musulmanes en Francia, el rector de la Gran Mezquita de París, ante quien rectificó sus dichos. “Muy amablemente, el rector de la Gran Mezquita de París aceptó esta rectificación, porque al fin y al cabo es indudable que forma parte de la mayoría moderada, y en su caso preveo su derrota y hasta la posibilidad de que lo asesine un miembro de la minoría extremista. Ahora bien, no considero en absoluto que esa derrota sea inevitable, y menos aún su asesinato, sigo pensando que el examen de los errores del pasado debería impedir que se reprodujeran, pero me inquieta que ningún historiador actual parezca poseer el nivel intelectual suficiente para prever la causa común de esos errores, y sigo temiendo que se repitan”.

Y cuando Houellebecq pensaba que ya había salido de una temporada en el infierno, vino otra polémica: su aparición en una película filmada por un colectivo holandés, que resultó ser un filme pornográfico. Señala que fue en octubre del 2022 cuando un artista holandés (un “seudoartista”, dice) del colectivo Kirac, lo contactó para una particular idea. Al artista solo lo califica ácidamente como “la Cucaracha”.
“En un email fechado el 6 de octubre me notificó que vendría a París a finales de mes, acompañado de una joven a la que en adelante llamaré la Cerda. La presentaba como una estudiante de filosofía que admiraba mi obra y había leído todos mis libros; más o menos tan vanidoso como el promedio de los escritores, di crédito a esa mentira parcial. Según la Cucaracha, la Cerda le acompañaba a París para participar en gang bangs con hombres seductores, más fáciles de encontrar en París que en Ámsterdam. Eso ya era más difícil de creer, pero llegué a la conclusión de que, sin que por fuerza se entregara a gang bangs, la Cerda era una chica de costumbres complacientes, legítimamente deseosa de follar con uno de sus escritores favoritos. Mi mujer compartía esta hipótesis”.
Es decir, la muchacha iba a París porque quería justamente tener relaciones íntimas con Houellebecq. Eso sí, había una condición que sorprendió al autor: “la Cerda quería que la Cucaracha filmase nuestra sesión sexual para alimentar su cuenta de Onlyfans”. Ahora, el mismo Houellebecq reconoce en el libro que la idea de tener un escarceo con una muchacha joven no le molestaba, y que de hecho, señala haber realizado antes. “Es una ventaja secundaria, pero real, de las amantes jóvenes: accedes a otro mundo, a un universo cultural que de lo contrario no habrías conocido. Así, gracias a esta joven descubrí Nirvana y YouPorn: no es poco”.

Houellebecq señala que el encuentro con la muchacha se llevó a cabo y no lo recuerda de una manera poco memorable. “Se llevó a cabo el encuentro sexual, durante alrededor de dos horas, y lo filmó la Cucaracha” y “quedó claro que la Cucaracha planeaba colgar esa escena online sin mi consentimiento”. Eso lo incomodó, porque según dice a él se le comentó que todo iría al OnlyFans de la chica, no a otra plataforma.
Y no fue el único encuentro, ya que el autor señala que posteriormente hubo otros escarceos en Ámsterdam con actrices distintas para continuar otros proyectos. Sin embargo, firmó un contrato que le permitió a la Cucaracha usar las imágenes del encuentro con la Cerda, Houellebecq afirma que estaba bajo los efectos de una botella de vino y de ansiolíticos y no lo leyó bien. Pero ya era tarde.
Houellebecq, como sabemos, recurrió a la justicia para tratar de detener la distribución del filme, pero no lo consiguió. Aunque ganó un inesperado amigo, el actor francés Gérard Depardieu, tan complicado como él por denuncias en su contra. “Uno y otro nos hallábamos en una zona de extraterritorialidad que implicaba obligaciones distintas de las que por lo general se imponen a los demás hombres, y no tantas prebendas; la época se había vuelto claramente desagradable, el juego de la celebridad se asemejaba cada vez más a un juego de exterminio, del que los ricos se libraban siempre que evitasen darse a conocer”.
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