Por Pablo Retamal N.Luna Miguel y el desafío de leer lo incómodo: “Leamos lo desagradable, aunque sea para criticarlo”
La escritora española presenta su nueva obra, Incensurable, un híbrido entre novela y ensayo donde defiende la lectura de clásicos incómodos como Lolita y advierte sobre los peligros de la autocensura en la literatura actual.

Invitada a exponer en el seminario EROS, de la U. Autónoma de Madrid, la filósofa Letrice Santos realiza una charla sobre el placer y la censura. En ella, hace una apasionada defensa de la necesidad de leer el -para muchos- incómodo clásico de la literatura, Lolita, de Vladimir Nabokov. “No me temblará el pulso al asegurar que quienes antaño querían prohibir Lolita con su moral pudibunda fueron exactamente los mismos que a comienzos del siglo XXI tonteaban con su cancelación”. ¿Resultado? Santos es expulsada de la universidad.
Podría ser una historia real, pero colinda. Es la trama del libro Incensurable, de la destacada escritora española Luna Miguel (35). Autora de ocho libros de poesía, cuatro de relatos, cinco ensayos, y una novela, se ha hecho un nombre en su país a punta de una escritura interesante y feminista. Hoy también es columnista del suplemento cultural Babelia, del diario El País, de España.

A medio camino entre el ensayo y la novela, Incensurable es un llamado a reflexionar sin miedo sobre aquellos libros que, producto de su taller de lectura, fue notando resistencias y malas caras entre las talleristas, sobre todo cuando se trataban de autores hombres.
“La verdad es que me cuesta mucho llamar novela a este libro. Sobre todo porque, en sus orígenes, nació como ensayo. De hecho, la parte teórica viene de unas clases para un taller de lectura sobre Nabokov”, comenta Miguel a Culto.
¿Qué fue lo más difícil?
Mantener el tono de conferencia. Hacer que la voz de Lectrice Santos, la filósofa que articula la voz ensayística en un seminario de feminismo y filosofía, se mantenga fiel a su oralidad, sin renunciar a la exposición clara de sus ideas alrededor de la censura o de la obliteración de obras incómodas.
Has mencionado que la novela surge, en parte, de tu club de lectura desde 2018, donde introdujiste autores “masculinos” como Nabokov y percibiste miedos y reticencias entre las lectoras. ¿Cómo influyeron esas conversaciones reales en la creación de Lectrice Santos y su conferencia sobre placer y censura?
Como el lema del Barça, podría decir que lo mío también es «més que un club», esto es, un taller de escritura, una pizarra en blanco para practicar el ensayismo y para cuestionar el canon, un lugar de debate, un laboratorio, un experimento, y hasta un espacio para la catarsis. Leer Lolita en grupo siempre empuja a algo parecido a una terapia. Una vez, en un club, tuve que prohibir a los inscritos que hablaran de sus propios abusos sexuales durante la sesión, porque el dolor y la rabia que produce el discurso de Humbert Humbert nos suele llevar a ese reconocimiento extremo con la víctima, a ese asco, a esa incomodidad tan lograda por su creador. Efectivamente, todas esas tensiones me ayudaron a crear la voz de Santos: ella ve las reacciones de sus alumnas, que muchas veces son parecidas a las que yo misma veo cuando hablo de esta novela en público.
En entrevistas, has definido a este libro como “Ensayismo mágico”, ¿por qué?
Porque parte de una mentira —de una ficción, un hecho mágico— para contar una verdad.

En la novela, Lectrice Santos es expulsada de la universidad por defender la lectura sin prejuicios de clásicos polémicos. ¿Hasta qué punto Incensurable es una respuesta a la “cultura de la cancelación”?
Incensurable es una respuesta rotunda a la cultura de la cancelación.
Has defendido que retirar obras canónicas de las escuelas es “prohibir a las nuevas generaciones conocer el mundo”. ¿Cómo responde tu novela a la tendencia de juzgar la literatura del pasado con los códigos éticos del 2026?
Una de las posibles cosas maravillosas de estar vivos en el siglo XXI es la cantidad de arte, de historia, de literatura o de música que podemos visitar de épocas pasadas. Sin embargo, parece que a veces nos empeñamos más en ajustar el pasado a nuestras apetencias del presente que en simplemente disfrutarlas o, más allá, responderlas generando nuevas obras.
¿Sientes que hoy el mayor peligro para un escritor es la censura institucional o la autocensura por miedo a la reacción en redes sociales?
La autocensura es una consecuencia de la censura institucional, y viceversa. Las dos son dañinas para la creación.
¿Cómo fue para ti enfrentarte a un tema tan cargado de ruido mediático como el de la censura y la cancelación?
Procuré hacerlo con toda la información y respeto posibles. Con obras e ideas como las de J. M. Coetzee, Gisèle Sapiro o Angélica Liddell ayudándome a encontrar mi propia visión.

En Incensurable, planteas que Lolita es un espejo que nos hace sentir culpables. ¿Por qué crees que hoy nos incomoda tanto reconocer que la literatura puede ser un espacio de incomodidad moral sin que eso signifique una apología?
Porque creemos que el arte existe sólo para complacer y para embellecer la vida. Por eso hay quienes todavía en 2026 se espantan cuando un poema no rima, como si eso no fuera bello. Las flores secas también son hermosas.
¿Cuánto de ti tiene Lectrice Santos?
Ambas nacimos en 1990. Pero yo no soy lesbiana. Ni filósofa. Tampoco creo en dios.
En un mundo donde cada vez más se intenta silenciar lo incómodo, ¿qué mensaje final le darías a una lectora joven que tiene miedo de acercarse a Lolita o a cualquier clásico “problemático”?
Leamos lo desagradable. Aunque sea por el placer de criticarlo.
En otro ámbito, ¿cómo has visto a España con el gobierno de Pedro Sánchez?
Ojalá pudiéramos pagar el alquiler.
¿Qué piensas del auge de la ultraderecha en España y en el mundo?
Son hordas de censores.

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