Por Pablo Retamal N.Pierre Adrian, escritor francés: “En Latinoamérica hay mucha magia e imaginación; en Europa somos demasiado realistas”
El escritor e historiador francés aterriza en Chile para presentar Hotel Roma, un viaje literario y físico por los últimos diez días de Cesare Pavese antes de su suicidio en 1950. En esta charla con Culto, Adrian desmenuza su obsesión por el autor italiano, reflexiona sobre el desapego que produce ser traducido y analiza el contraste entre la "magia" latinoamericana y el realismo europeo.

A sus 34 años, la obsesión literaria del historiador y periodista francés Pierre Adrian es el italiano Cesare Pavese, uno de los grandes escritores del siglo XX. “A mis 20 años era Pier Paolo Pasolini, y ahora, a mis 30, es Pavese”; reconoce a Culto en un hotel del sector oriente de Santiago, ciudad en la que dio una charla esta mañana de miércoles.
Ese interés por los italianos es tal que incluso se trasladó a vivir a Roma. Eso le facilitó el trabajo para realizar una novela de no-ficción sobre los últimos días de Pavese, quien, solitario y atormentado, se suicidó en 1950 con 41 años, en el Hotel Roma de Turín. Esos días previos, Adrian los relata en el volumen Hotel Roma (Tusquets), que ha sido su sexto libro en francés y el primero que llega al castellano.
El volumen ha tenido buena recepción, y ha sido reseñado por medios como Infobae, o El País. Adrian reconstruye a Pavese en base a los diarios del autor, pero también por un viaje presencial por los lugares por donde efectivamente el italiano estuvo en sus días finales, en el Piamonte y Turín.
“Pavese es un escritor que lo leen mucho los jóvenes, que yo también lo leí mucho y que actualmente también lo leo. Y hay dos libros que son muy importantes para mí. Primeramente el diario íntimo de Pavese, es decir, El oficio de vivir y el otro libro sería Trabajar cansa. Principalmente estos dos libros son parte de mi trabajo y aquí hablamos de un suicidio. Entonces este tema es el punto de partida y fin del libro. Es algo cíclico".
- Tu libro toma como eje el último verano de Pavese en 1950. ¿Por qué decidiste centrarte específicamente en ese momento final en lugar de hacer una biografía convencional?
- La idea era hacer un libro corto, es decir, enfocarme en un periodo de 10 días y centrarme en la última frase que él dijo: “No escribiré más”. Y esta frase quiere decir que él se suicidó como escritor. Esto sucede durante 10 días en Turín. Él estaba solo y todos sus amigos estaban de vacaciones. A mí me interesaba entrar en su cabeza durante estos diez días. Saber sobre sus relaciones con sus amigos y la relación que tuvo con una mujer. Y finalmente el 27 de agosto de 1950 se suicidó con somníferos. Entonces, tomé como primer punto la muerte para contar su vida. Quería tener acceso a su vida, porque él era una persona muy dramática, tuvo mucho éxito, pero se suicidó.

- ¿Qué fue lo más difícil del proceso de escritura?
- Lo más difícil para mí fue aceptar que el viaje que hice por el Piamonte no sirvió para nada y que el mejor medio de poder conectar con Pavese es leer sus libros y poesías. También lo fue aceptar su dificultad, comprender el drama de su vida. A mí no me llama la atención al suicidio, no me fascina. Sin embargo, al mismo tiempo sí me llama la atención y me llama la atención hablar de la muerte, porque hablar de la muerte es hablar de Pavese. Es alguien que está obsesionado con la idea de la muerte y yo estoy obsesionado con la vida. Entonces, en mi búsqueda fue difícil comprender el dolor de los demás, comprender la desesperanza, lo que te provoca dolor en la vida.
-En Hotel Roma seguiste literalmente las huellas de Pavese por Turín y el Piamonte. ¿En qué momento decidiste que ese recorrido físico sería la estructura del libro?
- Esto era una parte imperativa de la narración, escribir sobre los lugares que visitó, sobre la atmósfera que se vive. Tenía la necesidad de hacer este viaje. No solamente era un viaje espiritual, sino poder recorrer de manera física todos estos lugares de los que él habla, del idioma, de su lugar natal, que es Piamonte. Entonces, para yo poder contar sobre esto, debía ir a visitar las viñas, las colinas, pasear en sus poemas. Y en ese punto yo digo esto es un fracaso porque la poesía es más bella que la realidad.
- Pavese había ganado el Premio Strega poco antes de morir. ¿Cómo interpretas esa paradoja entre el reconocimiento literario y la desesperación personal?
- Él no estaba en la búsqueda de reconocimiento, sino que cuando él obtuvo este premio, él estaba feliz de haberlo recibido. No buscaba el éxito, ya que en el fondo nunca éxito literario. Él recibió su premio en 1950, y dos meses después, antes de morir, dijo que la vida comienza a los 40 años. Luego de esto cayó en depresión muy rápidamente. Pienso que él escribía para poder repararse a sí mismo, para poder consolarse. Entonces, no creo que el éxito sea suficiente para poder consolar a un hombre que está cansado.
- Entrevistaste a personas que lo conocieron o estudiaron. ¿Hubo algún testimonio que cambiara tu mirada sobre Pavese?
- El encuentro más bonito que tuve fue con un hombre que lo conoció. No sé si esto ha cambiado mi punto de vista, pero sí me ayudó a comprender la historia. O sea, esta persona también venía del campo, conoce Turín. Entonces me ayudó a comprender lo que pretendía Pavese, sus raíces, la conexión que tenía con el Piamonte es decir, volver a los orígenes. Era un hombre de campo, un hombre grande, tenía 97 años. Eran manos que habían atravesado el siglo. Esto me conmovió y yo había minimizado la conexión de Pavese con la ciudad.

- En otro ámbito, ¿qué significa para ti ser traducido al español? Porque hay muchos escritores franceses que han sido traducidos, como Hervé Le Tellier, Michel Houellebecq, Jazmina Reza o Emmanuel Carrère
- Esos que mencionas son grandes literarios. Creo que escribimos para ser comprendidos. Entonces la traducción nos permite llegar a otro universo, llegar al público, no solo un idioma. No hablamos lo suficiente sobre la traducción. Cuando escribimos un libro y lo publicamos perdemos el libro, como que nos despegamos de él y de otro lado, cuando el traductor traduce esta historia se apropia del libro. Entonces me da la impresión de que en mis manos tengo un libro desconocido. Es como que eres un fracasado luego de hacer esto, ya no te pertenece el libro, sino que al comprador, a la persona que lo recibe, a la persona que lo ofrece. Pienso que esto es muy bello. Ser traducido es una experiencia extraordinaria, ya que en el fondo este libro es mi pasaporte, muestra quién soy. Entonces, si alguien me pregunta quién soy, yo les muestro este libro, ya que cuenta más sobre quién soy yo, mis ideas, cómo pienso. Por ejemplo, Pavese en su último libro dijo: “Este será mi pasaporte eternamente”.
- ¿Conoces algo de literatura de Latinoamérica o de Chile?
- Nunca estudié el español, vivo en Italia y también aprendí alemán. Me demoré mucho en conocer el español, la literatura española y de América Latina. Leí a Roberto Bolaño, a Pablo Neruda y todavía hay mucho que tengo que descubrir. Vine aquí leyendo la poesía de Nicanor Parra. Creo que esta es la región del realismo mágico y de la poesía. Aquí se habla sobre el cielo, la tierra, las montañas. Hay mucha inestabilidad política y la escritura nos permite hablar, por ejemplo, del exilio, de la contemplación y de su enlace de nuestros orígenes. Esto me interesa mucho. Descubrí un poeta argentino, Ricardo Zelarayán, su poema se llama La gran salina. Creo que aquí hay mucha magia, hay una capacidad de imaginación que no se encuentra en Europa. Allá somos demasiado realistas.
- Mencionaste a Roberto Bolaño, ¿cuáles de sus libros te gustan?
- No lo he leído lo suficiente, pero puedo mencionar Nocturno de Chile.
- ¿Qué piensas del gobierno de Emmanuel Macron?
- Lamentablemente no soy un ejemplo para hablar de política. Como Pavese, estoy más descomprometido que comprometido. Tengo mis convicciones anarquistas y ya sea Macron u otro gobierno, yo desconfío de todo, incluso del poder. Pero un hombre que se separa de su pueblo, que se separa de su país, pienso que es una política que fracasa y Francia es el país más consentido del mundo, más malcriado.
- ¿Qué piensas de avance de la ultraderecha en Francia?
- Creo que es un síntoma de una crisis social. O, más bien, una crisis de identidad que toca a muchos países del mundo, sobre todo a los países occidentales. Actualmente los jóvenes se sienten inseguros, tanto en la política como en lo social y están cambiando esta libertad por la seguridad. Creo que por esto están votando por la extrema derecha. El voto ya no se basa en la libertad, sino en la necesidad de seguridad. Y el avance de esta extrema derecha no es un símbolo de racismo, sino que de miedo. Yo no creo que los franceses sean fundamentalmente de derecha.

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