Los diez de Juan Emar: artistas tributan al poeta surrealista con libro y muestra
<P>Nueva edición de Diez trae ilustraciones de Dittborn y Cienfuegos.</P> <P>R El poeta y pintor vanguardista fue parte del grupo Montparnasse.</P>

Su cuna privilegiada le abrió el camino, pero para efectos de legitimidad artística Alvaro Yáñez Bianchi prefirió abandonar su nombre y desvincularse de la figura de su influyente padre, el senador y empresario Eliodoro Yáñez. Al final, su obra hablaría por sí misma. Claro que eso no impidió que siguiera usando su fortuna ni tampoco sus redes: a inicios de los años 20 viajó a Europa y se instaló en París, donde tomó clases de pintura que intercalaba con sus tareas de diplomático. De vuelta en Chile, se rebautizó Juan Emar y comenzó a escribir las emblemáticas Notas de Arte en el diario La Nación, propiedad de su padre.
Allí ejercitó su impronta vanguardista, llamando a romper con el criollistmo e impulsando el movimiento surrealista en Chile. Fue un pionero. En sus páginas llegaría a publicar un anticipo de Altazor de Vicente Huidobro e introdujo en la crítica local discusiones sobre humor negro, ocultismo y erotismo. En 1937 probó su radicalidad artística con Diez, un volumen de cuentos que bebía del surrealismo de París, pero también del universo kafkiano. Poco valorado en su época, recién en los años 70 comenzó un tímido rescate de su obra. Hoy es un autor de culto. Tras 50 años, la obra Diez se reedita con la mirada interdisciplinaria que caracterizó a Juan Emar. El rescate viene desde su propia familia.
Juan Claudio Edwards, gestor cultural y sobrino nieto del escritor, invitó a diez artistas locales para crearan una obra cada uno que inspirados en los cuentos de Diez. El resultado es un volumen de lujo, que incluye los grabados de Gonzalo Cienfuegos, Arturo Duclos, Eugenio Dittborn, Bruna Truffa, Francisco Brugnoli, Ismael Frigerio, Concepción Balmes, Virginia Errázuriz, Paz Lira e Isabel Viviani; además de el facsimilar de la edición original de Diez, como fuera publicado en 1937, y el prólogo de Pablo Neruda para la edición de 1971. El libro se presenta este sábado al mediodía en el MAC de Parque Forestal junto a la muestra de los 10 grabados.
"Juan Emar era multifacético: literatura, arte y poesía. Y eso es lo que quise reflejar invitando a los artistas. Sus obras no son meras ilustraciones de los cuentos, sino piezas de arte independientes", dice Edwards.
Además del volumen, que estará disponible en librerías a $ 20.000 y será repartido gratis en bibliotecas e instituciones culturales, se lanzará una edición limitada de 100 carpetas cada una con 10 grabados, impresos en papel 100% algodón y firmadas por cada artista. El precio será de $ 980 mil por carpeta y estarán a la venta en la galería Isabel Aninat, donde se exhibirá la muestra desde la segunda semana de diciembre.
"La oportunidad de tener un volumen de colección es única y las primeras cinco carpetas ya tienen comprador", cuenta Edwards. "A pesar de que está inscrito en la historia como escritor surrealista, yo diría que más que eso, Emar se adelantó al realismo mágico. Antes que Juan Rulfo y Gabriel García Márquez, él ya tenía estos mundos donde sucedían hechos absurdos pero que eran tomados como algo natural".
Así, en El pájaro verde, elegido por el pintor Gonzalo Cienfuegos, un ave parlanchina se vuelve cada vez más indomable y cruel a medida que cambia de dueño, o en Chuchezuma, ilustrado por Eugenio Dittborn, realidad y ficción se funden cuando el protagonista se enamora de una mujer que termina existiendo sólo en un cuadro.
A inicios de los años 20, Emar se empapa de las vanguardias europeas y junto a otros artistas locales con los que también se topa en París, como Henriette Pettit, Julio Ortiz de Zárate y Camilo Mori, impulsa el Grupo Montparnasse, que pretendía romper el arte academicista en Chile. Desde su faceta de crítico de arte en el diario La Nación, Emar apoya y difunde movimientos como el cubismo y el fauvismo. En paralelo escribe las obras Ayer, Un año y Miltín. Tras Diez, se refugió en el fundo de su familia en Quiltripe a escribir sin apuro su obra más ambiciosa: Umbral, de cinco mil páginas. La novela estuvo inédita hasta 1996. "Su trabajo es que no tiene tiempo ni espacio, es totalmente atemporal y por eso los relatos de Diez están muy vigente incluso hoy, 80 años después de su edición", resume su sobrino nieto.
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