Diario Impreso

"Me sorprendía la serenidad de Aylwin en su relación con Pinochet"

<P>El ex vocero asistió el viernes al cumpleaños 92 del ex Presidente. Acá cuenta cómo pasó de ser su adversario a uno de sus más estrechos colaboradores. </P>

Enrique Correa tenía 13 años cuando vio por primera vez a Patricio Aylwin. El futuro ministro recién había entrado a la Democracia Cristiana y Aylwin, entonces presidente del partido, estaba de visita en Ovalle, ciudad donde vivía Correa. El joven lo fue a ver dar un discurso y quedó tan impresionado, que lo esperó a la salida del acto y lo invitó a dar una charla a la parroquia en la que era acólito.

Casi 10 años después, a fines de los 60, la relación entre ambos era tumultuosa: mientras Correa presidía la rebelde juventud de la DC, Aylwin lideraba el sector más conservador del partido y era el más duro opositor al grupo que formaría el Mapu.

Luego de un acercamiento en medio de la lucha contra el régimen militar y de ser un ministro clave en su gobierno, hoy, Enrique Correa es uno de los más cercanos al ex presidente, con quien se reúne a conversar por lo menos una vez al mes. "Recurro a él cada vez que tengo una duda política. Don Patricio tiene un instinto y experiencia tremendas y ha conocido de cerca a todos los presidentes de Chile desde Arturo Alessandri", afirma el ex vocero. Debido a esta cercanía, este viernes fue uno de los invitados a celebrar el cumpleaños 92 del Presidente, a quien le regaló un libro sobre temas indígenas de José Toribio Medina.

En los 60 y 70 usted tuvo posiciones muy distintas a las de Aylwin. ¿Cuándo se reconciliaron?

Nos reencontramos al comienzo de la campaña del plebiscito, cuando coincidimos en una reunión con monseñor Carlos González. Yo lo saludé y lo primero que me dijo riendo fue: "¡Pero si nosotros peleábamos mucho!". Recuerdo una vez en que me tocó explicar las posturas rebeldes de la JDC en una junta nacional del partido y Aylwin fue el encargado de rebatirlas. El era nuestro más duro adversario. Por eso yo admiro que haya conseguido unir al centro y a la izquierda y haberse transformado en un líder transversal.

¿Cómo logró Aylwin el apoyo de los socialistas para ser candidato?

Clodomiro Almeyda fue una figura clave. El fue el primer socialista que planteó que Aylwin debía ser presidente y así me lo dijo cuando estaba en la cárcel. Ellos de jóvenes habían sido amigos. Don Cloro vio en Aylwin la capacidad de lograr la unidad. Tenía la legitimidad en su partido por su rol en la UP y se había ganado el afecto de la izquierda por su rol en el plebiscito.

¿Usted conversó esa idea con Aylwin?

Me reuní con él para planteárselo y aunque no dio un sí entusiasta, tampoco se cerró a una candidatura. El temprano apoyo que tuvo en el PS fue muy importante para ir ganando espacio en su propio partido, en el que había varios precandidatos potentes. Recuerdo que con Ricardo Solari queríamos proclamarlo como candidato la misma noche del triunfo del No, algo que nunca conversamos con él. Sin embargo, la DC no aceptó, porque todavía no estaba resuelta su contienda interna.

¿Cuándo Aylwin le dice que usted será ministro?

Al constituirse el comando presidencial, Edgardo Boeninger y yo quedamos a cargo del área programática y de la formación de los futuros equipos de gobierno. Por eso, al día siguiente de la elección, los dos nos juntamos con Don Patricio a proponerle algunos nombres para el gobierno. Mi aspiración era ser subsecretario de la Secretaría General de la Presidencia. Sin embargo, Don Patricio nos anunció: "Usted Edgardo se hará cargo de la Secretaría de la Presidencia, y usted Enrique de la de Gobierno". No hubo espacio para la discusión.

¿Aylwin estaba preocupado por llegar al gobierno con un Pinochet a cargo del Ejército?

Esas aprensiones las teníamos nosotros; él siempre estuvo muy tranquilo. De hecho, me sorprendía la serenidad con que manejó su relación con Pinochet.

¿Los momentos más tensos de la transición fueron el "Boinazo" y los "Ejercicios de enlace"?

En esos conflictos no se involucró directamente Aylwin, sino que los manejó el equipo político. Además, esas acciones no pretendían producir una intervención militar, sino que generar advertencias ilegítimas. En 1993 hubo otro episodio menos conocido, pero significativo. Los militares propusieron una agenda de temas y nosotros no la aceptamos completa, por lo que se nos amenazó con que Pinochet manifestaría su malestar trasladando camiones y tanques de un regimiento a otro. El gobierno no les hizo caso y finalmente, Pinochet no realizó ninguna acción. Ese episodio los hizo ver muy débiles y los militares finalmente se convencieron de que el poder civil era real.

¿Y cómo recibieron los militares el Informe Rettig?

Fue un momento difícil. Cuando el Presidente Aylwin invitó a tomar té al alto mando militar para hablar de eso, se vivió un clima muy tenso, ya que ellos manifestaron que no les gustaba. El único que apoyó al gobierno fue el general Matthei. Lo más complicado de esos años era que existía una estructura militar que permanecía intacta desde la dictadura. ¡Cuando uno iba a la Academia de Guerra, se sentía como si Pinochet todavía fuese presidente!

En sus años como ministro, ¿alguna vez tuvo diferencias con Aylwin?

Yo mantuve una "opinión minoritaria" cuando el gobierno le pidió a TVN no transmitir una entrevista al ex agente de la Dina Michael Townley. Pero no llegó a más que eso.

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