Teatro Aleph, el grupo que nació por el poder conquistador del arte
<P>La legendaria compañía partió en el Liceo 1 y Lastarria 90. </P>

No bastaba con crear una oportunidad, además necesitaban tiempo y cercanía. Era 1966 y un grupo de estudiantes del Instituto Nacional debatía sobre algo que resultaría decisivo para su futuro: ¿cómo conseguir chiquillas? Los tímidos se opusieron a la kermés, porque no les daba tiempo para entrar en confianza. La creación de un grupo folclórico también encontró resistencia, porque la tradición local no permitía bailar apretadito. Entonces alguien propuso hacer una obra de teatro. Ese alguien era Oscar Castro y su idea, el germen del Teatro Aleph.
Consiguieron el apoyo de un profesor de castellano y partieron al Liceo 1 en busca de señoritas. Teatro dijeron que querían los jovencitos y teatro dijeron que querían las niñas, pero según cuenta Castro, la intención real de todos era la misma. Un todos formado por cerca de 60 miembros, entre los que había una que "actuaba bien, pero prefería cantar canciones de Beatles". Era Michelle Bachelet, a quien Oscar recuerda perfectamente, porque incluso salió con ella en una cita, aunque doble y para "hacerse cargo de su amiga".
Al principio los ensayos se hacían una vez a la semana, pero la frecuencia aumentó a medida que se fueron armando parejas. Finalmente, el gran estreno ocurrió en el Liceo 1, donde montaron El amigo de Hamlet, no porque les gustara, sino porque fue la única obra que encontraron con personajes para todos. Luego vino la dispersión.
1967. La casa de Lastarria 90 está vacía. Por afuera camina Oscar Castro con un amigo y se les ocurre que ellos pueden ocuparla para volver a hacer teatro. Piden permiso a la Universidad Católica, entonces dueña del lugar, y se lo conceden. Es el comienzo de la segunda etapa del Aleph.
Ahora universitarios, ocho antiguos compañeros del Instituto Nacional retoman su afición teatral, aunque esta vez en principio la única mujer es la hermana de Castro. No tienen método de trabajo. Se juntan en una fuente de soda de la Alameda a tomar cerveza y comer pan con ají, y entre medio van saliendo obras como ¿Se sirve usted un cocktail molotov? y Cuántas ruedas tiene un trineo. Antes de las funciones juegan a la pelota en la sala y si el partido está muy bueno, ponen un letrero de "completo" en la puerta para seguir jugando. La idea siempre era pasarlo lo mejor posible, incluso a costa del público, por ejemplo abandonando la sala antes que ellos y escondiéndose para espiar el desconcierto de los espectadores.
La Universidad Católica manda a un actor profesional a apoyar al grupo. Es Héctor Noguera. "El fue nuestro primer maestro", dice Castro. Pero además de maestro, era quien hacía papeles pequeños o reemplazos. Así Noguera, que era una celebridad en la época, podía aparecer para servir un vaso de agua. Y nada más.
El Aleph crece. Llega nueva gente, entre ellos Alex Zisis y Shlomit Baytelman. Tienen su propio programa de humor delirante en televisión, primero en Canal 13 y después en el 7. Con Viva in-mundo de fanta-cía el éxito es tan grande que deben darla en un teatro más grande, el del Ictus. Y viajan. Una semana después de regresar de su primera gira a Europa, ocurre el golpe de Estado. Es el principio de la historia en prisión y exilio. El Aleph nunca más regresaría a Lastarria 90, hasta ahora.
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