Diario Impreso

Uri Simonsohn, el detective de datos

<P>La peregrinación de Matsu -diosa del Mar- en pocos días más recorrerá 330 kilómetros, entre truenos de tambores, fuegos artificiales, acrobacias y las coloridas carrozas de un sagrado "carnaval" oriental. Es la tercera fiesta más masiva del mundo. </P> <P>Este chileno y egresado de la U. Católica se ha hecho un nombre a nivel internacional gracias a un método estadístico e informático que detecta inconsistencias y fraudes en estudios científicos. Varios investigadores ya han caído gracias a su labor. </P>

Un simple ícono puede decir mucho sobre la historia religiosa de Europa. Si desea formar parte de un viaje de descubrimiento, la pequeña ciudad de Styria, en Austria, puede ser un buen lugar para empezar. Anidado en el valle de Salza, en los Alpes del norte de Austria, Styria tiene el encanto de un cuento de hadas. Pequeñas casas cubiertas por la nieve, montañas que se alzan en lo alto y, en el medio, una inusual basílica en dos estilos: gótico y barroco. Cerca se encuentra una imagen milagrosa de la Virgen María, tallada en madera de limonero y objeto de disputa durante muchos años. Y es aquí donde realmente comienza la historia de Styria.

En 1157, un monje benedictino llamado Magnus buscaba un lugar en el que construir un monasterio. Siguiendo una ruta complicada, decidió sacar la imagen de la Virgen que llevaba. La leyenda cuenta que, en ese instante, el camino se aclaró y desbloqueó. Al encontrar el camino correcto, Magnus colocó la imagen de la virgen en una rama blanca y los habitantes locales comenzaron a rezar frente a ella según pasaban. Al aumentar el número de peregrinos, la construcción de una pequeña capilla era necesaria. La capilla acabó convirtiéndose en una iglesia y, en 1363, el rey Luis I ordenó una expansión aún mayor. Pero fue sólo en 1643 cuando el estilo barroco llegó al lugar, dando a la basílica la imagen de postal que todavía permanece. La historia religiosa es la excusa perfecta para venir y disfrutar la paz que aquí se respira.

Escalar una montaña puede ser un acto de fe. Dejar todo atrás, con el único objetivo de alcanzar la cima. Los turistas que quieran escapar de las multitudes y tener un momento de soledad deberían ir a Croagh Patrick, en Irlanda. Situado en County Mayo, al oeste del país, Croagh Patrick está considerado como una de las montañas más sagradas de Irlanda, con una tradición de peregrinaje que se remonta a la época de Stonea Age, hace 5.000 años.

Conocida como The Reek por los locales, la montaña es considerada como un lugar para buscar el perdón y encontrar la paz mental y espiritual. Se cree que su relevancia religiosa se remonta a los tiempos de los paganos, cuando la gente se reunía aquí para celebrar la época de la cosecha. Pero la historia de la montaña no puede ser contada sin mencionar a San Patrick, el santo patrono de Irlanda, del que se dice que ayunó durante 40 días a los pies de la montaña, en el siglo X. Otros escogían esta ruta y escalaban la montaña como acto de penitencia. Si decide seguir los pasos de San Patrick y emprender la ruta de 7 km, no olvide llevar un buen par de bototos y un impermeable. Las vistas desde la capilla de lo alto, de nubes esponjosas y verdes campos, lo dejarán sin habla.

Una guerra puede cambiar el destino de un monasterio en un instante. En 1939, cuando la Segunda Guerra Mundial recién comenzaba, un conflicto militar entre Finlandia y Rusia cambió el destino de alrededor de 190 monjes. Vivían en el monasterio de Valamo, en la isla de Valaam, en el lago Ladoga, en la Federación Rusa, y tuvieron que ser evacuados ya que las fuerzas de la antigua Unión Soviética avanzaban. Los soldados se apropiaron de su edificio y los monjes pronto empezaron a buscar un nuevo hogar. Y encontraron el sitio perfecto: Heinävesi, al este de Finlandia.

Se acomodaron en el actual edificio, en 1940, creando el monasterio de Nuevo Valamo, que se convirtió rápidamente en un centro activo de la vida religiosa y cultural ortodoxa. Con un 20% de la tierra cubierta por el agua, la región de Heinävesi también es conocida por sus seis canales donde los viajes en barco pronto se convirtieron en la principal atracción. Su atmósfera pacífica combina perfectamente con el sencillo monasterio blanco. Escaparse del ruido de la ciudad y experimentar la naturaleza y la simplicidad en Heinävesi es totalmente posible.

En la visita a Den Bosch le dará la bienvenida una pequeña estatua con forma de ángel que lleva jeans, un netbook colgado del hombro y un celular en la mano. Cuando conozca la catedral de San Juan viajará a los tiempos más antiguos, pero no hay que dar por hecho que el viaje trata siempre sobre el pasado. Dañada por varios fuegos a lo largo de la historia, la catedral tuvo que ser renovada varias veces. La restauración más reciente revela cómo religión y arte tienen la habilidad de sorprender a los visitantes. En 1997, el escultor danés Ton Mooy ganó un concurso que consistía en crear 40 estatuas para reemplazar aquellas en ruinas. La estatua del pequeño ángel fue inaugurada en 2011 y se convirtió rápidamente en uno de los imprescindibles en la visita a Den Bosch. Sólo hay un botón en el teléfono del ángel y, según el artista, se utiliza como una línea "directa al cielo". Pero las sorpresas no terminan aquí: la iglesia incluso estableció un número de teléfono para que el público pudiera llamar realmente al ángel.

Adentro, uno se reencuentra con el pasado una vez más. El gran órgano es una de las atracciones principales, con tubos del siglo XVII. Desde su estilo románico hasta características góticas, la catedral ha tenido muchas vidas. Se construyó por primera vez en 1380 como una parroquia, pero pronto se convertiría en la catedral de la diócesis de Hertogenbosch. Fue empleada por una minoría protestante durante más de 100 años, pero en el siglo XIX se restauró y volvió a ser habitada por la congregación católica. Den Bosch es el matrimonio perfecto entre lo antiguo y lo moderno (Fuente: Comisión Europea) .

EL profesor de sicología Uri Simonsohn sonríe tranquilo tras participar en el Taller Empírico en Ciencias de Gestión y Economía Aplicada, organizado hace algunos días por la U. de Chile. Su visita responde al creciente interés que ha generado en la comunidad científica internacional su sistema estadístico para la detección de fraudes y falsos positivos. Chileno, egresado de la U. Católica y con estudios de magíster y doctorado en EE.UU., Simonsohn -quien hoy trabaja en la U. de Pennsylvania- ha sido llamado "el vigilante de datos" debido a su trabajo de análisis estadístico e informático que lo llevó a detectar escandalosos fraudes realizados por académicos de prestigiosas universidades europeas y estadounidenses.

A casi dos años de que todo comenzara, Simonsohn vuelve a analizar el proceso que lo llevó a convertirse en un referente en la detección de fraudes, las implicancias de su trabajo y las reacciones profesionales y personales a su investigación.

Todo empezó por casualidad. Durante un metaestudio que implicaba revisar muchos trabajos de sicólogos e investigadores alrededor del mundo, Simonsohn notó que todos los resultados en esa bibliografía eran bastante similares. Pero un informe destacaba sobre los otros: los datos y resultados presentados eran demasiado buenos comparados con el resto de los estudios.

Al principio sospechó de un error en los análisis, un mal tipeo o problemas en la recolección de datos. En este paper, la desviación estándar -ese promedio que permite conocer con detalle conjuntos de datos y el margen de error de estos- era muy pequeña y similar en todas las condiciones del experimento. Según Simonsohn, en las diversas muestras del estudio, este índice era tan similar que llamó su atención y lo hizo buscar una forma de cuantificar lo que ocurría.

Al principio no apuntó a buscar fraudes, sino fallas en la metodología usada, pero ante la renuencia del investigador jefe a entregar sus datos brutos para un nuevo análisis, comenzó a sospechar cada vez más. Cuenta a Tendencias que se preguntó: ¿Qué tan probable es que esto suceda? Para responder esa pregunta buscó más trabajos del mismo autor y mediante simulaciones realizadas con un software descubrió que la situación se repetía en varias investigaciones. Las probabilidades de resultados con esa variación tan pequeña para un estudio son 10 en 100.000. Incluso encontró una investigación con probabilidades de 1 en 7.000 millones.

Primero sospechó de la persona que había recogido los datos. Lo contactó vía telefónica y se enteró de que el propio jefe de la investigación lo había hecho, algo aún más raro en el medio. Académicos con reputación (tenure en inglés) por lo general no realizan esa tarea, ya que tienen estudiantes o ayudantes para eso. Las consultas de Simonsohn, tanto al autor como a los coautores, despertaron las dudas de la universidad donde se realizó la investigación. Lo que siguió fue la salida de un respetado académico y el retiro de otros cinco papers de su autoría.

Cuando el escándalo aún no se apagaba, el instinto de Simonsohn lo llevó a encontrar anomalías en otro estudio que cayó en sus manos. Esta vez provenía de una universidad europea. Las sospechas surgieron cuando, al observar los resultados del estudio, se dio cuenta de que eran demasiado similares a las estimaciones iniciales. Al correr simulaciones computacionales con esos datos y nueva información obtenida en otros papers, Simonsohn determinó que tales resultados eran imposibles de obtener de forma natural: "No podían ser consecuencia de muestras aleatorias". Cuando consultó al autor del estudio, sus declaraciones lo sorprendieron aún más. El experto admitió ciertos errores de análisis, pero Simonsohn respondió que aun con esos problemas, los resultados no se ajustaban a los datos. A pesar, que el tema de fraude no prosperó en este caso, pronto este académico renunció a su puesto y otorgó un nuevo espaldarazo al método de Simonsohn.

Uri Simonsohn siempre contactó primero a los autores de los papers cuestionados. Dice que nunca buscó desacreditar colegas o sembrar con dudas el campo de la sicología social. Al principio le preocupó lo que dirían sus colegas e, incluso, antes de hacer públicos sus hallazgos lo conversó con su mujer e hijos, los que le dieron el impulso que necesitaba para "atrapar a los tipos malos", como cuenta que le dijo su hijo menor.

La respuesta de sus pares, dice, fue positiva: "Por ahora, no he recibido emails odiosos ni nada de eso. Me han mandado trajes de detective al correo, con la pipa y todo". La mayoría de las personas que ha entrado en contacto con su trabajo lo ha felicitado, sobre todo porque "saben que es importante que se haga y no es una tarea muy agradable", dice.

¿Cómo es que Simonsohn detecta inconsistencias que revistas especializadas y universidades no ven? Indica que los únicos que leen en detalle los papers son los interesados en la metodología, como él. Para el resto de los que leen una investigación sólo importan las conclusiones o la información específica que necesitan obtener de ese estudio.

Hace poco hizo pública la metodología de su sistema para detectar fraudes. Las consultas se acumularon rápidamente, pero decidió no atenderlas. No considera su responsabilidad cargar con ese peso. El método está al alcance de quien desee usarlo. Finalmente, dice, un requisito clave para evitar nuevos fraudes, en cualquier campo, es establecer un protocolo que exija transparentar datos en bruto antes de que pasen por los análisis. Esa información es muy difícil de falsear.

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