Editorial

Elección de las nuevas mesas en el Congreso

Si bien la elección de las mesas de la Cámara y del Senado sellan un primer triunfo político para el gobierno y evidencian las divisiones en las fuerzas de la oposición, también dan cuenta de la fragilidad de las mayorías en el nuevo Congreso.

11 DE MARZO DEL 2026 LA SENADORA PAULINA NUÑEZ ES ELEGIDA COMO PRESIDENTA DEL SENADO. FOTO: DEDVI MISSENE Dedvi Missene

La elección de las nuevas mesas de la Cámara de Diputados y del Senado, que marcó el inicio del periodo legislativo del nuevo Congreso elegido en noviembre pasado, dio un importante triunfo a la derecha, al obtener ese sector el control de ambas testeras. La senadora de RN Paulina Núñez ocupará la presidencia de la Cámara Alta hasta marzo de 2027, como parte de un acuerdo administrativo alcanzado entre la UDI, RN, Evópoli, Demócratas, el Partido Socialista y el PPD, que distribuye entre ambos sectores los cargos de la mesa a lo largo de los próximos cuatro años. Por su parte, en la Cámara baja, el diputado Jorge Alessandri sorprendió al ser elegido como nuevo titular de esa corporación, quebrando el acuerdo anunciado en la ahora oposición para instalar a la diputada Pamela Jiles, del PDG, en ese puesto.

Si bien para el nuevo gobierno es una buena noticia, ya que tendrá el manejo de las prioridades legislativas, el hecho deja clara la fragilidad de las mayorías en el actual Congreso y la necesidad de alcanzar acuerdos y obtener apoyos más allá de su propio sector político. Pese a tratarse de un pacto administrativo cuyo objetivo se limita a determinar la composición de la testera en ambas corporaciones, da cuenta del escenario que se abre de cara al proceso legislativo que se inicia. En el Senado la negociación dio cuenta de una mayor solidez al alcanzarse un acuerdo que permitió que la senadora Núñez fuera elegida por 39 votos a favor y nueve abstenciones, pero lo sucedido en la Cámara de Diputados, en cambio, es muy distinto y el triunfo del ahora oficialismo se logró finalmente por tan solo dos votos.

Pero si el desenlace de las votaciones le permite al nuevo gobierno sacar cuentas alegres, asegurar un primer triunfo político y, además, controlar comisiones clave en ambas cámaras, para la ahora oposición el panorama es menos auspicioso. Tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados ese sector no logró mostrar una posición unitaria, dando cuenta de divisiones que ya se vislumbraban en los últimos meses y que el oficialismo deberá tener en cuenta de cara a lo que se inicia. En el primer caso, por ejemplo, el pacto que permitió la elección de la nueva presidenta de la Cámara Alta y que dio a la derecha la titularidad de esa corporación durante tres de los cuatro años de gobierno, se logró sólo con el PS y el PPD, dejando fuera al FA y el PC, además de la DC, quienes dijeron no sentirse parte del acuerdo.

En el caso de la Cámara Baja las tensiones y quiebres opositores fueron aún más evidentes, ya que hasta la noche del martes ese sector confiaba en un acuerdo que instalaría a la diputada Pamela Jiles a la cabeza de esa corporación. Pero descuelgues de último minuto, logrados tras intensas negociaciones tanto en esa instancia como de parte del actual Ejecutivo hicieron fracasar el pacto, dando cuenta de la fragilidad de esa alianza. El episodio deja en evidencia, además, los costos de privilegiar objetivos tácticos por sobre las convicciones, al estar dispuesto en el exoficialismo a respaldar, a cambio de un acuerdo amplio por la presidencia de comisiones, a la responsable del rechazo de la reforma tributaria impulsada por el entonces ministro Mario Marcel, clave en el proyecto de gobierno, y que se convirtió en la mayor derrota política de la administración Boric.

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