Editorial

La embestida del Mandatario en su último mes de gobierno

El hecho de que la ofensiva comunicacional que el Mandatario ha emprendido en contra de la oposición no esté siendo acompañada por los partidos ni tenga demasiado impacto político es reflejo del desgaste de su figura y la irrelevancia en que ha caído el gobierno.

La embestida del Mandatario en su último mes de gobierno Dragomir Yankovic/Aton Chile DRAGOMIR YANKOVIC/ATON CHILE

Apartir de esta semana comenzó la cuenta regresiva para el gobierno, considerando que ya resta menos de un mes para que el Presidente Gabriel Boric concluya su mandato. Se trata de un período que los gobiernos aprovechan para preparar el traspaso con los ministros de la administración entrante -es lo que de hecho ha venido ocurriendo, con encuentros entre los actuales y futuros secretarios de Estado que en general han fluido en un ambiente de cordialidad, lo que es una señal bienvenida- y donde los mandatarios suelen destinar sus últimas intervenciones para enfatizar las obras de su gestión, es decir, buscan “redondear” un legado, dejando que el protagonismo gradualmente lo adquiera el Presidente entrante.

Lejos de ello, el Mandatario ha decidido optar por una estrategia muy distinta, buscando tomar el protagonismo mediante una serie de embestidas hacia la oposición y también hacia el propio Presidente electo José Antonio Kast, lo que naturalmente ha generado un cruce de declaraciones entre los partidos de oposición y La Moneda que están llevando a que esta etapa final esté siendo más agitada de lo acostumbrado. Por de pronto, el Mandatario ya abrió una controversia con la sorpresiva inscripción de la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU -con el respaldo además de Brasil y México-, un paso que no fue sensibilizado con el Presidente electo, lo que se ha leído como una maniobra de último minuto de La Moneda para dejar “amarrado” a Kast y ponerlo en un dilema frente a sus partidos. También ha cargado especialmente en contra de la UDI, partido al que culpa de obstaculizar la aprobación del proyecto de sala cuna universal, que es uno de los legados que Boric anhela dejar, sin hacerse cargo de su propia responsabilidad en cuanto a no haber acelerado antes esta iniciativa y terminar legislando en las postrimerías. También se ha dado tiempo para criticar los planteamientos más ideológicos que el Presidente electo hizo en su reciente gira a Europa.

No deja de ser llamativo que esta inusual ofensiva comunicacional del Mandatario en general no haya sido acompañada por el resto de los partidos, ni siquiera por su propio gabinete, salvo por la secretaria General de Gobierno, quien ha tenido un rol activo estos últimos días criticando a la oposición y arengando en favor de la candidatura de Bachelet. Esta especie de batalla en solitario solo está confirmando el evidente desgaste y pérdida de peso político que ha experimentado la figura del Presidente Boric así como la irrelevancia en que ha caído su propio gobierno, lo que desde luego no es la mejor forma de terminar un mandato. Es cierto que sus declaraciones destempladas en algo pueden tensar el ambiente político, pero probablemente no alcanzarán para poner en riesgo la agenda legislativa que sigue pendiente en el Congreso, la cual ha seguido su curso y de seguro encontrará los espacios de negociación para ser aprobada, aun cuando ello no ocurra en el corto tiempo que le resta a esta legislatura. En cambio, sí ha generado el efecto de dañar la candidatura de Bachelet, porque al convertirla en un factor de división en la política interna le resta potencia y con ello merma sus posibilidades de triunfo, lo que como estrategia de campaña a la ONU es sencillamente una torpeza.

Consciente de la irrelevancia en que ha caído su gobierno y su propio liderazgo, el Mandatario parece haber optado por empezar a desempeñar anticipadamente una suerte de rol de jefe de la futura oposición antes que centrarse en su papel de jefe de Estado y procurar que su gobierno termine de la manera más digna posible. Pero incluso en este papel las señales tampoco son demasiado auspiciosas, pues hasta aquí no ha logrado movilizar a sus partidos para acompañarlo en esta ofensiva final.

En política es ampliamente conocido el “síndrome del pato cojo”, esa etapa donde los gobernantes que van de salida pierden influencia y las miradas inevitablemente se centran en la administración siguiente. En el caso del Presidente Boric y su gobierno probablemente este “síndrome” ha sido más acentuado -la dura derrota electoral experimentada en los recientes comicios fue en tal sentido un baño de realidad-, y por lo mismo lo que se esperaría es que en los días que restan los esfuerzos se concentren en asegurar un buen traspaso de mando y en tratar de seguir articulando acuerdos políticos en el Congreso para sacar adelante la agenda legislativa, antes que seguir insistiendo en tomar un protagonismo que a estas alturas ya no tiene mayor sentido.

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