Berlín, la ciudad de los récords

Ocho de las diez mejores marcas de todos los tiempos han sido conseguidas en la llana ciudad alemana, el paraíso de los fondistas.


La cifra no es casualidad. Antes de la espectacular hazaña de ayer de Eliud Kipchoge, Berlín fue el escenario de siete rebajas al récord mundial del maratón. Desde 2003, de hecho, todas las plusmarcas masculinas de la especialidad se han hecho sobre los 42k de la capital alemana. Paul Tergat ese año (2.04’55”), Haile Gebreselassie en 2007 y 2008 (2.04’26” y 2. 03’59”, respectivamente) Patrick Makau en 2011 (2.03’38”), Wilson Kipsang en 2013 (2.03’23”) y Dennis Kimetto en 2014 (2.02’57”) fueron antes los otros infatigables corredores que consiguieron la proeza.

Lo plano de su circuito, que apenas asciende a 20 metros desde la salida (y nunca más allá de los 52 metros sobre el nivel del mar), transformaron a la prueba en la favorita del fondismo mundial, que cada año ha buscado acercarse un poco más a la barrera de las dos horas. Y todo parece indicar que esa lucha del hombre contra la distancia continuará aquí mismo.

Por ello, Berlín es el gran desafío. Desde la salida del Tiergarten, todos sus participantes concuerdan en que al no correrse en una línea recta, sino que pasando por los principales hitos de la histórica ciudad, la carrera se hace muy llevadera mentalmente, una de las principales fortalezas para obtener un buen crono.

“Además, te ponen liebres de acuerdo al tiempo que quieras conseguir. Es una carrera donde todos van a buscar su mejor marca personal”, dice Víctor Aravena, el mejor chileno en el maratón de Río 2016 y que asegura que a partir de 2020, cuando se dedique definitivamente a los 42 kilómetros, buscará allí batir el récord de Chile. Liebres legales, eso sí. Que ayudan al récord de otro atleta, pero dentro de las normas homologadas por la IAAF.

La temperatura en Berlín durante septiembre, que a la hora de la carrera oscila entre los 11ºC y los 16ºC. es otro de los factores vitales para hacer aún más llevadera la prueba, que para premiar a todos sus corredores, al llegar a la meta, cruzando la mítica Puerta de Brandeburgo, entrega cervezas para todos. Y al ganador le ponen la corona de laurel.

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