Por Daniel BustosColo Colo, la U, Candelo y un picotón: a 20 años de una final histórica
El 2 de julio de 2006 el Cacique levantó su estrella 24 en una final ante la Universidad de Chile de Marcelo Salas. Figuras icónicas, un Nacional repleto y un penal inesperado marcaron para siempre esta definición.
Para la tarde del 2 de julio de 2006, el Estadio Nacional se llenó. El sector norte se colmó de hinchas de Colo Colo, mientras que en el sur los fanáticos de Universidad de Chile no se quedaron atrás. El reducto de Ñuñoa lucía una imagen de otros tiempos, con futboleros de ambos conjuntos en masa. Dentro de la cancha, los dos elencos más populares del país brindaron una de las finales con más morbo en la historia del fútbol chileno: el mítico equipo de Claudio Borghi, con figuras como Matías Fernández, Humberto Suazo y Claudio Bravo, venció en la final a la U, encabezada nada menos que por Marcelo Salas. De ese día transcurrieron exactos 20 años.
Para entender más el contexto de esta definición, cuatro días antes el Cacique y los azules ya se habían mostrado los dientes en la final de ida. El equipo dirigido por Gustavo Huerta comenzó ganando con un gol de cabeza del delantero colombiano Herly Alcázar a los 13’. Pero los albos reaccionaron en el segundo tiempo gracias a las gambetas y goles de Mati Fernández, quien fuera luego elegido el mejor jugador de América ese año: primero con un ajustado remate bajo a los 54’ y después con un impecable tiro a los 90’ que se le coló en el ángulo a Miguel Pinto en el arco norte. Era 2-1 para los de Macul, pero todo quedaba abierto para la vuelta.
Un duelo parejo que Salas casi cambió
El equipo del Bichi Borghi llegaba a esta final en el Nacional tras una brillante fase regular, en la que lideraron el Grupo C (en ese torneo los clubes se dividían en zonas para buscar la clasificación a playoffs) y la tabla general con 40 puntos. En tanto, en la fase final, dejaron en el camino a Unión Española por un marcador global de 9-0 y luego a Universidad de Concepción. Por su parte, el equipo de Marcelo Salas y compañía también mostró sus credenciales, ya que en los cuartos de final del certamen eliminó a la UC de Jorge Pellicer, campeón del torneo anterior, en dos vibrantes duelos, y en semis se impuso a Huachipato con una llamativa victoria por 6-1.
Ese 2 de julio, el clásico 3-6-1 del Cacique en ese semestre estuvo configurado por Claudio Bravo en su último partido en el arco del club que lo formó: Luis Mena, David Henríquez y el colombiano Andrés González en la defensa; Rodrigo Meléndez, Arturo Sanhueza, Álvaro Ormeño, Gonzalo Fierro, Jorge Valdivia y Matías Fernández en la mitad de la cancha; Humberto Suazo en la delantera. Por su parte, Gustavo Huerta hizo frente en Ñuñoa con un 4-4-2, el que estuvo compuesto por Miguel Pinto en la portería; Marcelo Díaz, Adrián Rojas, Waldo Ponce y Rodrigo Jara; Luis Pedro Figueroa, Patricio Ormazábal, Manuel Iturra y Hugo Droguett en el mediocampo; Cristián Canío y Marcelo Salas en el ataque.
A pesar de las llegadas en la primera parte, ambos equipos no se hicieron daño, algo que atentaba contra el objetivo de la U de igualar la serie. Con este panorama, Huerta puso más cartas ofensivas sobre la mesa e hizo ingresar a los 48’ al volante colombiano Mayer Candelo, quien venía de anotar en el clásico universitario: se enfrentó a Sanhueza y Meléndez, casi clavó dos tiros libres, pero terminó siendo el gran villano de la final.
A los 70’, los azules encontraron premio a su insistencia. Salas filtró un pase hacia la banda derecha para Marcelo Díaz, quien desbordó y centró fuerte, al corazón del área. El balón pasó a Bravo y a la defensa alba, y en el segundo palo fue atacado por Luis Pedro Figueroa, quien marcó la apertura de la cuenta e igualó la final en el global.
Sin embargo, toda esta historia de felicidad para los hinchas de Colo Colo pudo ser muy distinta. Minutos antes de que Rubén Selman pitara el final del partido y enviara la definición a los lanzamientos penales, Marcelo Salas estuvo a centímetros de quedarse con el título. Figueroa lanzó desde la derecha un centro exigido, Andrés González perdió la marca del Matador y el delantero cabeceó en el área. El balón se fue apenas desviado del poste izquierdo de Claudio Bravo.

Candelo y una locura que sentenció su destino
Entre nervios, la tanda de penales se disputó en el arco norte del Estadio Nacional. Matí Fernández abrió la serie de manera exitosa para los albos, luego Salas la igualó para los azules y posteriormente Chupete Suazo puso arriba otra vez al Cacique. La pesadilla azul comenzó en su segundo lanzamiento, porque Hugo Droguett falló su penal, pero cuando los de Macul podían ampliar su ventaja, Pinto le atajó el penal a Luis Mena.
Las cosas estaban 2-1 a favor de Colo Colo y Mayer Candelo abandonó a sus compañeros en la mitad de la cancha para caminar hacia el área, con la misión de igualar la cuenta. El colombiano, que llegó ese semestre como refuerzo desde Deportes Tolima y que hizo un buen segundo tiempo, tomó aire, trotó para definir y, al impactar la pelota, decidió hacerlo de manera suave, picando su lanzamiento al medio del arco. La historia ya es conocida: Bravo, que se había tirado levemente a su izquierda, frenó, tomó impulso desde el césped y manoteó el balón, el que pegó en el poste y salió. La canchera definición del nacido en Cali hizo estallar el codo norte y también al futuro capitán de la selección chilena, quien corrió con furia a celebrar una hazaña que perdura.
Gonzalo Fierro y Luis Pedro Figueroa anotaron para albos y azules respectivamente y todo quedó en los pies de Miguel Aceval, que por esas cosas del destino tuvo que definir en más de una oportunidad tandas de penales. El zurdo abrió el pie para un disparo bajo, a la derecha de Pinto, que voló hacia el otro lado. Apenas unos segundos después de que el balón tocó la red, con Aceval comenzando el abrazo con sus compañeros, los fuegos artificiales ya ensordecían el Estadio Nacional. La estrella 24 de Colo Colo ya era una realidad.

El primero del tetracampeonato
La final del 2 de julio no solo significó volver a vencer al clásico rival en una definición de Primera División, sino que también fue el fin de la sequía de títulos del Popular, que no levantaba una copa desde 2002, en el denominado “campeón en la quiebra”. Además, fue el inicio de una racha histórica para el club y el fútbol chileno, que encadenó cuatro trofeos seguidos, algo inédito hasta ese entonces.
Como si fuera poco, todos estos éxitos reportaron suculentas ventas para Blanco y Negro, que comenzaba su proceso en Colo Colo. Tras esa final, Claudio Bravo fue transferido a la Real Sociedad por 1,5 millones de dólares y Jorge Valdivia pasó a Palmeiras a cambio de 3,5 millones de la moneda estadounidense. Meses después, Matías Fernández, que brilló en la Copa Sudamericana 2006, se marchó a Villarreal, en ese momento dirigido por Manuel Pellegrini, por 9 millones de dólares. Al año siguiente, Humberto Suazo se marchó a Monterrey por 5 millones y Arturo Vidal a Bayer Leverkusen por más de 7 millones por el 70% de su pase.
En la otra vereda, fue el comienzo de un periodo complejo, en lo económico y deportivo. Los estudiantiles no volvieron a estar cerca de una definición por el título y recién en 2009 levantaron nuevamente la copa en Primera División.
En tanto, el colombiano Mayer Candelo se marchó a Universitario de Perú. Ese penal terminó con su estadía en Chile. Sin embargo, no se arrepiente: “Llegamos a la final e hice una locura, que fue botar el penal. Digo locura porque lo boté, pero era mi estilo y no me arrepiento de nada ni me siento mal. Lo único que me dolió fue no darle la alegría a esos hinchas y a esa institución tan maravillosa, pero no me lo recriminaré nunca, así los pateé en todos lados y así los hice y así los fallé”, dijo hace unos años.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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