La odisea de 23 mil kilómetros de un futbolista chileno y su pareja embarazada para escapar del Coronavirus en Indonesia

Yashir Pinto en su hogar.

Del país asiático, donde ya hay 399 fallecidos por Covid-19, a Chile. Literalmente un mundo de distancia. Yashir Islame Pinto, hoy en cuarentena, relata su travesía para regresar al país.




Antes de poder hablar desde la tranquilidad de su casa, en la que está terminando una cuarentena obligatoria, Yashir Pinto, o Yashir Islame, como se rebautizó, tuvo que literalmente atravesar el mundo en un viaje de más de 23.000 kilómetros para retornar a Chile desde Indonesia, país donde defiende al PS Barito Putera, que frenó todas sus actividades a causa del coronavirus y del que el delantero optó por no vivirlo en el sudeste asiático.

Al teléfono desde su encierro, el ex seleccionado Sub 20 chileno y actual internacional con el combinado de Palestina relata la travesía que junto a su pareja, con cuatro meses de embarazo a cuestas, hicieron de regreso a casa, la que incluyó un periplo por cuatro continentes, más de 33 horas de viaje y muchos momentos de incertidumbre antes de aterrizar el 31 de marzo, día desde el que hacen cuarentena obligatoria. Una verdadera odisea.

¿Por qué decide volver?

Fueron varias cosas. Mi novia se venía a Chile vía Australia el 20 de marzo, pero el día que la fui a dejar al aeropuerto, ese país cerró las fronteras y no la dejaron viajar y ahí nos encontramos con 150 chilenos en la misma situación, que incluso hicieron un grupo para hablar. Volvimos y empecé a ver que la cosa se estaba poniendo más complicada, que todos los países cerraban fronteras. Y las líneas aéreas dejaron de volar. Además, el club que nos dio dos meses libres. Al principio no lo tenía contemplado, pero como iba a ser un viaje largo decidí acompañar a mi novia, porque encima está embarazada de cuatro meses y era muy riesgoso que viajara sola.

¿Sus familias les pedían que se vinieran?

Cuando empezó todo y se conocieron los problemas en Italia y España nos empezamos a asustar porque Indonesia tiene mucha gente. Siento que no están preparados para esta pandemia. Y que mi novia no pudiera viajar significó que en Chile se pusieran nerviosos. Y además estaban las noticias.

¿Le daba susto pasar la pandemia allá?

Siento que tomamos una buena decisión porque Chile tiene muchos menos habitantes, y en la medicina es mucho más avanzado. Prefiero que estemos acá, porque además estamos cerca de nuestras familias y con el mismo idioma.

¿Cómo se vivía la pandemia allá?

Lo que me asustó es que la tasa de mortalidad era muy alta. Llega casi al 10%. Y el balance que hacen, de 3.000 contagiados, es imposible (hoy son 4.557 contagiados y 399 fallecidos). Hay muchos más de los que se están informando. Y había muy poco control. La gente seguía haciendo la vida normal. Ahora mis compañeros me cuentan que está todo un poco más restringido, pero recién después de un mes.

¿Cómo fue la gestión para venirse?

Todo por cuenta propia, aunque el Cónsul chileno en México nos ayudó mucho. Antes de eso, la información que nos entregaban en Indonesia era confusa, nunca clara y daban opciones de rutas que no eran viables. Teníamos contacto con la Cónsul y mi novia estaba en un grupo con todos los chilenos varados allá. Como nadie daba soluciones empezamos a buscar por nuestros medios. Entremedio se permitió un breve tránsito por Australia, pero muy poquitos alcanzaron y aparte las líneas aéreas ya no estaban viajando, entonces era bien complicado poder salir. Quizás podías llegar al punto B de tu viaje, pero después ya no podías ir del B al C. Hasta que un chileno nos contó que lo logró por Japón y Estados Unidos, pero después ellos también prohibieron el tránsito y dimos con la variable de Ciudad de México.

¿Cómo fue el viaje?

Fue eterno: Yakarta, Tokio, Ciudad de México y Santiago. Gracias a Dios salió todo bien. No hemos podido ver a nadie, pero estamos cerca de la familia y eso hace sentir bien. Nos demoramos 33 horas. El viaje final de Ciudad de México a Santiago fue solo para chilenos o residentes en Chile. Fue un viaje gestionado solo para repatriar. Y todo el viaje, desde Yacarta, fue súper extraño: aeropuertos vacíos, gente durmiendo en ellos, todo cerrado. Necesitaba cambiar plata y no pude. Y en las pantallas de todos lados solo veías “cancelado”.

¿Tuvo susto en algún tramo?

Ahora me río porque ya pasó, pero la tendencia de todo el viaje fue así: nos aliviamos cuando salíamos de Yacarta. Llegamos a Tokio y logramos salir a México, otro alivio. Y ya a Chile fue como, ‘uf, al fin’. En los aeropuertos era todo bien estresante por no saber si podríamos ir al otro destino. Y llegar a Chile hizo que uno se relajara.

¿Cómo fue el control a su llegada a Chile?

En redes sociales decían que no se estaban tomando medidas correctas, pero lo que me tocó a mí, según mi punto de vista, estaba bien hecho. Salías del avión y te hacían mantener distancia, con gente dando órdenes. Después te tomaban la temperatura y luego te daban instrucciones y los pasos a seguir en caso de sentirte mal. Y ahí el salvoconducto para ir a casa. Estamos encerrados con mi novia desde ese día.

¿Cómo es el día a día de su cuarentena?

No hemos salido. Hemos tratado de seguir las instrucciones al pie de la letra, pidiendo cosas a la casa, nuestra familia nos ayuda con mercadería. Mi cuñada viene, nos deja una caja en la puerta, la llena de Lisoform y se va. Y cuando se sube al auto salgo a buscar las cosas. Y hacemos harta videollamada con amigos y familia para sentir el afecto lo más cercano posible. Mi novia estudia y yo también, contabilidad. Se me hace más fácil. Leo, juego Play Station, cocinamos. Y tengo una pauta de entrenamiento que manda mi club, me tengo que grabar y mandarla.

Si su liga se suspende definitivamente, ¿qué hará?

Creo que no se va a jugar. Y si se juega, con suerte será una rueda. Estoy mirando qué opciones tomaré, pero viene todo el tema de los salarios, ya se habla que lo harán. Hay mucha gente que está quedando sin trabajo y uno no está ajeno. Uno se tiene que poner en la situación del otro, nadie esperaba esto. Y no sé, uno ve sus opciones. Estoy en primer año de contabilidad y aún no puedo usarlo para trabajar. Es extraño, porque empecé a jugar a los 11 años y nunca trabajé en otra cosa. Me pilla totalmente de sorpresa, algo se me irá a ocurrir.

¿Tienen que ver no haber hecho otra cosa con decidir estudiar contabilidad?

Quiero tener más conocimiento sobre administración y la contabilidad me permite ampliar mis opciones. Si mañana quiero intentar un negocio, me ayudará, si quiero poner una escuela de fútbol, también. No sé si ejerceré, pero quiero tener herramientas para decidir. Para todo se necesita entender de administración. Me ha servido para ahorrar, para gestionar en qué gasto. Cuando uno es más chico piensa que el fútbol le va a durar eternamente y hoy, que estoy más maduro, siento que hay que tener herramientas para cuando el fútbol se acabe.

Hace algunos días explotó el volcán Krakatoa, ¿supo de algún cercano afectado?

No sé mucho, porque ese volcán está cerca de Sumatra, y yo vivo en Borneo, que queda lejos.

¿En Palestina tiene más reconocimiento que acá?

No sé si reconocimiento. Hoy me preocupo de ser feliz, de jugar, de divertirme, que es por lo que uno empieza a jugar. Me tocó la suerte de salir de un equipo grande y eso viene con un montón de cosas que si no estás preparado, te pasan la cuenta.

¿A usted le pasó esa cuenta?

Siento que sí, porque el entorno, a veces los representantes o uno mismo, porque uno es el que decide, el que firma contratos, el que dice dónde jugar… Y si no estás preparado te pasa la cuenta. Yo sentía que tenía que tener más minutos, pero hay etapas que uno tiene que quemar y si te apuras no pasas los procesos como se debe y eso hace que no rindas cuando tienes que demostrar.

¿Se ha imaginado enfrentando a Chile?

Es un sueño. Sería muy lindo por todo lo que significa Palestina en Chile.

¿En el Sudeste ha sido más feliz que en el fútbol chileno?

Me siento bien, me he adaptado rápido. Muchos creen que es fácil jugar allá, pero no lo es porque son muchas condicionantes diferentes, mucho calor, mucha humedad. Y si bien tácticamente no son muy disciplinados, corren los 90 minutos, luchan y te vuelven loco. Te llegan de dos o tres. Y la gente le exige a los extranjeros, siempre tenemos que jugar –y bien- todos los partidos. Es harta presión. Pero siento que es un buen lugar y la gente me tiene mucho cariño. Y lo otro es que cada seis meses cambian a los extranjeros. Mantenerse es difícil y creo que lo he logrado a base al trabajo. Además me gusta mucho la cultura, así que estoy muy feliz.

Yashir Islame (a la derecha) celebra tras asistir en el gol de un compañero. Foto: @psbaritoputeraofficial/Instagram.

¿Se gana buen dinero en ligas así?

Me sirve. La parte económica siempre, como futbolista, la tenemos que ver, porque es una carrera corta. A nosotros a los 32 o 33 nos dicen que estamos viejos. Cuando me llegó la oferta de Malasia me daba miedo porque no conocía, pero económicamente me servía, la tomé y he aprovechado.

¿Imaginaba su carrera de otra forma?

Si me preguntabas cuando chico si pensaba que a los 29 iba a jugar en Malasia, Indonesia, Hungría o Canadá, te hubiera dicho que no, porque a los 18 años fui a una prueba en el Friburgo, luego al Twentee y por motivos anexos no se cerraron esas contrataciones. No pasó por mí ni por mi nivel, fue gestión de los clubes. Colo Colo pidió más plata. Pero siempre he sido ben aventurero. Siempre he tratado, si me salen buenas oportunidades, ir a lugares nuevos. Uno tiene que tratar de enriquecerse lo que más pueda.

Su generación, la de Arequipa 2011, salvo excepciones, se diluyó, ¿por qué cree que ocurrió así?

Esa selección tenía buenos jugadores. La gente siempre nos mata porque no llegamos al Mundial, pero estuvimos a un punto de clasificar. Y después es un tema de oportunidades, porque hay algunos que juegan bien y harto, como Pinares, Reyes, Márquez, Casanova, Gallegos… los de provincia siguieron jugando, porque siempre tuvieron continuidad. A los que nos costó más fue a los de equipos grandes. Volvimos del Sudamericano y no jugábamos. No teníamos muchas posibilidades en el primer equipo. Ahora, también influye que uno toma malas decisiones. Yo después del Sudamericano me terminé yendo a Canadá, una decisión totalmente errónea.

¿Se arrepiente?

No tanto, porque me dio la posibilidad de aprender inglés, ver otra cultura, otro fútbol. Quizás en ese momento no era la decisión adecuada. Quizás debí ir a préstamo a algún equipo de Chile donde tener continuidad si en Colo Colo no tenía.

¿Por qué se da eso en Colo Colo?

Es difícil, sobre todo para los delanteros, porque siempre traen extranjeros. La gente exige pelear torneos y ahora que juego afuera, entiendo que las posiciones donde más extranjeros se traen son delanteros, volante ofensivo y central. De grande lo entiendo, quizás en ese momento no y por eso uno va tomando decisiones equivocadas.

Esa falta de continuidad ahora la sufre Iván Morales.

A veces siento que el mismo entorno de los jugadores, llámese representantes, amigos, familia, como que a uno lo nublan un poco. A eso voy con el tema de los procesos. Él tiene a jugadores como Paredes, Blandi o Parraguez. Quizás es un buen momento para que vaya a otro equipo y juegue. En Colo Colo es más difícil que en otros lados, no es que él sea un mal jugador. Ahí es donde uno tiene que tener buenos asesores y buscar un lugar donde jugar más. Por ejemplo él, entre quedarse en Colo y jugar 10 o 15 minutos, a ir a un equipo como Unión Española o Everton, donde tenga posibilidades y rinda, lógicamente al final Colo Colo lo va a pedir de vuelta. Por eso digo que el entorno es importante y uno tiene que estar preparado para tomar esas decisiones, ser maduro y entender que es difícil jugar.

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