La Roja que nadie vio

Bravo-Vidal

En un estadio casi vacío, Vidal estrenó capitanía como titular con Rueda, aunque el que dio las instrucciones en el círculo inicial fue de nuevo Bravo.




Más que un amistoso internacional, se diría que Alicante acoge un entrenamiento a puerta cerrada. Pero las puertas estaban abiertas. Pocas veces lo habían estado tanto. Los estacionamientos, vacíos; las taquillas, cerradas; los quioscos, abandonados y las gradas, vacías. La gratuidad del encuentro no se corresponde en modo alguno con el aspecto que presenta el Rico Pérez. Alrededor de 200 hinchas chilenos y no más de un veintena de fanáticos guineanos pueblan las lánguidas tribunas.

Chile hace su aparición sobre el terreno capitaneado -esta vez en sentido estricto, literal- por un sonriente Arturo Vidal. Rueda tenía que decidir y da como ganador del gallito por la jineta al Rey.

La motivación de Vidal es evidente. Su lenguaje gestual le delata. Bromea con Meneses, dialoga con Parot y se queda después mirando un rato al cielo, como demandando un mandato tranquilo. La reducida pero esforzada hinchada de la Roja corea su nombre. Y el centrocampista corresponde con un gesto cómplice.

Cuando los himnos, Vidal cierra los ojos. Lleva en las manos una bandera chilena. Muy cerca, Claudio Bravo sostiene su toalla.

En el saludo de los capitanes y el intercambio de obsequios, el equipo chileno forma ya en círculo para la tradicional arenga. Los jugadores no esperan al capitán y forman el clásico círculo motivacional. La arenga corre a cargo de Claudio Bravo. Cuando llega Vidal, el discurso siguen siendo del arquero y el volante se limita a abrazarse y mirar. Así se reparten las funciones. Vidal lleva la jineta, al foto oficial, pero el arquero del City se reserva las consignas y las instrucciones. Tras el pelotazo del Rey a la tribuna, arranca el partido.

"¡Solo!, ¡solo!, ¡solo!", vocifera Bravo a Sierralta, que conduce el balón en la salida chilena. "¡Más rápido, más rápido!", reprende a Maripán; mientras Vidal retrasa cada vez más su posición, con el transcurso de los minutos, para entrar en contacto con la pelota. Está motivado. Se incorpora al ataque, ejecuta con rapidez algunos saques de banda y reparte instrucciones al tridente de ataque.

A los 20 minutos ensaya su primer remate. Alto. Y aprieta los puños en señal de enojo. Cinco minutos después provoca un tiro libre, pero se lo cede a Pulgar. Es también un capitán piadoso. A los 35 prueba con un cabezazo que se pierde por encima del travesaño, y su grito de impotencia resuena. La frustración comienza a apoderarse de él, mientras Claudio Bravo, en la otra esquina de la cancha, sigue a lo suyo, ordenar la defensa.

El gol de Guinea, a los 38, muda el panorama. Y se producen las primeras reprimendas del capitán a sus compañeros en el círculo central. En el entretiempo, Bravo y Arturo se retiran cabizbajos.

La segunda mitad presenta a un Vidal distinto. Ya no hay sonrisa en su rostro, ni gestos cómplices a la tribuna. Pero los goles lo cambian todo, y Chile consigue tres en un corto espacio de tiempo. Tras el primero, el del empate, el volante del Barcelona es el encargado de recoger con celeridad el esférico de las redes. Tras el segundo, llega el desahogo grupal, liderado también por Vidal. El tercero, de penal, lleva su rúbrica. Y ahí vuelve a asomar su sonrisa ganadora. El Rey es felicitado uno a uno por cada uno de sus compañeros, a excepción de Bravo, que realiza un gesto desde la distancia.

Con la llegada de la recta final y el segundo tanto de Guinea, Vidal se pone el overol de trabajo por encima de la jineta, pero es Bravo, con una atajada providencial con el tiempo ya cumplido, el que termina salvando la victoria.

"La capitanía me da igual"

Bravo le bajó el perfil al debate. Dijo que le da lo mismo la capitanía, que la jineta es un mero distintivo y que tiene claro su rol. "La capitanía me da exactamente igual. Me sumé de los últimos al grupo... No conozco el trabajo", dijo. Y añadió: "Mi rol no cambia. De hablarle a todos, de mi forma de trabajar. Eso no tiene nada que ver con llevar un brazalete". Además, el golero del Manchester City le puso suspenso a su permanencia en el equipo de cara al futuro.

"No sé si estaré en las Eliminatorias. No sé si voy a estar convocado... Si me llaman, bienvenido. Y si no, bienvenido también". En tanto, dejó en claro su sentir respecto de las escasos rostros de renovación de la escuadra. "La idea es tener jugadores en equipos top, clase A o B en Europa... La sensación que tenemos los más grandes es que aún nos queda para seguir aportando", cerró.

"Es bonito, pero no es lo mío"

Para Vidal, así como para Bravo, la capitanía de la Selección tampoco es tan relevante. "Me dieron la responsabilidad, pero no es nada importante. Lo que vale es dar todo en la cancha", dijo el del Barcelona. "Es bonito, pero no es lo mío. Lo mío es ayudar al equipo a ganar y a clasificar al Mundial", añadió. Más claro imposible. El Rey también fue crítico del nivel de la Roja y de sus jugadores. "

Tenemos que mejorar mucho para las Eliminatorias o lo vamos a pasar mal", enfatizó. "Sabemos que tenemos mucho que corregir. Tenemos que estar en el mejor momento para cuando empiecen los partidos de verdad", acotó. "En este momento las cosas no están funcionando tan bien, pero se puede mejorar. Sabemos que tenemos que dar más y pelear por los puestos en nuestros equipos. Hay que hacerlo si queremos pelear las clasificatorias", culminó.

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