Rusia 2018

Un arco que quema

De Gea, señalado como el responsable del empate ante Portugal, volverá a custodiar ante Irán el pórtico de España, tradicionalmente inestable en torneos internacionales.


Antes del comienzo del Mundial, el único puesto que generaba controversia, la única posición que era objeto real de debate en España, estaba en la delantera. Pero 90 minutos y un empate después (evitable, por cierto, ante Portugal) todo parece haber cambiado. El nueve de la selección española es hoy Diego Costa (empoderado tras su fantástico partido inaugural), y todas las dudas, suspicacias y recelos apuntan ahora en una única dirección, el arco que esta tarde volverá a defender David De Gea (27).

Y es que el partido del guardameta del United (un manojo de nervios) ante el combinado luso (con regalo incluido a Cristiano para el 2-1 parcial y mirada contemplativa en el 3-3 final) fue sencillamente espantoso. Un cometido, coronado con una serie de salidas inexplicables y a destiempo que -pese al arrope implacable encabezado por el seleccionador interino- ha hecho aflorar en España la sombra de la duda. Dicho de otro modo; el portero mejor pagado del mundo (lo será esta temporada cuando estampe su firma en el contrato de renovación con los Diablos Rojos asegurándose un ingreso anual de 21 millones de euros) ya no inspira seguridad alguna. Pero seguirá siendo de la partida. “La decisión está en mi cabeza y lo tengo claro, clarísimo”, manifestaba ayer Fernando Hierro, dando por cerrada la polémica y trasladando todo su apoyo a un golero que, dicho sea de paso, tampoco cuenta con demasiada competencia. Y es que sus potenciales reemplazantes son hoy el joven Kepa (23), que registra apenas dos temporadas en Primera, y Pepe Reina (35), que además de arrastrar molestias cervicales hace tiempo que figura en las citaciones más por su condición de animador del camarín que por representar una alternativa fiable. Una mala planificación que señala directamente a Julen Lopetegui, el DT saliente.

Pero el preocupante desempeño de De Gea ante Portugal, además de instaurar un nuevo debate, ha desenterrado en el seno del combinado español viejos fantasmas del pasado.

La sombra del legendario Zubizarreta, cuyo clamoroso error (un autogol en la derrota 2-3 ante Nigeria) terminó por dejar a España fuera del Mundial de Francia 98 en la fase de grupos (y gatillando su despedida definitiva de la selección). La de Molina, que en el debut en la Eurocopa 2000 regaló con una horrible salida un triunfo por la mínima a Noruega que acabó costándole la titularidad en detrimento de Cañizares. La del propio Cañizares, autolesionado con un frasco de colonia días antes del inicio del Mundial de Corea y Japón 2002 y obligado a entregar el testigo bajo palos a Casillas. O la más reciente y traumática de Iker, que tras dos sólidas presentaciones en Copas del Mundo, terminó desapareciendo para siempre de la titularidad de la selección española (y posteriormente también de las citaciones) luego de recibir siete goles en dos partidos (de Holanda y de Chile) en Brasil 2014.

Cuatro estigmas que marcaron el destino de España en cuatro torneos internacionales. Y también la suerte de cuatro arqueros que, como De Gea, acabaron calcinados bajo los palos de un arco que quema.

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