Por María Elba ChahuánCooperar: la fuerza que necesitan los pequeños para enfrentar los desafíos de hoy

Vivimos tiempos complejos para quienes emprenden. Los pequeños negocios deben competir en mercados cada vez más concentrados, enfrentar el aumento de costos, adaptarse a la transformación digital y responder a consumidores cada vez más exigentes. Muchas veces, la sensación es que las reglas del juego favorecen a quienes tienen más recursos, más infraestructura y más poder de negociación.
Sin embargo, existe una fórmula que ha demostrado durante décadas que es posible equilibrar la cancha: la cooperación.
Cuando hablamos de cooperativas, no hablamos solo de una estructura jurídica, sino de una forma distinta de entender el desarrollo económico. Una manera de demostrar que competir no necesariamente significa hacerlo solos y que colaborar puede ser la mejor estrategia para crecer.
Las cooperativas permiten que pequeños productores, comerciantes, agricultores, emprendedores y trabajadores unan fuerzas para acceder a mejores oportunidades. Juntos pueden comprar insumos a menor costo, acceder a financiamiento, compartir infraestructura, abrir nuevos mercados y fortalecer su capacidad de negociación frente a actores de mayor tamaño.
Lo que para una pyme es imposible de alcanzar individualmente, muchas veces se vuelve viable cuando existe una comunidad organizada detrás.
Chile necesita avanzar con decisión hacia modelos que promuevan la asociatividad. Porque cuando un emprendedor crece, genera empleo. Cuando una pyme se fortalece, dinamiza la economía local. Y cuando cientos de pequeñas empresas logran desarrollarse juntas, el impacto alcanza a comunidades completas.
En un país donde las micro, pequeñas y medianas empresas representan la inmensa mayoría de las unidades productivas, resulta fundamental generar mecanismos que les permitan aumentar su competitividad. No podemos seguir esperando que enfrenten solos desafíos que, por su naturaleza, requieren soluciones colectivas.
Las cooperativas son también una herramienta de inclusión. Permiten que personas que muchas veces quedan fuera de los circuitos tradicionales de financiamiento o desarrollo empresarial puedan acceder a oportunidades reales de crecimiento. Son una puerta para democratizar la economía y distribuir de mejor manera las posibilidades de progreso.
Desde Unión Emprendedora hemos sido testigos del enorme potencial que existe cuando los emprendedores dejan de verse como competidores y comienzan a reconocerse como aliados. Las experiencias más exitosas suelen tener un elemento común: la capacidad de construir redes, generar confianza y trabajar por objetivos compartidos.
El futuro del emprendimiento no depende únicamente de la innovación tecnológica o del acceso al capital. También depende de nuestra capacidad de colaborar. Porque los grandes desafíos que enfrentan las pymes difícilmente podrán resolverse desde el individualismo.
Hoy, más que nunca, vale la pena recordar una idea simple, pero poderosa: cuando los pequeños se unen, dejan de ser pequeños. La cooperación transforma debilidades individuales en fortalezas colectivas y abre oportunidades que de otra forma serían inalcanzables.
Fortalecer la asociatividad no solo beneficia a quienes emprenden. También contribuye a construir una economía más resiliente, más inclusiva y con mayores oportunidades para todos. Porque cuando cooperamos, todos tenemos más posibilidades de prosperar.
Por María Elba Chahuán, vicepresidenta y fundadora de Unión Emprendedora
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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