Innovar para crecer: una tarea colectiva
En un país con productividad estancada y competencia global creciente, la innovación dejó de ser un atributo deseable para convertirse en condición de sobrevivencia. La clave no está en innovar por innovar, sino en articular empresa, academia y Estado en torno a problemas concretos.

Cada 21 de abril se conmemora el Día Mundial de la Creatividad y la Innovación, una fecha que, más que una celebración simbólica, debiera invitarnos a una reflexión profunda sobre el rol que estas capacidades juegan en el desarrollo económico y social de Chile.
Durante años, hemos entendido la innovación como un atributo deseable, casi accesorio. Sin embargo, en el contexto actual —marcado por una productividad estancada, una creciente competencia global y una aceleración tecnológica sin precedentes— innovar ya no es opcional: es una condición para sobrevivir y crecer.
Las empresas lo están entendiendo. Aquellas organizaciones que integran la innovación en su estrategia no solo logran adaptarse mejor a los cambios, sino que también generan nuevas fuentes de valor, diversifican sus ingresos y fortalecen su resiliencia. Innovar no es solo desarrollar nuevos productos; es repensar procesos, modelos de negocio y, sobre todo, la forma en que se crea valor para la sociedad.
Pero la innovación no ocurre en el vacío. Requiere de un ecosistema articulado, donde distintos actores cumplen roles complementarios. Desde ICARE, y en particular desde su Círculo de Innovación, hemos impulsado una mirada que pone a la sociedad civil en el centro. Esto no es trivial: innovar sin entender las necesidades reales de las personas es simplemente innovar a ciegas.
En este esfuerzo, las empresas tienen la capacidad de escalar soluciones y llevarlas al mercado; la academia, por su parte, cumple un rol fundamental en la generación de conocimiento y en la formación de talento con las herramientas necesarias para enfrentar los desafíos del futuro. Y el Estado, a través de políticas públicas y financiamiento, puede acelerar o frenar este proceso.
La clave está en la articulación. No basta con que cada actor avance por separado. Necesitamos espacios de encuentro, confianza y colaboración que permitan traducir el conocimiento en impacto real. Iniciativas como las impulsadas desde ICARE buscan precisamente eso: conectar mundos que históricamente han operado en silos.
Si queremos dar un salto en productividad —uno de los grandes desafíos de nuestro país— debemos entender que la innovación es el principal motor para lograrlo. Pero no cualquier innovación: una que sea pertinente, colaborativa y orientada a resolver problemas concretos.
Hoy, en el Día de la Creatividad y la Innovación, la invitación es clara: pasar del discurso a la acción. A construir, entre todos, un ecosistema donde innovar no sea la excepción, sino la regla.
Porque en un mundo que avanza cada vez más rápido, la mayor amenaza no es equivocarse al innovar, sino quedarse inmóvil.
Por Anil Sadarangani, director de Innovación de la Universidad de los Andes, y Daniel Daccarett, cofundador de EtM.
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