“Antes el análisis de las noticias era un rol reservado para los hombres”

Foto: Mario Téllez

Mónica Rincón, Constanza Santa María y Consuelo Saavedra, las tres periodistas mejor evaluadas de la televisión analizan el nuevo perfil de las conductoras de noticiarios, la sororidad en su gremio y cómo es ser feministas en un medio que se asocia a la objetivización de las mujeres.


Pese a que se enfrentan a diario en pantalla desde distintas trincheras, cuando Consuelo Saavedra (48), Mónica Rincón (42) y Constanza Santa María (45) comparten la misma sala, el ambiente es pura camaradería y de inmediato fluyen anécdotas de coberturas compartidas, preguntas sobre sus respectivas familias y hasta uno que otro dato útil para la pauta del día. En un medio donde la competencia es diaria y a ratos feroz, las conductoras de los noticiarios de TVN, CNN Chile y Canal 13 creen firmemente en la sororidad en el gremio.

¿Qué significa para ustedes ser escogidas como mujeres influyentes en su ámbito?

Consuelo Saavedra: Lo siento como una responsabilidad, porque uno se tiene que hacer cargo de lo que provoca en los demás y las tres trabajamos al servicio de las personas. Lo que hacemos es siempre teniendo en mente lo que a la gente le sirve saber, y que eso se retribuya me pone contenta, pero también una vara bien alta respecto del trabajo que uno hace.

Mónica Rincón: Lo veo como una responsabilidad y, al mismo tiempo, un reconocimiento a los equipos, porque uno no se construye solo. Esto tiene que ver con el trabajo que hicieron todos y con los medios en los que estamos, que te permiten tener una plataforma desde donde ejercer un rol público, que le da coherencia a lo que uno opina o informa. No hay nada más periodístico que darles voz a los que no la tienen y en ese sentido somos representantes de equipos.

Constanza Santa María: Creo que esta influencia tiene que ver con que somos las que ponemos la cara, pero uno no se tiene que olvidar que es porque cumplimos un rol social y un rol en los medios donde trabajamos. Es un honor que hay que aprovechar, en el sentido de poder poner temas sobre la mesa que a la gente le importen, le interesen y sean relevantes. Si uno puede usar la influencia en eso, creo que es utilizarla bien.

¿Creen haber abierto la puerta para un perfil distinto de conductora de noticias en televisión, más protagónico y opinante?

CS: Lo que veo es un fenómeno más reciente, de hace unos cinco años, de mujeres que hacen análisis y contextualización, que antes era un rol reservado para los hombres. Eso se ha ido instalando de manera más generalizada en el último tiempo y, en ese sentido, es posible que nosotras seamos tributarias y hayamos ayudado a crear eso. Hoy, en cualquier medio de comunicación hay cada vez más columnistas mujeres, y en la radio y la televisión cumplen un rol que hasta hace unos años no se veía.

MR: Antes a la mujer se la limitaba a hablar de “temas de mujer”, y hoy están hablando de economía, de ciencias. Eso es parte de la labor periodística también: diversificar las fuentes de información. En ese sentido, si uno puede hacer algo por abrirle puertas a otras, ideal. Pero también agradezco mucho a las que nos abrieron puertas a nosotras. Desde las sufragistas hasta periodistas como Mónica González, María Olivia Monckeberg, Pilar Bernstein y Raquel Correa. Esta es una construcción que viene desde hace dos décadas y me siento agradecida de las colegas que me han enseñado.

¿Dirían que existe sororidad entre las periodistas de televisión?

CS: A mí me cuesta mucho competir con mujeres, por esto de la hermandad. Hay veces en que me he llevado pésimo con una colega, porque soy muy sincera, un poquito frontal incluso. Y aunque siempre voy a poner mi pega por delante, en el sentido de que si tengo un “golpe” voy a sacarlo, recuerdo algunas coberturas con colegas hombres y haber dicho: “Lo maté” (ríe). Con una colega mujer no se siente esa satisfacción.

MR: Aquí hay dos colegas a las que también tengo que agradecerles, que me han dado la mano en situaciones profesionales e incluso cuando he vivido momentos personales jodidos. La Consuelo me prestó ropa alguna vez, o me enseñó a leer noticias. En La Haya la Coni también me apoyó y disfrutamos conversando al final del día, prestándonos el paraguas, pasándonos el dato de un abrigo.

Eso hace tanto más fácil el trabajo. Creo que también es bueno romper ese mito de que las mujeres se llevan mal con otras mujeres en el trabajo. Puede que pase, pero entre los hombres también y nunca es tema.

¿Cómo se es feminista en una industria como la televisiva, que históricamente se ha asociado a estándares sexistas, incluso a la objetivización de las mujeres?

CSM: La televisión, efectivamente, tiene eso y todas lo sufrimos, de que a la hora de salir en pantalla la gente se fije en cómo estamos vestidas o maquilladas. Hay una serie de condiciones que a los hombres no se les pide y a las mujeres sí, y no sé si eso lo vamos a cambiar alguna vez, porque también una quiere verse bien, pero no creo que por ahí pase la lucha feminista. Finalmente, todas tenemos un deber y una responsabilidad de abrirles puertas a las mujeres, en nuestro caso, como fuentes de información, mostrando más historias protagonizadas por mujeres que las hay, pero son menos visibles. El problema es que la visión que pones en la televisión también tiene un sesgo, porque cuando la mayoría de los editores son hombres falta la visión femenina de la realidad, que es distinta, o complementaria.

CS: Es curioso que ahora, cuando estamos en la cresta de la ola feminista, si sacas la foto ves que los principales cargos en los medios de comunicación no son para las mujeres.

MR: Hay cosas en las que se ha avanzado. La extensión de las carreras, por ejemplo. Antes, después, de los 40 años, se acababa, y nosotras estaríamos sin trabajo. También las temáticas ahora son más igualitarias, antes estaban muy divididas entre las que cubrían hombres y mujeres en el periodismo. El machismo finalmente es una fuente de desigualdad, y una de las cosas que debemos buscar como periodistas es dónde están esas desigualdades, los abusos de poder. En ese sentido, la televisión es machista, como es machista todo el país, aunque hay exigencias físicas, de edad y hasta de peso que se les hacen a las mujeres en televisión y no a los hombres. Pero creo que quien más siente los obstáculos del machismo es la señora que trabaja fuera de su hogar, que toma una micro dos horas para volver a su casa y la espera un hombre que le pide que cocine.

CSM: Nosotras somos unas privilegiadas, pero creo que es importante que pongamos estos temas sobre la mesa, para que otras mujeres vean lo que se puede hacer. A mí me llama mucho la atención cuando a la hora de almuerzo veo parejas de periodistas, muchas veces menores que nosotros, y mientras ella está comiéndose un sándwich frente al computador para sacar la nota, apurándose para llegar a la casa, él está afuera fumándose un cigarro, porque no tiene apuro. Ahí uno ya ve algo que está mal.

 

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