Crónica de un cierre de (La) Época: la trastienda de un diario en el día del plebiscito

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26.09.2018 ENTREVISTA A ASCANIO CAVALLO, PARA SUPLEMENTO REPORTAJES FOTOS: PATRICIO FUENTES Y./ LA TERCERA

Casi todo en ese 5 de octubre era incierto. Podía ganar el Sí. Podían suspender el proceso. Podía haber disturbios. Tampoco se sabía que en la madrugada del 6 de octubre apenas unos pocos entusiastas estarían celebrando en un recorrido entre Plaza Italia y La Moneda. Ni que tres generales saldrían caminando a pie desde Zenteno para enfrentarse a Pinochet -la fotografía que nadie tuvo-. Este es el 5 de octubre de Ascanio Cavallo, entonces editor general del diario La Época.


*Este artículo es parte del especial conjunto por los 30 años del plebiscito de 1988 entre La Tercera y la Escuela de Comunicaciones y Periodismo de la Universidad Adolfo Ibáñez.

Los recuerdos de Ascanio Cavallo del 5 de octubre de 1988 están marcados por curiosas escenas del día y por un mandato que tenía grabado a fuego: había que cerrar el diario a tiempo. Puede sonar una preocupación pedestre, pero es parte de la realidad de un trabajo como ese. Después de votar - todo el equipo votó muy temprano y luego se fue a trabajar-, la mayor preocupación del entonces editor general de La Época era despachar una edición de regiones entre las 18.00 y 19.00 horas, aunque para esa jornada especial se había previsto que podría ser después de las 21.00. Y, luego, tener una versión de Santiago a una hora más incierta.

Varias veces a lo largo de la conversación en la que Cavallo reconstruye su 5 de octubre repite que "todo era incierto": no se sabía si tendrían resultados oficiales ni a qué hora se iban a conocer; no se sabía si esos resultados serían ajustados a la realidad; no se sabía si desde el gobierno se iba a suspender el proceso; no se sabía qué podían hacer los otros adversarios del plebiscito, los grupos de ultra izquierda.

La Época, cuyo director en ese tiempo era Emilio Filippi, decidió muy temprano que se iría con los resultados del Comité de Elecciones Libres (CEL), dirigido por Sergio Molina y creado en el año 87. Debido a eso, cuando Alberto Cardemil, subsecretario del interior, entregó el primer cómputo oficial a las 19:30, con apenas 72 mesas escrutadas, Cavallo partió a la sede del CEL ubicada en la plaza Pedro de Valdivia a conseguir mejores números.

"Esto se dio con mucho atraso. Se había anunciado que el primer cómputo se entregaría a las 6 de la tarde desde el Diego Portales, pero no salió. Tampoco salió a las 6.30 ni a las 7.00 ni a las 7:15. En ese tiempo de retraso se produjeron todo tipo de alarmas, porque ya el comando del No tenía tendencias. No eran confiables, pero se mostraba una inclinación. Fue una espera muy intensa. ¡Y más encima nuestros camiones estaban esperando! Poco después de ese primer cómputo oficial, que entregó resultados ridículos y en donde la única sorpresa fueron los dos votos No en la Antártica, me fui al CEL. Era la primera vez que teníamos celulares para reportear, lo que me daba la opción de despachar desde allá si era necesario, porque afortunadamente a pesar de que no tenían mucho alcance, cubrían desde el centro hasta Providencia".

En ese momento, también la gente del No sacó resultados en su comando, ubicado cerca del Diego Portales. Ellos se habían asignado algo así como el 10% de las mesas y con otro método llegaron a cifras cercanas a las del CEL que le daban el triunfo al No. Ese resultado lo sacaron las radios Cooperativa y Chilena, no los canales de televisión. El 13, que era la esperanza de todos, transmitía monitos. La versión que tengo es que todo comenzó porque en un primer momento solo transmitió las mesas del Instituto Nacional y frente a eso Patricio Aylwin llamó a Eliodoro Rodríguez y entonces al parecer él no encontró más alternativas que programar el Correcaminos. Pero cuando se conoció el resultado que daba el comando No, el general (Gabriel) Ormeño, de la prefectura metropolitana de Carabineros, inmediatamente dio la orden de cercar el centro de tal manera que nadie más pudo ingresar.

Yo que venía desde Pedro de Valdivia, me quedé afuera, sin ninguna opción de volver al diario que estaba ubicado en la calle Olivares, muy cerca de la avenida Bulnes. Gracias a una fuente en Carabineros, un periodista consiguió el dato de que por 10 de Julio había un tramo sin bloquear y por ahí entré. Después supimos que esta fue una medida para impedir las manifestaciones. Así fue como llegué con los resultados directo a cerrar la edición de regiones".

-¿Hubo celebraciones en ese momento en el diario?

-Es que no estábamos en eso.

-Pero si La Época nació con ese objetivo, se constituyó para marcar el punto y ser oposición.

-Lamentablemente quedamos marcados por el plebiscito. La Época quedó en medio del plebiscito, pero su objetivo no era ese, sino ser un buen diario, como El País. Y ese día nuestra meta era salir lo mejor posible. Algún exaltado sacó una botella de champaña, otro por ahí se curó, pero no fue más que eso. Teníamos que cerrar la segunda edición de Santiago.

-¿Tenían buenas fuentes para saber qué estaba pasando en La Moneda, en el salón Prieto, por ejemplo, en donde estaba Pinochet?

-Ese fue nuestro gran esfuerzo, tener la mejor información posible de La Moneda y del comando del Sí para el cierre de Santiago. Y a pesar de que teníamos buenas fuentes y de que estábamos muy cerca, no supimos -bueno, nadie supo- el momento en que los comandantes en jefe fueron llamados y salieron a pie del edificio Zenteno hacia La Moneda. Esa escena debió haber sido fantasmagórica. No hay una sola fotografía de esos tres tipos uniformados, con sus condecoraciones y sus autos de guardaespaldas que los acompañaron al lado mientras caminaban hacia La Moneda. No había nadie en la calle. Todo el mundo se había ido a sus casas muy temprano y el centro estaba cercado. Y los periodistas tampoco estaban ahí para ver esa escena, sino en La Moneda. Eso lo supimos después por Matthei, cuando nos dijo que salieron con la decisión de hablar con Pinochet antes de entrar a la reunión ya que su temor, el de todos, era que ese encuentro se transformara en una encerrona. ¡Esto muestra también lo tenso de todo! Si era hasta posible que los comandantes en jefe terminaran presos.

Pero el primer gran patadón lo dio Sergio Onofre Jarpa en el programa De Cara al País. Nosotros sabíamos que iba a ir y que reconocería el triunfo del No, por eso teníamos reporteros allá. Poco rato después, Carlos Cáceres dijo lo mismo. Y ya luego vino lo de Matthei. Aunque esto no se hubiera dado nosotros ya teníamos el titular del triunfo del No, pero de todos modos era importante saber cómo iba a reaccionar El Mercurio, mucho más que la televisión. Saber si reconocía el resultado o entraba en un juego maldito y creo que tuvo la ambigüedad hasta bien tarde".

Para cerrar la edición de Santiago, en La Época se concentraron en buscar los detalles de esa noche. Para eso, lograron fuentes en todos los frentes. Tenían datos de la oposición y también de las fuerzas armadas, desde donde se enteraron que en la Escuela Militar se había formado una Unidad de Reacción Rápida para evitar disturbios, "tal vez la fuerza de tarea más grande que se ha constituido nunca en Chile, a cargo del general Ballerino".

¿Fue sorpresa el triunfo del No? Según Cavallo, ellos creían que el resultado podía ser estrecho porque tenían los sondeos del comando del No que auguraban ese resultado. Durante el período de la franja, tampoco había certeza del triunfo, porque aun cuando esta demostró ser muy superior, la elección no se jugaba ahí. "Todos sabíamos que en regiones podía ganar Pinochet. Es decir, había una posibilidad de que ganara incluso sin fraude. Y todo el mundo de la encuestología era muy ridículo -la Gallup la dirigía un marino, por ejemplo-. Justo en esos días previos nos quedamos huérfanos de la única medición seria que era del CEP y que optó por no entregar la última encuesta para no influir en el resultado".

Mirado con la frialdad de la distancia e incluso en ese tiempo, lo que se veía, recuerda Cavallo, era que se vinieron cumpliendo pasos casi de forma mecánica y que conducían al régimen a cierta imposibilidad de dar pie atrás.

En ese último año en La Época, Cavallo, junto a Manuel Salazar y Óscar Sepúlveda, venían publicando semanalmente los facsímiles de lo que posteriormente se convirtió en la "Historia Oculta del Régimen Militar": "Nosotros estábamos siguiendo muy de cerca todo el proceso de las leyes políticas. Uno de los miembros de nuestro consejo de redacción era Aylwin, entonces no es que tuviéramos información privilegiada, sino que teníamos el análisis privilegiado. Él nos decía, ojo, se aprobó la ley del tribunal electoral salió distinta a como lo quería el gobierno. Luego la ley del Servel también salió distinta. Uno veía un cerco que se iba cerrando. Si lo mirabas con frialdad, por supuesto".

Cavallo recuerda que ese día la gente votó temprano y se fue a sus casas. Y el centro, cercado, permaneció tranquilo, en silencio. "La madrugada del 6 de octubre, en el diario quedábamos unos cuatro editores, cuatro o cinco reporteros. Salimos a la calle juntos y de repente empezamos a escuchar ruidos de manifestaciones. Efectivamente, había una marcha bien ridícula en la Alameda que iba desde la plaza Italia hasta la Alameda y de ahí hasta la Moneda. Una hora después empezaron a aparecer las personas con el diario. Habíamos logrado llegar al centro al menos. Nosotros nos quedamos dando vueltas, reporteando. No hubo una gran manifestación en ese momento. Era un grupo muy chico que quedó dentro del cerco, gente que vivía ahí o del comando. Todo ocurrió en un perímetro bien chico. Ya más tarde vino la gran marcha del No y el 7, la marcha del Sí. Había sido derrotado Pinochet, pero también la vía armada".

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