Cien días, del triunfo a sentirse “estafado”

Así dicen que se siente Sebastián Sichel ante el tronco ideológico de la UDI. Tras las deserciones en masa que lo llevaron a tirar el mantel de la “libertad de acción” -y recapitulando su campaña-, el candidato presidencial se convenció de que esa porción del partido siempre estuvo a dos bandas, entre él y Kast.




“Tenemos la agenda llena”, frasean desde su comando ante la duda de si el candidato presidencial de Chile Podemos Más retomará esta semana la cita con las jefaturas de los partidos. La sangre entre Sebastián Sichel y la coalición a la que arrolló en la primaria de julio ha llegado tan cerca del río con la UDI por el problemón llamado José Antonio Kast, que a magros 21 días de la elección ni siquiera hay la elemental garantía de que seguirán los encuentros formales de los lunes en la mañana.

Dimes, diretes, acusaciones cruzadas en busca de culpables ante la dificultad de sortear la primera vuelta, deserciones casi en masa -nunca vistas en estas campañas- de candidatos a parlamentarios que prefieren al Republicano , y el hastío que esta semana llevó a Sichel a tirarles a los partidos el mantel de la libertad de acción.

Harto lejos se ve esa gloriosa noche de primarias del 18 de julio -en la víspera el exministro casi no durmió de la ansiedad-, hace 15 domingos.

Qué se iba a imaginar él que cien días después estaría en su peor momento electoral, acusando a la derecha gremialista de “chantaje” al inclinarse extraoficialmente por Kast y arrinconarlo a pactar con él apoyos de segunda vuelta. Qué se iban a imaginar los partidos que iban a verse con los dedos pillados en el enchufe, sin poder ni bajarlo ni obligarlo a ese acuerdo.

Cómo podrían haber pensado los UDI que esto se iba a descuadrar tanto que ahora estarían -como decían el viernes en su directiva- “esperando que nos inviten” a retomar las citas formales con Sichel. Menos que los hombres de éste digan de vuelta que si lo piden, se juntarán, pero que en el comando “no vamos a mover un dedo” por apurar eso.

A alguno le podrá sonar a niñerías -del tipo te bloqueo el celular-, pero es más profundo. Cada bando, el de Sichel y el de la UDI (luego iremos a por qué es caso aparte de RN y Evópoli en esto), ven en estas 15 semanas dos películas muy distintas, irreconciliables. El comando ya habla de un quiebre casi sin vuelta con el alma “gremialista”, vocablo que prefieren para distinguir al core del colectivo de su lado “popular”.

Confianzas quedan bien pocas. Uno de los últimos episodios ventilados es que el candidato se salió de un grupo de WhatsApp con los presidentes de las tiendas para evitar que se siguieran “filtrando” datos. Su vocera RN, Katherine Martorell -que hace semanas sopesó renunciar al comando-, retrucaba el jueves en C13 que él “no se salió”, sino que “todos decidieron salirse porque se había filtrado a la prensa una conversación reservada”.

En la UDI alegan que él se salió primero, y que el resto comenzó a abandonar cuando el jefe político de Sichel, Pedro Browne (ex RN, ex Amplitud, ex Evópoli), comenzó a “agobiarlos” enrostrándoles a pantallazos las sucesivas deserciones de sus parlamentarios que ahora cambiaban su voto por Kast en primera vuelta.

Al viernes ya iban al menos seis. El martes, cuando cayeron de un solo viaje un constituyente (Eduardo Cretton), tres diputados (Sergio Bobadilla, Iván Norambuena y Cristián Labbé) y el senador Claudio Alvarado, Sichel dijo basta y tiró el mantel. Como en casi todo a estas alturas, hay dos versiones: ellos, que no les avisó. El comando, que sí. Más sabroso es lo que pasó entremedio.

Ese martes en la mañana el candidato se enteró antes que Alvarado que venía en La Segunda (“Sichel no supo aprovechar la oportunidad del triunfo en la primaria”) y que en las horas siguientes se sumarían diputados a la opción de Kast. Llamó al jefe UDI Javier Macaya; se conocen desde que eran universitarios, y este en su día bregó para que los otros partidos le firmaran -reticente entonces Evópoli- la matrícula a la primaria.

La versión de su gente narra que le preguntó qué pasaba. Que este le dijo que no sabía, que Sichel se indignó porque sintió que le armaban una máquina en su cara, y que la escena se incendió. La versión de Suecia 286: que el ofendido solo cobró el caso de Alvarado, que Macaya le habría recordado que este y Sichel arrastraban esa vieja pelea de cuando estaban en el gabinete, que cómo podría culparlo si a esas alturas ya no tenía cómo controlar a sus filas (el partido está quebrado hace años). Y que no se mandaron a cierta parte ni nada de eso.

Hay más. Otros testimonios: el senador Alvarado había decidido el fin de semana apretar el botón. Entonces llamó a Kast para contarle; son cercanos hace años. La mañana del martes le avisó a Macaya. ¿Los tres diputados? También le habrían avisado antes al mando de su partido; otra versión lo niega.

Lo acaecido entre la mañana y la noche del martes, cuando Sichel larga en horario prime su vocería de la libertad de acción acusando “chantaje” -la tarde, infestada de rumores de que se venía pesada la mano-, cavó una fosa. Entre él y el partido que cien días antes había perdido la primaria en la puerta del horno.

A partir de entonces es hora de elegir bando y candidato (al día siguiente 75 UDI, entre históricos, presidentes regionales y dirigentes, proclaman apoyo “irrestricto” a Kast). Muchos ahí creen que eso partió el lunes, cuando la franja de Sichel abría con “en 200 metros gire a la extrema derecha”. También están los que veían acumularse esto desde los debates.

Otros, mirando hacia atrás, ahora ven que el germen de la fuga viene de antes.

Un Sernac para las primarias

Sichel, por ejemplo. Masticando esta semana y las 14 anteriores, su gente dice que se siente estafado. Así, tal cual. Que les ganó una primaria por paliza y que pese a los resquemores propios de eso, los vencidos se plegaron.

Pero que tras lo último, se terminó -explican-, dando cuenta de que para una parte de la UDI siempre fue y siempre será un forastero, un extraño, un invitado de piedra al que nunca sintieron como su auténtico candidato. Browne dijo el viernes en la noche en CNN-Chile que hubo un grupo que “nunca pensó que iba a perder la primaria” y que tras ésta “no se sienten cómodos”.

El problema lo tiene con ese partido y ya no con RN y Evópoli (aunque muchos ya ven a Kast en el balotaje). Pero en el mando de Macaya rechazan esa lectura: los descuelgues comenzaron en el partido de Chahuán (cierto, si Republicanos hasta se omitió en distritos donde repostulan diputados de ese colectivo y uno de ellos figura pasado al Tribunal Supremo por apoyar a Anton, como algunos de sus cercanos lo llaman) y no consideran aceptable que les carguen por anticipado en la cuenta una derrota en noviembre.

A los otros dos colectivos Sichel ahora les tiene gratitud. La directiva Evópoli dice que no secunda ni apoya que al candidato le exijan firmar ya un pacto de apoyo mutuo en segunda vuelta con Kast. La de RN también persiste en declararle su apoyo sin pedir eso que demanda la UDI. Pero su secretario general, Diego Schalper, acusó el miércoles que su aspirante a la tricolor “tiene que cambiar el tono, dejar atrás la confrontación” y que ve “muchas coincidencias” con Kast (que es exactamente lo contrario que han dicho Sichel y Browne).

Quién entiende a quién en RN: hoy Mario Desbordes, rival de la facción de Chahuán, figura en el mismo barco que este ahora que da entrevistas casi como escudero del abanderado (pese a que durante la primaria se daban dentelladas).

Él e Ignacio Briones -otro contendor de Sichel en primarias- aparecieron esta semana prestándole el ropero al exministro y dejando claro que están a leguas de Kast. El vencedor del 18 de julio cree que ganó en ambos dos voceros; nunca había hablado tanto con ellos como ahora. Otros pensarán que hay interés, si total el futuro gremialista está en la cornisa.

Joaquín Lavín sigue en España y a varios UDI ofendió -otro clavo- que esta semana el ex DC criticara que se fuera del país. Dicen que a él le dolió.

Volvamos a la “estafa” que siente Sichel, según los suyos. En un comienzo se sintió acogido (no olvidemos su alianza con Andrés Chadwick), pero su gente rebobina y afirma que la UDI tuvo casi desde el principio la pulsión de cuidar su frontera derecha y, por ende, a Kast.

Narran que al menos tuvo que encarar dos conversaciones intensas con la mesa UDI, una durante un encuentro en casa de Browne, cuando se intentaba resolver la frase hecha de “incorporar a los partidos”. Que ahí y en repetidas ocasiones el cuartel general de Suecia le insistía en que no criticara al Republicano, que había parentesco político, que no los arrinconara insistiendo en hablar a favor del matrimonio igualitario (el Presidente Piñera ya les había roto el corazón esa vez que se los escondió de la cuenta pública).

Los sichelistas son enfáticos en que las cabezas UDI le insistieron en que levantara más temas de orden, seguridad; un repertorio que no les abriera brechas por la derecha. Que le hacían ver el temor de que los votos de Lavín se fueran donde el alemán.

Van más lejos aún. Estas versiones subrayan con destacador que los UDI llevaron esto al punto de que Sichel sintió que le clausuraban la agenda casi desde el inicio, que lo horquillaron durante casi dos meses y que se percató al final.

Vaya a saber uno cuánto de ingenuidad hubo ahí. Su antecesor y fallido pionero en esto de que la UDI prefiera a independientes antes que a los de su sangre, Laurence Golborne (2013), partió firmando el prólogo de La Fuerza de la Verdad, el libro-bastión del ideario de Jovino Novoa.

La cosa es que nadie saca a la gente de Sichel de esta idea de que quisieron imponerle ese libreto. Que si bien él cometió errores, que se desgastó inútilmente en lidiar con eso, se siente estafado por un mundo que siempre miró a Kast mejor que a él. Y que cuando el martes dijo “chantaje” era por eso: porque se sentía amarrado. Que hasta cree que el partido ha jugado a dos bandas.

En la UDI se indignan ante esta lectura. Ahora, con toda el agua corrida estos días, no dudan en su diagnóstico: el candidato les quiere echar ya la culpa de lo que pase el 21 de noviembre. Es inaceptable, aseveran.

Qué se han imaginado, hunden al candidato y nos vienen a fastidiar, clama un dirigente.

Y vamos desmintiendo. Dicen que varios de esos pasajes son falsos. “Él no tuvo ninguna limitación en su campaña, la hizo solo”, acusa una voz. La versión UDI de este filme insiste en que él y los suyos los ninguneó una y otra vez casi desde el comienzo. Que no los integró, que los encuentros de los lunes “eran más bien cosméticos”, que cuando urgían por darles más espacio a los parlamentarios las respuestas se quedaban en el sí-ya-lo-vemos.

Que eso llegó al cúlmine de que cuando les pedían palomas, frases de apoyo y demás propaganda de Sichel para los candidatos UDI, les decían que estaban cortos de recursos, “como si costara tanto mandar un mensaje de audio”, reclaman mosqueados. Cosas así ocurrían hace unos tres meses, detallan.

Yendo al fondo, al lío Kast, niegan que lo hayan presionado ni intentado libretear. Que no recuerdan escenas así en lo de Browne. Que “nunca hubo exigencias programáticas”, y que si hubiesen querido hacer tal, lo habrían hecho según el manual: abriendo eso en público.

Sí admiten que puede ser posible que le hayan planteado subir el tema del orden público. Sobre las demandas para que no sacara a la pizarra a Kast, dicen dos cosas. Una, que eso también lo hizo la directiva de RN. Dos, que solo abrieron ese asunto en las últimas dos semanas, cuando Sichel comenzó con eso.

Entremedio circularon trascendidos de que lo de Kast algo tuvo que ver en la renuncia de la vicepresidenta UDI Isabel Plá a las fugaces vocerías políticas que detentaban ella y el Evópoli Francisco Undurraga (cesaron inmediatamente con el escándalo de las platas de las pesqueras a la campaña a diputado DC 2009 de Sichel).

En rigor, hay una versión que dice esto: cuando el 6 de octubre Sichel dijo que “hoy no están las condiciones” para apoyar al republicano, Plá mensajeó a Browne una nota de prensa que recogía sus palabras, advirtiéndole que eso se estaba leyendo mal entre la gente UDI, y que podría darle excusas a que algunos cruzaran donde el otro candidato. Este le habría contestado que competían con Kast. El intercambio no llegó a coincidencias.

¿Bajarse?

Hubo una vez, reconocen de refilón en el comando, que pasó por la mesa de su anillo íntimo abandonar. Sabiendo que las papeletas de votación no tienen vuelta, la idea -insisten, no pasó de eso- era demandar a los partidos que dijeran de una vez si lo querían o no de candidato: un no, y se iba a casa.

Allá dicen que él reconoce haber errado en no haber sabido leer la balcanizada geografía de los partidos. Que no bastaba hablar seguido con Macaya y Hoffmann en la UDI y con Chahuán en RN si ellos tenían severas disidencias y facciones. Y eso que su candidatura comenzó precisamente a colarse en el sector gracias a la quintacolumna que los enemigos de Desbordes (aliados con Andrés Allamand) le abrieron a comienzos de año hasta que sacaron a éste de la presidencia en la interna de julio.

Esa falla está atada al peor error de Sichel: haber amenazado (apenas a los 10 días de ganar la primaria) a los mismos parlamentarios que hoy le dan la espalda para que rechazaran el cuarto retiro de pensiones.

Entonces, ni él ni los jefes de partidos -a quienes no les avisó su “los voy a estar mirando...”- vieron que era muy arriesgado apostar. Lo apoyaron, recuerdan algunos, porque eran parte interesada: como ya habían sufrido una rebelión tras otra en los retiros anteriores, bienvenida la ayuda.

Ya sabemos. Los congresistas se convencieron de que se jugaban el pellejo en la reelección con lo del retiro, la presión duró los dos meses siguientes, y la idea devino en un desastre. En septiembre, 18 diputados de derecha ayudaron a aprobar la salida de fondos de pensiones.

Para sus adentros, Sichel -que sabe perfectamente que el episodio le infirió un corte profundo- culpa a las cabezas de los partidos, partiendo por la UDI: estas le habrían garantizado que estaban los votos para rechazar el proyecto. Pero, claro, se confió. Otras voces insisten en que la seguridad la daba primero el gobierno, que entonces pregonaba que el retiro no pasaba. Pero este erró medio a medio. Igual que antes, en el tercer retiro y esa pesadilla de ir a perder en el Tribunal Constitucional.

Al candidato le han oído que le pueden decir que se pasó unos cuantos pueblos y valles en amenazar a los legisladores con no apoyarlos (igual terminó después sacándose fotos con ellos; en el distrito 11 dicen que ninguno las usa). Pero que le dieron seguridades que nadie tenía.

Como sea, Sichel pensaba en que si les daba la esperanza de mantenerse en el poder ganando la presidencial, la UDI, RN y Evópoli se iban a ordenar. Pero -ha reconocido a algunos- falló además en pasar por alto que para entonces la derecha oficialista ya estaba totalmente quebrada.

Después del martes se siente más liberado. Cuentan los suyos que lo han llamado y le han escrito “varios” ministros. Sigue conservando apoyos como el de la constituyente Marcela Cubillos, quien pese a haber sido compañera de bancada de Kast en la UDI 2001, es de las pocas ahí que han dicho que las posturas de éste tienen “un nivel muy extremo en temas que son importantes para los chilenos” (Agricultura, 12 de octubre).

“En primera vuelta tienes el deber de levantar tu proyecto político, el que crees mejor para el futuro de Chile. Chile Vamos pagaría muy cara la miopía de abdicar de su proyecto por encuestas electorales. ¿Cómo vamos a ganar la batalla cultural a la izquierda si por encuestas ya no estamos dispuestos a darla?”, explica ella.

Pagar “muy caro” remite al temor de varios que el mundo del sector -no solo la estructura formal de la coalición- se dinamite bajo un muy mal resultado parlamentario y emparedado entre extremos. Las fugas a Kast se aplaudirán hoy, pero pensando en el poselectoral, en el partido fundado por Jaime Guzmán algunos creen que este puede terminar devorado por el Republicano.

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