Columna de Daniel Matamala: Endieciochados



Nos preocupa profundamente el 18 de septiembre", advierte el presidente de la Sociedad Chilena de Medicina Intensiva (Sochimi), Tomás Regueira. “El riesgo de perder trazabilidad el 18 y enfrentar un rebrote significativo en la Región Metropolitana es altísimo”.

No está solo en su alarma. Esta semana ha sido un continuo de advertencias sobre el peligro en que nos encontramos: un punto de inflexión del cual pueden depender el plebiscito, la reactivación económica, la recuperación de puestos de trabajo, y, sobre todo, salvar o perder cientos de vidas.

El mes de la Patria y la primavera ha traído cierto relajo. Según la encuesta Criteria, en abril dos de cada tres chilenos (67%) creían “probable” que ellos o alguien cercano se contagiara. Hoy esa preocupación cayó a menos de la mitad de la población (48%).

Las autoridades diseñaron un plan de nombre ingenioso (“Fondéate en casa”), origen oscuro y comunicación cantinflesca. Contradiciendo su propia lógica del “paso a paso” (desconfinamientos progresivos dependiendo de la situación de cada zona del país), anunciaron un permiso nacional para salir de casa a celebrar las Fiestas Patrias. De Arica a Magallanes.

Así, a los habitantes de Iquique, Antofagasta, La Serena, Coquimbo, Chillán, Concepción, Talcahuano, Puerto Montt, Punta Arenas, Puente Alto, San Bernardo y otras 35 comunas en cuarentena, que tienen prohibido salir a estirar las piernas a la calle, se les autorizaba a juntarse con personas ajenas a su hogar en espacios cerrados durante seis horas el fin de semana del 18.

Como si el virus se volviera “buena persona” durante las fiestas.

Otra vez el secretismo. Otra vez el centralismo. Un déjà vu del desastroso “retorno seguro” que precedió al peak de la pandemia en junio. Expertos, sociedades médicas y el Consejo Asesor no fueron consultados. Tampoco los alcaldes e intendentes de las zonas afectadas. El alcalde RN de Punta Arenas, el UDI de Talcahuano y el mismo intendente del Biobío se declararon en rebeldía (“es una medida permisiva y contradictoria”, alegó este último). Finalmente, el gobierno echó pie atrás: los permisos no regirán en comunas con cuarentena.

El ministro de Salud explicó que “en la casa tú puedes juntar hasta cinco personas. O sea, si tienes a tres personas, puedes recibir a dos nomás”. Lo corrigió el vocero de gobierno: “si son cinco miembros en la familia, podrían invitar a cinco personas a su casa, pero siempre evaluando el riesgo del tamaño de su casa”. Por cierto, nada de esto es posible de fiscalizar. No tendremos carabineros golpeando las puertas de los casi 6 millones de hogares chilenos para contar el número de invitados y constatar que el dueño de casa esté anotando sus datos “en un cuaderno”, como sugirió el ministro Paris.

Dependemos de la responsabilidad de los ciudadanos y, por eso, las señales públicas son tanto o más importantes que el contenido de las medidas.

Tenemos “una comunicación de riesgo muy débil de la autoridad”, dice Matías Goyenechea, presidente de la Fundación Creando Salud. “El caso más patente fue cuando en abril se habló del retorno seguro y la nueva normalidad. Y con el ‘Fondéate en casa’ también se generará un problema”.

“Fragilidad” es el concepto que repiten los especialistas. Las autoridades “tienen un control frágil de la pandemia”, advierte Regueira. “Nos estabilizamos con un número alto de casos y eso nos deja muy frágiles para prevenir un rebrote”, alerta Juan Carlos Said, máster en Salud Pública. La positividad de los test PCR ha bajado a 5,61% (una buena noticia), pero el uso de camas UCI, que hace una semana era de 75%, ahora repuntó al 81%. Si hace un mes había 602 ventiladores disponibles, hoy quedan 459. El R efectivo (la cantidad de personas que contagia cada infectado), se movió esta semana entre 0,98 y 1,02, justo en el límite de que se acelere la pandemia.

Estamos en un punto de inflexión para evitar o desatar una segunda ola como la que ya sufre Magallanes, donde la ocupación de camas UCI llega por momentos a 100%, y pacientes deben ser trasladados a Santiago. “Estamos en una situación crítica”, dice el subdirector del Hospital de Punta Arenas". Hoy Magallanes tiene 77 casos nuevos por cada 100 mil habitantes, peor que cualquier cifra de cualquier otra región de Chile durante la pandemia (en su peak, en junio, la Metropolitana tuvo 58).

La clave sigue siendo la misma de marzo, abril, mayo, junio, julio y agosto: testear, trazar y aislar. Y si en los test estamos relativamente bien, aún no hay una estrategia efectiva para trazar y aislar. La infectóloga Jeannette Dabanch advierte que “en trazabilidad seguimos muy al debe”. No sabemos cómo se infectó uno de cada tres casos nuevos. Mientras, más de la mitad de los cupos en residencias sanitarias siguen vacíos.

Esta última semana contamos 349 muertos confirmados por Covid. Son 50 al día, dos por hora, una vida perdida cada 30 minutos. Según Worldometers, Chile es el sexto país del mundo con más muertos en proporción a su población; más que Brasil, Estados Unidos o Italia. Son números que ya no nos dicen nada, insensibilizados como estamos por el tedio de medio año de tragedias, cuarentenas y restricciones.

Por eso hay que repetirlos y repetirlos: ya van 11.895 muertos confirmados, 16.222 con causa probable. 16.222 vidas segadas, 16.222 familias destrozadas.

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