Ensayo y error, la apuesta por la reapertura

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Cada país diseña su propia estrategia de relajamiento de restricciones ante la inexperiencia frente a la pandemia del Covid-19. Los rebrotes pueden ser una consecuencia del desconfinamiento.




El escaso conocimiento científico sobre el Covid-19 ha arrojado un manto de incertidumbre sobre cuál es la fórmula ideal para enfrentar y frenar la enfermedad que ha dejado más de 300 mil muertes a nivel global. La ausencia de una vacuna y la alta probabilidad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), de que el coronavirus no desaparezca, sino que se convierta en endémico, obliga a los países que ya aplanaron la curva a diseñar métodos de reapertura que intentan convivir con el virus y alejar el fantasma de los rebrotes.

Hasta el momento, las primeras olas de reapertura se han dado en Asia y Europa, donde se inició el levantamiento gradual de restricciones para sacar a las personas del encierro, en un intento por encontrar un punto medio entre el “riesgo de salud pública y el económico”, lo que debería irse replicando en el resto de los países.

Al no existir una medida estándar, cada desconfinamiento es diferente, lo que significa que las reapertura hasta ahora se dan en base a un “ensayo y error”, bajo un período de “experimentación y recalibración” de las medidas sanitarias. Pero ¿cuáles son las enseñanzas entregadas por los países que ya han salido de cuarentena?

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“Es la primera pandemia del siglo XXI, en una época altamente conectada a nivel mundial. Las medidas de distanciamiento social generan una disminución en la tasa de contactos de individuos que finalmente implica una reducción en la transmisión, pero tan pronto como se relajen estas medidas estrictas de distanciamiento social, verás un aumento en la tasa de contacto en lugares como transporte público, centros comerciales, etc., que se verán traducidos en un aumento de la prevalencia de la enfermedad. Al ser medidas reversibles, el levantamiento de estas pueden causar nuevos brotes epidémicos, pero tampoco sabemos cuál es la efectividad real del distanciamiento social”, explica a La Tercera Pamela P. Martínez, del Centro de Dinámica de Enfermedades Transmisibles en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard.

“Testeo, rastreo y aislamiento”

Corea del Sur y Estados Unidos confirmaron los primeros casos positivos de coronavirus el mismo día: 20 de enero. A partir de ese momento, ambos países tomaron rutas distintas para enfrentar la pandemia. Mientras los surcoreanos fueron elogiados por su sistema basado en las siglas en inglés TRUST (Transparencia, estricta cuarentena, testeos universalmente aplicables y estricto control y tratamiento) que evitó un colapso sanitario, Estados Unidos se transformó en el mayor foco mundial del virus. Sin embargo, a 11 días de iniciar una reapertura gradual, un rebrote en Seúl evidenció la “vulnerabilidad” de las exitosas políticas públicas ante el Covid-19.

En febrero, Corea del Sur registró el brote más grande fuera de China. El país pasó de 94 casos activos el día 20 de ese mes a 7.362 el 11 de marzo. Ante este escenario, el 22 de marzo el gobierno impuso estrictas reglas de distanciamiento social acompañadas de “exámenes generalizados a la población, rastreo agresivo de contactos y severas medidas de salud pública”, lo que evitó decretar grandes confinamientos.

Los buenos resultados generaron una caída en la curva que permitió que el 6 de mayo el país asiático iniciara una reapertura gradual. Desde esta semana, los niños volvieron al colegio y reanudaron la temporada de béisbol, algo impensado en marzo.

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Sin embargo, esta semana se encendieron las alarmas. Uno de los últimos sectores en reabrir sus puertas fueron los restaurantes y centros de entretenimiento a fines de abril, y fue justamente donde se generó el nuevo foco después de que un joven de 29 años diera positivo tras visitar al menos cinco locales nocturnos entre el 1 y 2 de mayo en el distrito de Itaewon, en Seúl, donde estuvieron al menos 10 mil personas. Hasta el jueves se registraron 131 casos positivos en esa zona.

El repunte de casos obligó a las autoridades a replantearse las consecuencias del relajamiento de restricciones. Así, siguiendo la línea de trabajo establecida, quisieron detener el rebrote de raíz y convocaron a todas las personas que pudieron haber estado en el área entre el 24 de abril y el 6 de mayo para que se realizaran exámenes. Hasta el momento han testado a alrededor de 35 mil posibles contactos, pero no conforme con eso el gobierno desplegó un rápido contingente de búsqueda mediante revisión de los registros de tarjetas de crédito, GPS de celulares y cámaras de seguridad para dar con todos los posibles contagios.

Para evitar la lógica de que el desconfinamiento significa haber vencido el virus, el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades surcoreano reafirmó que la reapertura “no debe tomarse como un regreso a la ‘normalidad’ como antes del brote, sino más bien como un esfuerzo para lograr la prevención y control de enfermedades infecciosas de la vida diaria”.

Los exámenes masivos y el aislamiento de pacientes se transformaron en parte importante del control de la enfermedad, pero no evitarían nuevos focos de casos. Así como le ocurrió a la ciudad china de Wuhan, donde se originó el Covid-19, que logró disminuir hasta cero la tasa de pacientes nuevos por día. Sin embargo, tras semanas de reapertura, en que los ciudadanos lograron salir de sus casas después de 76 días de confinamiento, el gobierno chino ordenó testear a los 11 millones de habitantes de la urbe tras registrar contagios locales que amenazan la estabilidad sanitaria.

“Estamos ante una situación de salud pública inédita, por lo que no existe una fórmula, cada país debe tomar medidas guiado por los datos locales. Buscamos un modelo, pero para el Covid-19 no existe. Es el comportamiento social el que determina la circulación del virus. Por esto, no se pueden comparar sociedades”, señala a La Tercera el doctor Elmer Huerta, especialista en Salud Pública y profesor de Medicina en la Universidad George Washington.

El verano en Europa

Tras meses de tragedia en Europa por la pandemia del coronavirus, el continente comienza a ver los efectos positivos de los confinamientos decretados por los gobiernos. Los mismos que ahora instan a retomar las actividades en un intento de que los ciudadanos logren tener un verano en las calles, aunque sea con estrictas medidas sanitarias, que han vuelto habitual el distanciamiento social y las mascarillas.

Alemania fue uno de los primeros en prepararse contra el virus y también en salir del confinamiento. Antes de que la enfermedad se instalara en Europa, el gobierno de la canciller Angela Merkel ya había iniciado una campaña de información y estrategia sobre cómo abordar el virus. La clave para el rápido regreso de los alemanes a la vida al aire libre fue similar al método asiático de “rastrear las cadenas de contagios para interrumpirlas”.

El 22 de marzo, Alemania entró en un confinamiento que se extendió hasta el 6 de mayo, cuando se acordó un plan de retorno después de realizar alrededor de 120 mil test semanales. A pesar de la reapertura del comercio y gradualmente de las clases, las limitaciones de contacto social estarán vigentes hasta el 5 de junio y las mascarillas son obligatorios en espacios públicos.

“(Podemos) permitirnos un poco de coraje, pero tenemos que vigilar que esto no se nos escape de las manos”, señaló la canciller Angela Merkel, quien ha sido enfática en señalar que si los casos nuevos superan los 50 por cada 100 mil habitantes se detendrá de inmediato el relajamiento de medidas.

“Las operaciones para controlar el movimiento de la población son muy complejas y requieren una fuerte capacidad del Estado para ejercer el control social. Así también la organización de pruebas masivas, la capacidad técnica para realizar los tests y el rastreo de contactos requiere una fuerte capacidad del Estado que pocos países tienen”, comenta a La Tercera el profesor Francisco E. González, de la Universidad Johns Hopkins.

Los peaks en Europa ocurrieron en marzo, por lo que en las últimas semanas se ha registrado una caída en las tasas de contagio que ha permitido relajar las cuarentenas, pero los efectos de esto se verán recién en las próximas semanas.

Así, la gran prueba para Italia y Bélgica será mañana, con la segunda fase del desconfinamiento. Los italianos fueron los primeros en decretar una cuarentena nacional el 9 de marzo y desde el 4 de mayo iniciaron un relajamiento gradual de las restricciones catalogado como “lento, pero seguro”.

Los bares, restaurantes, peluquerías y museos, al igual que otros comercios que mantenían sus puertas cerradas, volverán a funcionar, pero con la mitad de la capacidad. Incluso, el Vaticano volverá a abrir y después de dos meses el Papa Francisco brindará una liturgia en la Basílica de San Pedro, donde ya se instalan equipos para medir la temperatura y las marcas para el distanciamiento social.

En un intento por salvar el verano, el gobierno italiano evalúa la posibilidad de permitir los viajes a través del país desde el 3 de junio, ya que hasta el momento las personas solo pueden transitar dentro de sus regiones.

En tanto, Bélgica reabrirá desde mañana los colegios (con excepción de los preescolares), peluquerías, museos, bibliotecas, zoológicos, clubes nocturnos y deportivos tras registrar una caída constante de casos que es “alentadora”, con solo 356 nuevos casos en los últimos días. La primera ministra belga, Sophie Wilmès, aseguró que no habrá nuevas reaperturas hasta el 8 de junio, lo que implicaría el reinicio de actividades de bares, restaurantes y terrazas, a la espera de los resultados de desconfinamiento.

A estos países se suma el relajamiento de medidas en Francia, España, Grecia y Portugal desde el lunes pasado. Los que sí podrán salir a comer fuera de casa serán los habitantes de Berlín, Austria y Australia.

Eso sí, no todas son buenas noticias. Mientras a fines de marzo la mayoría de los países de Europa cerraron todo y ordenaron quedarse en casa, Suecia seguía funcionando con normalidad, y aunque efectivamente no vivió un colapso sanitario, una investigación del diario The New York Times asegura que el país nórdico registró un 27% más de muertes durante el brote que en un año normal. Esto, a pesar de lo estable que se han mantenido las cifras de casos de Covid-19.

Pero una de las mayores preocupaciones es Reino Unido, que según el periódico estadounidense tuvo un aumento del 67% en los fallecimientos, lo que se traduce en un incremento de más de 53 mil muertes entre el 14 de marzo y el 1 de mayo, el mayor crecimiento entre los países de Europa. Justamente, su criticado plan de reapertura mantendrá a los británicos confinados hasta el 1 de junio.

En esa línea, mientras Asia vive las primeras consecuencias de la reapertura, Europa alista su regreso a las calles y América Latina se prepara para los días más críticos.

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