Lilian Vicent: “Lo grave de todo lo que está ocurriendo es que hay adultos que toman a los estudiantes para sus fines personales y políticos”

02/06/2022 Lilian Vicent, directora suspendida del liceo Darío Salas de Santiago. Mario Téllez / La Tercera

La suspendida directora del Darío Salas tiene un diagnóstico desolador sobre la educación pública. Habla de establecimientos infiltrados por anarcos y, peor aún, de padres y apoderados que utilizan políticamente a los alumnos. Mientras sus críticas apuntan a Irací Hassler y su entorno, sus soluciones pasan por un concepto: aplicar las normativas.




Lilian Vicent (49), directora del Liceo Darío Salas de Santiago, pasa hoy sus días en su casa en Independencia. Está intranquila, dice, cuando ve a través de los matinales de la televisión los últimos hechos de violencia en los liceos de la capital.

Vicent, profesora de Biología del Pedagógico, lleva una década en la educación pública: el 2012 llegó a hacer un reemplazo al Liceo Barros Borgoño. Al año siguiente se convirtió en la inspectora general y, poco tiempo después, pasó a ser la directora. Fue nombrada por Alta Dirección Pública.

Su problema es que hoy la situación es distinta: está suspendida por la Municipalidad de Santiago. Fue notificada el 29 de marzo de la “suspensión transitoria de sus funciones”.

“Me demandaron dos profesores acusando malos tratos, parte de un grupo que me persigue. Esa demanda no tenía fundamentos ni evidencias, y la gané. Aun teniendo el resultado, me suspenden y me someten a un sumario. Es más: los profesores de mi colegio hicieron una declaración pública donde acusaron una persecución en mi contra de parte de una parte del Colegio de Profesores llamado Comunal Santiago, donde están colegiados estos dos docentes del liceo”.

Todo esto en medio del masivo retorno de los overoles blancos: aquellos manifestantes encapuchados que han protagonizado jornadas violentas en las últimas semanas. Vicent ya había observado este fenómeno. Y cita como hito clave las movilizaciones del 2011. Ese año, recuerda, se vieron las tomas más largas que habían visto hasta ese momento. “Los alumnos perdieron el año”, rememora.

El hecho de que la administración de Carolina Tohá no los haya desalojado por largos tramos, cree, agudizó la violencia: “Empezaron a aparecer encapuchados, los cortacalle. Empezó a haber barricadas. Y dentro de las tomas, empezaron a dañar la infraestructura”.

La profesora enfatiza ese punto. ”Nosotros, muchas veces, recibimos el Borgoño destruido entero por dentro. Casi el presupuesto completo del colegio se iba en reparar los daños. Y generalmente el alcalde tenía que pedir más dinero al ministerio. O no se reparaban. Por eso los liceos están como están ahora”.

Entonces, constata, otro factor entró en juego: el fin de la selección para entrar a los liceos emblemáticos. “Eso, indudablemente, ha hecho merma en la calidad del estudiantado en cuanto a los resultados académicos. Los estudiantes que realmente quieren estudiar y entrar a la educación superior migraron a otros establecimientos, porque veían que en estos no se estaba haciendo clases, con meses en toma y paro”.

La extensión de las tomas también daba pie para otras licencias, comenta. “Había sexo. Cuando entrábamos en el Barros Borgoño después de la toma, vimos que había salas que las tenían de motel”.

Al tiempo, las barricadas y los piedrazos -la máxima expresión en ese tiempo de violencia, dice- dieron espacio a que aparecieran las primeras bombas molotov desde dentro del recinto. Fue precisamente en noviembre de 2014 cuando se registró el primer ataque de overoles blancos: salieron de la sede de la Academia de Humanismo Cristiano, en Providencia, y realizaron un ataque incendiario a un cuartel de la PDI. Esta forma de protesta no demoró mucho en aparecer en los principales liceos emblemáticos de Santiago. También en el Barros Borgoño.

Entre ese año y 2018, asegura, aprendieron que en estas tomas también participaban estudiantes que no eran del establecimiento y adultos.

”¿Cómo nos dábamos cuenta? Porque generalmente el estudiante respeta a los profesores. Uno los reta y no lo hacen, o se van para otro lado y te tratan de evadir, porque ven en uno a una autoridad. En cambio, el externo no: te agrede. Te empuja”.

De ese tiempo como directora en el Borgoño recuerda cómo intentaron quemar su oficina varias veces. En otra ocasión, añade, rociaron con bencina a una secretaria que sostenía una reja para evitar la entrada de los overoles. Amenazaron con prenderla.

”En el transcurso de casi 10 años en el Barros Borgoño -recuerda-, vi cómo en realidad la educación pública de la comuna fue en decadencia a raíz de las manifestaciones violentas. Vi cómo la comunidad estaba destruida, tanto psicológicamente como en su infraestructura. A nadie le importaba la educación pública”.

02/06/2022 Lilian Vicent, directora suspendida del liceo Darío Salas de Santiago. Mario Téllez / La Tercera

Falsos apoderados

Los años que siguieron a esos eventos, Lilian Vicent los describe como una escalada de violencia en el Borgoño. Durante el primer recreo, se hizo usual que los overoles blancos salieran a cortar la calle. Y pasa a analizar: “Lo grave de todo lo que está ocurriendo es que hay adultos que toman a los estudiantes para sus fines personales y políticos. Hay que tener en cuenta que son menores de edad, que son adolescentes, que son fáciles de influenciar”.

¿Y estos adultos son de alguna ideología, de algún grupo político?

Claro. Son radicales. Y a veces ni siquiera pertenecen a un partido político, sino que son totalmente anárquicos. No quisiera nombrar un partido, pero son de grupos bastante extremos, de izquierda extrema.

¿Cómo funciona la estructura de los overoles blancos?

Son grupos que están coordinados. Cuando asumí como directora, le cancelé su condición como apoderada a una que era parte del centro de padres y hacía las bombas molotov con los estudiantes dentro del centro de padres. Ahí se vestían con los overoles blancos y salían a la calle.

¿Los overoles blancos son alumnos?

Son alumnos del establecimiento e infiltrados externos, ayudados por adultos que eran parte de la comunidad.

Luego agrega: “Hay que entender que Santiago es una comuna muy atrayente para activistas políticos, los que se hacen pasar por apoderados. Una de ellas, por ejemplo, es Vanesa Hermosilla. Ella quería ser apoderada de dos alumnos que se encapucharon. Luego, recurrió a la superintendencia, porque no la dejamos, ya que no tenía ningún vínculo con ellos. Ella era supuestamente amiga de una apoderada que hacía las bombas molotov.

¿Se puede ser apoderado sin parentesco?

Si el apoderado lo autoriza, sí. Pero en esa ocasión estaba autorizando sólo de palabra, vía telefónica. No lo estaba haciendo de manera formal, con una firma.

¿Qué ganan las partes con ese vínculo?

Lo que pasa es que hacen activismo y se asocian a colectivos de madres por la educación, que supuestamente son apoderadas, pero no lo son. La líder es Hermosilla, que no es apoderada. Ellas realizan denuncias y persiguen a los directores que quieren erradicar estas manifestaciones. Ganan visibilidad también.

¿Visibilidad para qué?

Por ejemplo, quien fue electa con la primera mayoría como concejala comunista, Dafne Concha, era una activista política. Era presidenta de la Coordinadora de Padres y Apoderados por el Derecho a la Educación (Corpade) y ¿de quién era apoderada? De nadie. No tiene hijos en la comuna. Y ahora, gracias a que andaba apoyando a los capuchas, denunciando cuando uno tomaba medidas como directora -tengo fotografías de eso- y ayudaba a los encapuchados, es concejala de la comuna. Por ejemplo, con Irací Hassler me denunció a la superintendencia junto a Vanesa Hermosilla, o les contratan abogados para que se puedan defender. Los encubren. Y los directores sabemos que tienen un lugar donde los adoctrinan, aunque no tengo pruebas para decir eso. Pero los defienden. Incluso, tengo una fotografía donde están todas, y denuncian a la superintendencia para proteger a estos encapuchados.

¿Cuántos casos hay de apoderados de este tipo, que no tienen parentesco con los alumnos y solo tienen un vínculo político?

En 2019 nos reunimos con los directores de liceos emblemáticos y sabíamos que había casos en todos los liceos. En el Borgoño tenía identificados dos casos: dos apoderadas con un niño cada una.

Fernando Soto, rector del Instituto Nacional entre el año 2014 y el 2019, confirma que esa reunión existió. “Solía suceder que si algún apoderado renunciaba a su situación, porque manifestaba dificultades familiares o de otro tipo, otro apoderado se ofrecía como tutor responsable, bajo firma de la familia o poder simple”.

“En el fondo -agrega Soto-, lo que uno detectaba en algunas situaciones era que buscaban ocupar cargos estratégicos de influencia política en los centros de apoderados. Así tenían voz y voto en las directivas. Algunos llevaban años en esos cargos, sus hijos egresaban, y asumían la condición de apoderado no teniendo hijos, sino que ahijados”.

Consultada, la concejala Dafne Concha lamentó la imputación. “Yo soy de la comuna de Santiago y mi hijo estudió en el Liceo de Aplicación. Desde entonces, no he apadrinado a ningún niño ni estoy en ninguna nómina de apoderados. Soy legalmente la presidenta de Corpade, pero ya que no somos una organización gremial, por estatuto, no necesitamos tener hijos en el colegio para formar parte de esta coordinadora. Lamento que una directora de liceo baje a ese nivel el discurso, más con un sumario en curso que la sacó”.

Vanesa Hermosilla fue contactada por este medio ante las acusaciones. Respondió: “La señora Lilian Vicent, en su rol de funcionaria pública relacionada con la educación, tiene el especial deber de cuidado en su rol garante de niños y niñas, y hay vastos antecedentes del no cumplimiento de dicha función”.

11 de marzo de 2020/SANTIAGO Encapuchados lanzan bombas molotov a carabineros, durante una jornada de incidentes en las afueras del Instituto Nacional FOTO: AGENCIAUNO

Los dardos a Hassler

Lilian Vicent dejó el Liceo Barros Borgoño para tomar la dirección del Darío Salas en marzo de 2019. Ahí, sostiene, se encontró con una comunidad destruida. Había solo 200 alumnos, siendo que la capacidad del establecimiento era para 1.900.

Ese año también vivió un peak de violencia en su nuevo colegio: un overol blanco está siendo procesado por rociar con bencina a una profesora y amagar prender el combustible. Otros dos fueron condenados por lanzar objetos incendiarios.

A pesar de episodios como ese, Vicent asegura que erradicó la violencia en el Darío Salas, igual como lo había hecho en el Barros Borgoño.

¿Cómo lo hizo?

Ya había asumido Felipe Alessandri como alcalde. Y él les dijo a los directores que tenían que aplicar el reglamento interno y la Ley General de Educación, que dice que el director era el responsable de identificar a estos niños. Y que cuando dañaban gravemente la convivencia escolar y la infraestructura, había que hacer el debido proceso: si no querían cambiar, tenían que irse del establecimiento.

¿Qué pasaba en ese intertanto con el alumno?

Se reubicaba en otro establecimiento y se contenía con profesionales para que el alumno pudiera cambiar. Entonces, yo apliqué la normativa. También hablé con ellos y les expliqué las consecuencias de su actuar: si usted va por este camino, estas son las consecuencias. Y esta es la ley.

¿Eso no se hace en los otros liceos?

No, por eso estamos como estamos. ¿Por qué soy la única directora de la comuna que ha logrado erradicar la manifestación violenta en dos liceos de Santiago?

¿Qué se está haciendo mal?

No aplican las normativas. Mira las respuestas que da Irací (Hassler): “Diálogo, educación no sexista y ambiental”. No entiende los procesos, no entiende que estos estudiantes están cansados del diálogo, porque llevan 10 años dialogando. Ellos quieren hechos concretos. Y los directores tienen miedo de aplicar la normativa porque hay consecuencias. Porque no es fácil. ¿Tú crees que ha sido fácil para mí ahora? Yo estoy suspendida desde el 29 de marzo, porque he sufrido una persecución política horrible. Irací me tiene suspendida.

Consultado, el municipio de Santiago no ahondó en las razones específicas de la suspensión de Vicent.

¿Por qué dice que la persiguen?

Porque erradiqué las manifestaciones violentas y apliqué la normativa. Tomé a estos encapuchados y les hice debido proceso. Pero Irací (Hassler) los defendió cuando era concejala. Dicen que yo soy el rostro de Aula Segura, pero no es así, porque Aula Segura incluso protege a los estudiantes que realizan estas acciones.

Con el tiempo, las condiciones en el Darío Salas fueron mejorando. De hecho, subraya Vicent, el alumnado subió a 1.600 en marzo de este año. Pero, indica, no es el caso del Barros Borgoño. “Cuando yo llegué en el 2012 tenía aproximadamente 1.800 estudiantes. Actualmente hay unos 700″.

Este año, la matrícula total de los 44 establecimientos dependientes de la comuna de Santiago es de 31.305: un 17,78% menos que el año 2006. De hecho, desde ese año ha ido en una constante disminución, salvo breves alzas.

El saldo que ha dejado el retorno de los overoles blancos en la comuna es preocupante: al menos 38 micros quemadas y 11 detenidos. En mayo, un chofer de bus declaró haber sido bajado de su máquina en la Alameda con Cumming por overoles blancos a punta de pistolas. Los dos detenidos de esa jornada eran menores de edad y alumnos del Liceo de Aplicación.

Vicent aún espera un pronto regreso a las aulas. Mientras, observa impaciente los sucesos de Santiago. Y tiene un vaticinio:

-Si no se le pone un freno a esto, va a terminar en un homicidio.

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