Alan Pauls, escritor argentino: “Solo la gente que cree en la sintaxis, monstruos antediluvianos, escriben correos, yo soy uno de ellos”

Desde Berlín, donde cumple una beca de residencia, el reconocido autor de El pasado habla de su relación con la tecnologías y las redes sociales a propósito de su nueva novela, La mitad fantasma. Con fecha de publicación para 2021, en ella narra una historia de amor por Skype entre un hombre mayor y una mujer joven, y transcurre entre Buenos Aires y la capital alemana.




Hace un año partió a Berlín junto a la dramaturga y directora Lola Arias, su pareja, y Remo, el hijo de ambos. A los 61 años, el escritor argentino Alan Pauls alterna el trabajo literario, la creación y los talleres, con la plaza de juegos. De cierto modo, la pandemia los sorprendió en el mejor lugar posible: “Nunca hubo una restricción del movimiento, entonces, podíamos ir a la plaza, podíamos andar en bicicleta, no podíamos tener contacto con gente, pero para un niño de seis años, y un niño muy muy enérgico como mi hijo, yo creo que lo peor hubiera sido tener que quedarse encerrado”, cuenta.

Escritor y crítico de cine, eventual guionista, el autor argentino se encuentra en la capital alemana con una beca de residencia. “Es una beca de la ciudad Berlín, que implica solamente la obligación de vivir durante un año en la ciudad. Un año para escritores, artistas visuales y músicos, y creo que seis meses para cineastas. Eso para mí es perfecto, eso es el paraíso, el paraíso”, dice.

Durante este año, Alan Pauls culminó una nueva novela, La mitad fantasma, que será publicada en marzo de 2021, según cuenta en entrevista con el podcast de la escritora y periodista Karen Codner, que será emitido el lunes en su web www.karencodner.com y en su podcast “Celular. Un llamado a la creatividad” en Spotify. Acá ofrecemos extractos editados de la conversación.

Con El pasado, novela ganadora del premio Herralde 2003, Pauls logró reconocimiento y visibilidad a nivel internacional. “Es un libro que me gusta mucho, es un libro que me gusta tropezármelo, cuando alguien me dice que leyó El pasado, o cuando alguien me dice algo sobre el libro en general”, dice. “No soy como esos rockeros en decadencia que siempre piensan en el hit que los llevó a la módica fama, con rencor o con resentimiento. Aunque soy un escritor en decadencia, me parece que El pasado fue un muy buen momento para mí”.

Y de algún modo, El pasado se relaciona con La mitad fantasma, el libro que acaba de concluir, a través de un autor que Pauls admira: “Nabokov es una sombra que planea en general mucho sobre lo que escribo, a veces para mal, porque es muy difícil escribir como Nabokov. Casi tan difícil escribir como Nabokov es escribir como Borges. Y a veces, muchas veces, para bien, porque como todo gran escritor, es un escritor que inventa posibilidades para otros autores. Así que, hay algo de Nabokov en El pasado, y creo que hay algo de Nabokov, también, en la novela que vine a escribir aquí a Berlín y que terminé hace unos meses”.

Cuéntanos algo de ella

Es una novela que tiene cuatro partes, y hay dos partes que transcurren en Buenos Aires, una en Berlín, y una última que no se sabe muy bien donde transcurre, pero se supone que también es en Berlín. Es una historia, básicamente, de amor a distancia. Es el romance entre un señor maduro de temperamento más bien sedentario, que está ya experimentando el modo en que la época lo deja atrás, pero que tiene ciertas astucias y ciertas armas para todavía colgarse de ella, y una mujer más joven, que tiene una de esas existencias muy contemporáneas, que proliferan hoy, que se dedica a cuidar casas por el mundo. Va de casa en casa, vive quince días, un mes, según el tiempo que la contraten, y cuida casas, y muchas veces las mascotas que vienen incluidas con las casas, y muchas veces la gente mayor o las plantas que vienen con las casas, a cambio simplemente del alojamiento, y para subsistir da clases de idioma por internet, online. Entonces, es un romance por Skype.

¿Integras los recursos de la tecnología?

Sí, la tecnología y sobre todo los desperfectos de la tecnología que son lo que más me interesa.

Es difícil escribir integrando estas aplicaciones inmediatas, el WhatsApp, que son distintas del mail...

Ya uno podría empezar a diferenciar, porque digamos antes, cuando apareció el mail, uno decía: se acabaron las cartas. Y sin embargo, ahora con el WhatsApp y con las nuevas aplicaciones, uno piensa en el mail como si fueran las nuevas cartas, y, de hecho, la gente que se sigue comunicando por correo electrónico es gente que perdió totalmente el tren, en cierto sentido, yo entre ellos, por supuesto. Pero hace diez o quince años el mail era una especie de shock tecnológico para los que estábamos acostumbrados a escribir cartas y esperar que la carta llegara y a recibir la respuesta, etc. Hoy ya es una tecnología completamente anacrónica o arcaica. Pero yo creo que es entonces cuando la tecnología se pone más interesante, cuando empieza a perder contemporaneidad y a ser usada de otra manera. Uno empieza a tener cierta relación creativa, si quieres, o perversa también con la tecnología, sobre todo una vez que la tecnología empieza a ser dejada de lado.

¿Se puede dejar de lado la tecnología?

Bueno, no de lado, pero ahora entre escribir un mail y mandar un WhatsApp, obviamente la gente prefiere mandar un WhatsApp. Y solamente la gente que todavía cree en las frases, que todavía cree en la sintaxis, que todavía cree en los párrafos, en los puntos aparte, en los acentos, en las palabras completas y no abreviadas, solamente esa gente que ya son como monstruos antediluvianos, solamente ellos escriben mails ¿no?

Difícil la situación para los que escribimos

No, para mí es muy agradable, o sea, me parece que simplemente hay que reconocer cuáles son los propios límites. Yo ya me doy cuenta de que hay ciertas cosas a las que no voy a llegar nunca, nunca, o sea renuncié a ellas.

Por ejemplo...

O sea renuncié a Facebook, pero hace mucho, cuando Facebook empezó a despegar, dije: “Bueno, esto ya no es para mí”.

Pero tú tienes una página, con muchos seguidores.

Sí, pero son páginas que no tienen que ver conmigo, en el sentido que no las armo yo.

“En la única red social en la que tengo presencia es en Instagram, que me parece que es una red social bastante más para mí, donde la inmediatez o la instantaneidad no son tan fascista”, cuenta Pauls. “Es una red mucho menos agresiva, así que…pero, por ejemplo, en Twitter ya está, yo ya me despedí, pero me parece que ya todo el mundo medio se despide. La gente vive despidiéndose de tecnología, la gente vive velando tecnologías, vive enterrando tecnologías, y pasando rápidamente a otras”.

Y en otro tema, ¿cómo es ser papá en época de Covid en Berlín?

Dentro de todo fue bastante tolerable, porque lo único que hubo que lamentar, acá en Berlín, fue la suspensión de los jardines de infantes. Mi hijo estaba pasando un promedio de seis a siete horas por día en el jardín de infantes, y con la cuarentena eso se cortó, y durante dos meses estuvo con nosotros full time. Pero de todos modos aquí siempre se pudo salir, hubo dos, las dos primeras semanas de la cuarentena fueron más estrictas, pero siempre se pudo salir. Nunca hubo una restricción del movimiento, entonces, podíamos ir a la plaza, podíamos andar en bicicleta, no podíamos ver gente, no podíamos tener contacto con gente, pero para un niño de seis años, y un niño muy muy enérgico como mi hijo, yo creo que lo peor hubiera sido tener que quedarse encerrado.

Como en Argentina y en Chile.

Exactamente, yo realmente me pregunto cómo sobrevive la gente con niños de esa edad en Santiago o en Buenos Aires, o en todo Chile o en Argentina, porque me imagino que eso debe ser el infierno, para todos.

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