¿Cómo lidiar con los desconfiados ante la vacuna Covid? Los nudos de la campaña que planea el gobierno

En el Ejecutivo están en la fase inicial de lo que será una labor informativa y educativa, centrada en la seguridad de las dosis que llegarán al país y que serán determinantes en el manejo de la pandemia. Hay reticencia en segmentos socioeconómicos bajos y en mayores de edad, han detectado dos encuestas. ¿Podrán ser buenos voceros los políticos? No parece una idea eficaz.




En Chile ya van al menos dos encuestas que intentan dilucidar quiénes y por qué son reacios a recibir una inmunización que se espera sea crucial para frenar la pandemia. La de Criteria Research conocida hoy dice que el 37% está “completamente dispuesto” y el 36% “algo dispuesto”, pero el 27%, “nada dispuesto”. La indisposición total de estos últimos -explican en la consultora- es mayor en segmentos socioeconómicos más bajos: en el “D” es de 31%, en el “C3″ es 31%, en el “C2″, 19%, y en el “ABC1″ es de 15%.

A la inversa, la respuesta “completamente dispuesto” marcó 53% en el ABC1, 44% en el C2, 30% en el C3, y 32% en el D. A fines de noviembre, Cadem midió que el 62% dijo que sí se vacunaría y el 36% no; en el segmento “Bajo”, los números fueron de 56% y 41% respectivamente, y la mayor resistencia estuvo en el tramo etáreo de 35 a 54 años (40% no se vacunaría).

“Hay un nivel de angustia y desconfianza en el tramo más pobre de la población, sienten que pueden ser conejillos de Indias. Acá no hay un problema de elites antivacunas, sino que uno de desconfianza en la calidad y en la focalización de la vacunación”, lee Cristián Valdivieso, fundador de Criteria.

Despejar este fantasma y evitar que la reticencia a ser inoculado merme la eficacia del que será un operativo sin parangón para ponerle atajo al virus será uno de los ejes de la campaña educativa e informativa que desplegará el gobierno, y que preparan la Secretaría de Comunicaciones (Secom) y el Ministerio de Salud. Aún no está licitada, pero en La Moneda dicen que sí tienen claro que se enfocará en trasmitir que “la vacuna es confiable” y que se tratará de “una cruzada nacional”. Están mirando, dicen, atentamente lo que ocurre en el Reino Unido, que comenzó a aplicarla anteayer.

Allá publicitaron que la primera vacunada fue Margaret Keenan (90), y el segundo William Shakespeare (91), del mismo condado que el dramaturgo homónimo. Nada fue casualidad y estaba todo pensado, leen acá. En Estados Unidos ha circulado la idea que el presidente electo Joe Biden se vacune en vivo, y en Argentina el presidente Alberto Fernández ya dijo que “el primero que se va a dar la vacuna rusa soy yo”. Acá, mientras el reporte de hoy arrojó 566.440 casos totales, más de 10 mil activos, 15.774 víctimas fatales y 84 en la última jornada, en Palacio tiran líneas de lo que vendrá.

Aunque la campaña -que será en el marco de las que hará el Minsal en el primer trimestre 2021- está diseñándose, en el gobierno planean generar confianza a través de símbolos y recalcar que las dosis son de fiar. En el Minsal creen algo parecido. Que la campaña debe apuntar a convencer que la vacuna es segura. Con todo lo inédito y sin precedentes de esto, los tiempos también serán vitales. Por ejemplo, solo se lanzaría este despliegue cuando las vacunas ya estén acá y a punto de distribuirse, para evitar el efecto contrario: que la gente vaya a los consultorios, vea que no están disponibles y se genere un malestar extra.

Este punto lo recalcan en el gobierno y también lo suscribe el ex ministro Jaime Mañalich: “Una campaña que busque inmunidad de rebaño, esto es, cubrir a más del 70% de la población, se debe hacer cuando las vacunas estén garantizadamente en el país. Una cosa es tener un contrato y otra, tener la vacuna.”

Además cree que “una campaña debe dejar claro que este esfuerzo de vacunación será gradual y focalizado de acuerdo a los riesgos de enfermar que tienen ciertas personas”, y que debe centrarse primero en adultos mayores para evitar un nuevo colapso en la red. Confiar o no en una vacuna nueva es antiguo, agrega. Cuando en el Reino Unido Edward Jenner (1749-1823) comenzó con la campaña de variolización, fue muy resistida: el método consistía, cuenta, “en sacar las costras de la viruela de las vacas, hacerle una herida a un niño y colocarle el virus de las vacas, parecido al de los humanos, con tal de generar anticuerpos. Hubo un bullying gigantesco. La Reina se convenció que la vacunación era importante y el movimiento antivariolización era brutal, y ella y sus hijos se vacunaron”.

Pero Mañalich advierte que “acá no hay que comprar ideas extranjeras. La idea de que haya líderes políticos como elemento de demostración me parece mala idea, porque la vacuna será escasa y muchos dirán que de nuevo los privilegiados de siempre”.

El doctor Miguel O`Ryan, ex integrante del Consejo Asesor COVID-19, piensa que la campaña “debe ser lo más informativa posible, en formato sencillo, de por qué son importantes las vacunas. Debiese tratar de responder las principales preocupaciones de la comunidad, ojalá obtener esa información mediante investigación: cuáles son las principales dudas de la población, para contestarlas claramente y con datos”. Que también debe “explicar por qué es importante para el individuo y la comunidad que se vacunan. Y que detrás haya liderazgos o personas con credibilidad”.

¿Voceros? Más sociedad civil, menos voceros

En el Ejecutivo también dicen tener bien claro que educar y convencer encara obstáculos, porque además del escepticismo de algunos en el fármaco también está la desconfianza en el gobierno, que es el mensajero. Y eso abre interrogantes y advertencias acerca de cómo hacer y no hacer todo esto.

Uno tiene que ver con quiénes podrán ser los rostros ancla de algo que busca convencer. ¿Políticos? Mala idea. Valdivieso cree que “hay que fijarse primero en quienes han generado más confianza y darles un rol importante: el Colmed, expertos en salud, alcaldes y el ministro Enrique Paris, uno de los mejores evaluados. El gobierno no puede estar ausente”.

Claro que no seguir el ejemplo trasandino o norteamericano. “Si el Presidente Piñera se convierte en un actor relevante va a generar más desconfianza. Jamás debiera ser el primer vacunado en vivo, porque la gente leerá que le están poniendo una vacuna mejor que la del resto”, agrega.

Mañalich, con otras palabras, cree lo mismo. “Si el Presidente Piñera es el primero en vacunarse sería un error publicitario gigantesco. La primera persona debe ser un adulto mayor que se ha cuidado mucho, que ha sido responsable, casi como un premio, con un speech que invite a todos a vacunarse”, dice. E insiste en que “las campañas tienen que dejar claro que es para personas comunes y corrientes”.

Roberto Izkison, de Cadem, piensa que si se trata de buscar voceros eficaces, “miraría tal vez a los conductores de los matinales, pensando en segmentos de mayores de 55 años. La campaña tiene que transmitir confianza”.

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