El duro presente y el futuro incierto del circuito de cine arte

La sala de cine El Biógrafo, en el barrio Lastarria, cerrada por la pandemia.

Cerradas como todas, las salas dedicadas al cine de autor y a las producciones independientes intentan subsistir en medio de la crisis. Algunas se han acogido a la Ley de Protección del Empleo, otras planean estrenos en VOD y todas buscan mantener a la audiencia a través de redes digitales, mientras aumenta la presión de las deudas.




El 2019 fue un año de inversiones para Insomnia-Teatro Condell, espacio plaza fuerte de la cinefilia porteña. Por remodelaciones varias -cambio de piso y butacas, instalación de un proyector de alta gama-, no hubo funciones entre febrero y junio. Y tras el estallido de octubre, estuvieron un par de semanas sin operar. “Pero la presión de las deudas era mayor y seguimos funcionando, dado que el arriendo del espacio sale directamente de la taquilla por ticket vendido”, cuenta su administrador, Leonardo Torres.

Agrega que en el verano hubo muy buena asistencia (febrero tuvo la mayor tasa, con 5 mil espectadores), pero que en marzo, cuando debieron suspender las funciones por la emergencia sanitaria, se quedaron sin poder pagar el arriendo y con miedo a perder lo invertido. El equipo, que recibe sus sueldos por fondo adjudicado, está sin ingresos desde febrero, y solo cuando lleguen los fondos para 2020 habrá alguna certeza sobre lo que venga. “Por ahora, no hay dinero para nada, solo deudas”, agrega Torres.

No son los únicos en el circuito alternativo de la exhibición cinematográfica chilena, tras la irrupción provocada por el covid-19. Luego del incendio de diciembre, el Centro Arte Alameda se había instalado en marzo en el Instituto Nacional, “con una planificación y una programación contemplada para partir en abril”, según cuenta su directora, Roser Fort. Pero nada habrá de eso hasta una fecha hoy indeterminable.

Otro tanto puede decirse de El Biógrafo, que ya había pagado los costos de estar próximo a la “zona cero” y que en palabras de su dueño, Daniel Scrigna, enfrenta hoy una “situación grave que no sabemos hasta cuándo podremos enfrentar”. Por de pronto, su personal ya fue acogido a la Ley de Protección del Empleo.

Las salas de cine arte y afines viven hoy las dificultades del presente y la incertidumbre del futuro. Con márgenes diversos de maniobra, y todas a la espera de un público que hoy se desquita con el streaming o con torrent.

Salir jugando

Ya el 23 de marzo, a cuatro días de declarado el estado de catástrofe, la Red de Salas de Cine hacía presente su preocupación: sus 13 espacios en nueve regiones, con un staff de 125 personas, requieren poco más de $ 35 millones para operar mensualmente. Un cierre de tres meses, equivalente a 2.619 funciones, les significaría dejar de percibir sobre $ 138 millones generándoles un déficit operacional de $105 millones. “La naturaleza de cada sala influye harto” en el nuevo escenario, explica hoy Teresita Ugarte, directora ejecutiva de la Red de Salas y productora general de Sala K: “En la red tenemos centros culturales que dependen de sus respectivos municipios; también, entidades privadas, como corporaciones y fundaciones sin fines de lucro, así como la Cineteca Nacional, que depende del Centro Cultural La Moneda, o el Cine Club UACh, que depende de la U. Austral. Algunas tienen una mayor espalda institucional, pero para las salas que subsistían mes a mes de la venta de la taquilla, estar cerrados es un golpe muy fuerte”.

La Sala K, ubicada en el Barrio Italia, cesó a quienes proyectaban y vendían boletos. Ahora prepara un catálogo de películas para ver gratuitamente en streaming.

Dadas las circunstancias, la Red y su directora han estado presentes allí donde se discuten posibles apoyos estatales. Uno de los más bullados son los $ 15 mil millones que el Ministerio de las Culturas proveerá a creadores y gestores –vía reasignación de recursos- tras conocerse los resultados de una encuesta online.

De ese monto, informa Ugarte a la salida de una reunión del área, irán al audiovisual, globalmente, unos $ 700 millones. De los criterios para repartirlos, aún no hay claridad. Sin despreciar, ciertamente, estima que es “muy poquito, pensando en seis meses”, y agrega: “Todo el trabajo de conseguir recursos más contundentes (acercarse al Ministerio de Hacienda, por ejemplo, o buscar un acercamiento entre Corfo, Sercotec y otros), no se está haciendo por ahora”. De momento, remata, se anuncian montos concursables para afrontar la emergencia, y a los que tendrán que echar mano Sala K, Insomnia-Teatro Condell, la chillaneja The Oz y, en general, las que deben que seguir pagando arriendo y sueldos sin contar con las mencionadas “espaldas”.

Y en medio de tanta crisis, la oportunidad, por limitada que asome: la vinculación online con el público de siempre y, ojalá, con nuevas audiencias. La propia Sala K, que debió cesar temporalmente a quienes proyectaban y vendían boletos, espera lanzar pronto un catálogo de películas gratuitas, un canal live, talleres de cine club y de apreciación cinematográfica (gratuitos también, previa inscripción) y membresías o arriendos por VOD. En la misma web, las demás salas de la Red tendrán un micrositio para ofrecer sus propias películas y talleres en paralelo.

Por su parte, Gitano Films, apéndice de distribución del Centro Arte Alameda, tiene derechos VOD de algunos de sus títulos (Paterson, Amanda, Los jóvenes salvajes) y otro material ajeno al streaming tradicional. Igualmente, anticipa el programador Martín Castillo, hay “un par de estrenos internacionales que irán directo al VOD, además de una selección de cortos chilenos. La idea es que se pueda pagar por suscripción o por película. Puede estar listo en un mes. Creemos que faltan alternativas, algo más en la línea de lo que hace MUBI, donde lo importante no es la cantidad de películas, sino su calidad”.

Y no podían faltar las iniciativas digitales de la Cineteca Nacional, que ya era fuerte en este rubro con un acervo sustancioso de películas chilenas en línea. Su directora, Mónica Villarroel, cuenta de lo que estarán haciendo en este rubro, en paralelo a las tareas de preservación, restauración y extensión. La idea, dice, es mantener el archivo online con su dinámica habitual y generar nuevos contenidos a partir de segmentos de la programación pensada para la sala. En esa lógica, asoman los especiales temáticos (cine silente, adaptaciones de obras literarias), muestras y joyas del archivo, y registros de actividades de mediación y formación realizadas en sus salas. Eso, sin mencionar la liberación de publicaciones como los libros editados en conjunto con Lom.

Comenta