Fernando Atria y las elecciones: “Deben llevar a una moderación en que los convencionales asuman más responsabilidad por asegurar el éxito del proceso”

Octava y Novena sesión de Convención Constitucional

15 de Julio 2021 / SANTIAGO Actividad de la Convención Constituyente en el Ex Congreso Nacional En la foto: Fernando Atria FOTO: DIEGO MARTIN / AGENCIAUNO

El convencional frenteamplista sostiene que los resultados de los comicios dan cuenta de una preocupación de la ciudadanía porque el proceso de transformación que lidera la Convención “se pueda mantener dentro de cauces de orden y tranquilidad”. Algo que, a su juicio, el organismo no ha podido asegurar en estos meses de trabajo por diversas razones, entre ellas, la “falta de atención por las formas y los discursos con guitarra” y por “cierta indiferencia a la urgencia de la nueva Constitución”. Advierte, además, que ante un Parlamento adverso, el organismo debe repensar ciertos aspectos de su cronograma.




El convencional Fernando Atria (Frente Amplio) hace un balance de los comicios del 21 de noviembre. Sostiene que más que un llamado a la moderación en los discursos y contenidos de la nueva Constitución, el avance de la derecha en el Parlamento y la ventaja de José Antonio Kast obligará a los convencionales a que “asuman más responsabilidad por actuar de modo de asegurar el éxito del proceso”.

Si bien se declara “optimista” sobre lo que viene, afirma que la elección constató que “para la derecha es posible, a pesar de los resultados de mayo y octubre, levantar una campaña contra el proceso constituyente que sea exitosa”.

Sobre la responsabilidad de su sector en el ascenso de discursos conservadores, por ejemplo, al impulsar proyectos como el de indulto, el abogado hace una autocrítica y sostiene que debió presentarse bajo el argumento de “pacificación” e incluyendo, además, a las pymes afectadas y también a Carabineros.

¿Cómo lee los resultados de las elecciones recién pasadas?

Esos resultados no deben ser entendidos como una negación a lo que vino antes. Es decir, la demanda de transformación que se manifestó en octubre y en mayo sigue tan vigente como antes. La crisis política para la cual el proceso constituyente es una solución, o pretende serlo, sigue tan actual como antes. La manera en que lo entiendo es que hay una preocupación de que este proceso de transformación se pueda mantener dentro de cauces de orden y tranquilidad que no se veían, en ese momento, asegurados. Eso es lo principal y es la tecla que, en mi opinión, José Antonio Kast tocó acertadamente y que le permitió alcanzar la mayoría relativa.

¿Por qué dice que no se veía eso asegurado? ¿La Convención ha favorecido algo de eso?

La Convención en su actuar ha hecho una contribución a eso, no creo que sea responsable, pero sí creo que ha hecho una contribución. Pero una contribución que debe ser siempre entendida en el sentido de que cualquier cosa que hace la Convención es brutalmente amplificada por una campaña de boicot y desprestigio que existe tanto dentro como fuera de ella. Dicho eso, un sector importante de la Convención entendía que el éxito del proceso constituyente estaba asegurado por los resultados de octubre y mayo. Y bajo esa lógica, como el éxito del proceso constituyente estaba asegurado y como también estaba la sensación de que tendríamos asegurado un Congreso favorable, hubo acciones o posicionamientos de algunos convencionales que pudieron ser explotados y amplificados para dar a entender que esta Convención no es seria, que no se toma su mandato en serio. Por eso, irónicamente, desde el punto de vista del proceso constituyente, la primera vuelta, y eso es -a mi juicio- totalmente independiente de lo que pase en la segunda, dejó claro que el éxito del proceso constituyente no está asegurado. Que no esté asegurado no quiere decir que es probable que fracase, yo soy optimista. El éxito de un proceso constituyente que discurre en el entendido de que aquello está asegurado, es menos probable que el éxito del que sabe que necesita hacerse cargo de asegurar las condiciones para eso.

¿A qué se refiere con que algunos en la Convención han contribuido a esto? Se ha apuntado a la declaración inicial en favor de los presos de la revuelta.

Esto funciona a varios niveles. No pongo esa declaración en la lista de cosas que muestran el problema del que estamos hablando. Me refiero más a cosas que son ideas que aparecieron en la boca de algunos convencionales y que luego se le imputan a la Convención, injustamente, por supuesto, porque la Convención no habla por uno o algunos de sus convencionales: falta de atención por las formas, discursos con guitarra y cosas así. También una cierta indiferencia a la urgencia de la nueva Constitución y, entonces, al hecho de que la nueva Constitución se termine dentro de plazo, de hecho, en la discusión del cronograma estuvo siempre dando vuelta la idea de que no es tan grave que no terminemos dentro del año, porque podemos conseguir una extensión. Por otro lado, cosas que en rigor son falsas, pero que fueron utilizadas en contra de la Convención: que la Convención habría decidido negar el derecho de los padres a educar a sus hijos o que habría decidido que Chile no iba a ser una República, como si hubiera decidido que iba a ser una monarquía, en fin.

Usted dijo que había que hacer una diferenciación entre los presos del estallido y los presos en otros contextos, incluso cuando hubiesen cometido delitos graves. ¿No hay una responsabilidad o autocrítica de su sector en el avance de discursos más conservadores?

Yo nunca he dicho que la violencia se justifique en un caso y no se justifique en otro. Así ha sido presentado, por cierto, y eso es parte de la misma campaña comunicacional de la que hablamos. Hay una diferenciación, pero no hay una justificación. Es decir, la diferencia no yace en que una violencia esté justificada y la otra sea injustificada. Si de autocríticas se trata, el proyecto de ley de indulto fue presentado como un proyecto para beneficiar a las personas que estaban presas. Eso lleva a que se le atribuya fácilmente una pretensión de justificar lo que esas personas hicieron. Eso fue un error, las leyes de amnistía o de indulto general siempre se fundan en un argumento bien distinto: en el de la pacificación. Es necesario pacificar después de un evento traumático. Creo, y en esto no represento a nadie más, que el proyecto de indulto general debería ser presentado como una cuestión de pacificación, no de beneficiar a determinados presos, y eso supone abrir la discusión a cuestiones adicionales. Por ejemplo, que dentro de esa discusión se incorpore el debate sobre medidas de reparación no solo a quienes sufrieron daños físicos, sino también a las personas que sufrieron daños materiales. Y la otra cosa es que un proyecto como este debería discutir los casos, que no son todos, en que ese indulto general debería alcanzar a los miembros de las fuerzas de seguridad, de policías.

Algunos han planteado que los resultados de las elecciones pueden ser interpretados como un llamado a la moderación del discurso de la Convención. ¿Lo comparte?

No creo que los resultados de las elecciones sean un llamado a la moderación, en el sentido de que entonces la nueva Constitución no deba ser transformadora. Sí creo que lo que muestra la primera vuelta es que para la derecha es posible, a pesar de los resultados de mayo y octubre, levantar una campaña contra el proceso constituyente que sea exitosa. A eso me refería cuando decía que el resultado estaba asegurado, que había la impresión de que, dadas las condiciones, esa posibilidad ya no existía. La derecha mostró exitosamente que sí puede hacerlo y por eso el efecto de la primera vuelta es independiente del resultado de la segunda vuelta, lo cual no quiere decir que el resultado de la segunda vuelta sea indiferente, sino que pase lo que pase en la segunda vuelta, ya quedó demostrado eso. Esto debería llevar a una moderación no tanto en cuanto al contenido, eso es algo que se verá en la discusión, sino más bien en que los convencionales asuman más responsabilidad por actuar de modo de asegurar el éxito del proceso, sabiendo que no está asegurado.

¿Cómo explica los resultados de las elecciones parlamentarias? La composición del Congreso es muy distinta a la de la Convención.

Es importante no perder de vista que lo que está pasando, está pasando en un contexto de crisis política aguda, causada por el derrumbe de la forma política chilena, que ocurrió el 18 de octubre. Todo lo que ha pasado después, desde los avatares de los diversos proyectos de retiro, los proyectos que en su momento fueron acusados de inconstitucionales hasta lo que se denominó parlamentarismo de facto, muestra que la forma política vigente ese día se vino al suelo. Entonces, hoy día estamos funcionando, por así decirlo, con la inercia, a la espera de una nueva forma política que es la que se pretende que surja de la nueva Constitución. Eso significa que las cosas que pasan son extrañas, porque pasan en un contexto de una forma política que opera por inercia. Por ejemplo, buena parte de los votos que obtuvo Parisi en la primera vuelta no son votos positivos por Parisi, son más bien votos negativos, de rechazo a lo que existe, que es una manifestación más de esta situación. Ese rechazo se manifestó en la elección de mayo en el extraordinario apoyo que tuvieron quienes se planteaban explícitamente como contrarios a la política institucional con el apoyo a las candidaturas independientes. En términos de correlación de fuerzas en el Congreso, visto desde ahora, el resultado es bien distinto, porque en un caso se favorece a “la izquierda” y en el otro caso se favorece a “la derecha”. Pero el fenómeno del cual esos resultados son manifestación es el mismo.

¿Por qué Gabriel Boric da mayores garantías al proceso constituyente?

No solo al proceso constituyente. Precisamente la garantía que da Gabriel es que el proceso de transformación que se viene es una exigencia que ha sido demasiado categórica por parte de la ciudadanía. Y el desafío de lo que viene es conducir ese proceso de un modo ordenado. Para cualquiera debería ser bastante claro que la capacidad de José Antonio Kast de conducir un proceso de transformación de un modo ordenado es cercano a cero. Mientras que Gabriel ha demostrado tener esa capacidad. Es fundamental recordar la actitud que tuvo para el acuerdo del 15 de noviembre. Él sabía que su posición iba a ser criticada por algunos de sus propios partidarios. De hecho, su partido estuvo en contra de firmarlo. Entonces, el hecho de que él haya asumido ese riesgo poniendo en juego su carrera política muestra por qué es el tipo de liderazgo que necesitamos.

¿Qué le parece la propuesta de convencionales de Vamos por Chile para que la Convención se comprometa a no alterar el plazo del próximo periodo presidencial?

Me parece bien pintoresca esa declaración. La derecha siempre ha puesto el grito en el cielo, con mucha imaginación, cada vez que ellos ven cuestiones que creen que son incompatibles con las reglas que existen. Y ahora lo que ellos nos piden es ignorar una regla que está en la Constitución. Eso no está dicho por nosotros ni es algo que se le ocurriera al vicepresidente Jaime Bassa, eso es parte de las reglas que se le aplican a la Convención. Me parece totalmente contradictorio, por cierto, esa facultad que la Convención tiene tendrá que ser evaluada en su momento. Yo espero que cuando eso ocurra esa cuestión no va a ser discutida en términos de si nos gusta o no nos gusta el presidente de turno. Creo que va a ser así porque la Convención está adquiriendo cada vez más conciencia de su responsabilidad histórica.

Es claro que una eventual prórroga es improbable dada la composición del próximo Congreso. ¿Es necesario repensar el cronograma, semanas territoriales y futuros viajes?

El cronograma que la Convención aprobó está pensado para que termine su trabajo en un año. Ahora, hay ciertas cosas, como las semanas territoriales, que implican una presión en el tiempo disponible que hacen que todo sea muy apretado. Y, supongo yo, que quienes las empujaron, siempre pensaron en una prórroga. Está claro que la expectativa de que el nuevo Congreso iba a ser más favorable a la Convención no es real. Y eso debe llevarnos a rediscutir a algunas cosas. De hecho, esa discusión está ocurriendo, porque esto es algo de lo que hay conciencia en la Convención. Por ejemplo, no se ha planteado tanto eliminar semanas territoriales, pero sí moverlas.

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