La U, Allende y Johnny Marr: los hitos que definieron a Andrés Bobe
A 25 años de su muerte, amigos y colaboradores del fundador de La Ley explican su fundamental aporte al grupo y a la escena del pop y el rock chileno de su época, además de los proyectos que dejó pendientes. Uno de éstos verá luz próximamente: ocho canciones en inglés que grabó junto a Beto Cuevas.

El 10 de abril debía haber sido un domingo especialmente feliz para Andrés Bobe. Ese día, la Universidad de Chile humilló a Colo a Colo en el Estadio Nacional con un triplete de Marcelo Salas, en una jornada que terminó 4-1 a favor de los azules, y con graves incidentes y destrozos en el recinto y sus alrededores por parte de la Garra Blanca. Horas más tarde, en el mismo Velódromo del estadio de Ñuñoa, los británicos Depeche Mode se presentaron por primera vez ante el público chileno, con un espectáculo recordado hasta hoy.
Pero Bobe, de entonces 32 años, no alcanzó a ver la goleada del equipo de sus amores a su clásico rival, ni la consagración definitiva del "Matador", ni el debut en el país de los autores de Personal Jesus, una de sus referencias musicales directas. En la madrugada de ese día, el guitarrista y compositor de La Ley tomó mal una curva en la calle Monseñor Edwards, en La Reina, cuando volvía a la casa de su pareja -luego de un concierto a beneficio de la hija de Héctor Robles, jugador de Palestino- y todo terminó mal: para cuando llegó al hospital Salvador el músico estaba sin vida.
La muerte de Bobe no sólo marcó un antes y un después en la carrera de La Ley, sino que para toda la escena del pop y el rock chileno de la época, alterando el destino de una serie de proyectos en los que estaba involucrado en ese momento. De hecho, por esos días, el compositor de Doble opuesto estaba trabajando en su primer disco solista, e incluso, según algunas versiones, mantenía conversaciones avanzadas con el tecladista Rodrigo Aboitiz, otro de los fundadores de La Ley y uno de sus amigos cercanos en la música, para convencerlo de volver a las filas del grupo.
Además, Bobe ya había sido fichado como productor del primer disco de Lucybell, Peces (1995), que comenzó a grabarse en agosto de ese año. Incluso, había gestiones para que ese año La Ley grabara para MTV el primer recital "Unplugged" de una banda chilena -y latinoamericana-, hito que finalmente corrió por cuenta de Los Tres, en 1996.
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Al funeral de Bobe llegaron sus fanáticas e incluso miembros de Los de Abajo.[/caption]
Según los archivos de prensa de la época, se realizaron dos minutos de silencio en el estadio Nacional ese 10 de abril de 1994 en memoria del artista: primero, antes del Superclásico entre la U y Colo Colo -al día siguiente, Los de Abajo asistieron a su funeral-, y luego otro durante el concierto de Depeche Mode. En paralelo, la teleserie de Canal 13 Champaña, en cuya banda sonora destacaba el tema En la ciudad, de La Ley, homenajeó al músico con unas palabras en su memoria esa tarde, al inicio y al final de la emisión.
El piloto de Allende
Como muchos músicos chilenos de su época, gran parte del bagaje musical de Andrés Bobe tuvo que ver con sus días en el exilio. Nacido en Santiago en 1962, tuvo que dejar Chile siendo un niño tras el Golpe Militar de 1973. "El papá de Andrés era piloto comercial y durante un tiempo fue piloto del presidente Allende", cuenta Luciano Rojas, otro de los creadores de La Ley y uno de sus más cercanos compañeros en la música. Según éste, si bien nunca estuvo a cargo oficialmente del avión presidencial del fallecido mandatario, sí piloteó varios de sus vuelos al extranjero, entre ellos el que lo llevó a Nueva York en 1972, donde Allende pronunció su famoso discurso en las Naciones Unidas. Un recuerdo que René Bobe atesoraba especialmente.
Cuando vino el Golpe, la familia Bobe decide por voluntad propia irse de Chile. Así, los trabajos que René consiguió como piloto en diversos países fueron trasladando a su familia por diversos destinos: desde Libia a Roma y Los Angeles (EE.UU.). En cada lugar, Andrés se fue empapando de la escena new wave y del rock alternativo que imperaba por esos años en el primer mundo, con Talk Talk y las guitarras de Johnny Marr como principales referentes.
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Bobe, segundo desde la izquierda, se unió a La Banda del Pequeño Vicio a mediados de los 80.[/caption]
Ya de vuelta en Santiago, terminó el colegio y se matriculó en la Universidad de Chile, para estudiar Licenciatura en Arte con Mención en Sonido. Entre sus compañeros estaban Rojas, Aboitiz y Claudio Narea, de Los Prisioneros. "Tocamos en muchas kermesses, en peñas. Armábamos grupos todos los días. En el Pedagógico tuvimos que salir arrancando con nuestras guitaras eléctricas, porque nos decían que éramos influencia extranjerizante", recuerda Rojas, hoy integrante de Diacero. "Eran días de mucha tensión, sobre todo en el ambiente universitario. El canto nuevo y la canción protesta reinaban por esos días, pero nosotros queríamos hacer otro tipo de música, post-punk y new wave, que en esa época era difícil de hacer en Chile".
El primer proyecto más formal que formó Bobe fue Paraíso Perdido, con Rojas y Javiera Parra, entre otros, en 1985. Tras su disolución, un par de años más tarde, se integra -junto al mismo Luciano Rojas e Iván Delgado- a La Banda del Pequeño Vicio, conjunto de culto del underground local. Su aporte al grupo fue significativo, sobre todo para la grabación de El juicio final, su primer y más emblemático cassette, reeditado por primera vez el año pasado.
"Cuando Andrés llegó a la banda, a fines del 86 o comienzos del 87, fue muy respetuoso y generoso tanto a nivel artístico como humano. Era muy livianito de sangre. Incluso cuando se fue a La Ley me ofreció hacer algunas letras para el grupo, cosa que finalmente no ocurrió", rememora Héctor "Titín" Moraga, frontman de La Banda del Pequeño Vicio.
"Andrés nos abrió las puertas de su casa en Puente Alto y ensayamos allí varios meses. Era un lugar muy lindo, muy espacioso, jugábamos pichangas en los recesos, y tanto sus padres como su hermano fueron muy amables también. Fueron días muy motivadores para mí. Andrés le dio otro toque a la banda con los sintetizadores, sonidos que a mí siempre me gustaron mucho. Y eso ayudó a llevar al grupo a otro nivel", añade Moraga, quien recuerda especialmente una gira veraniega junto a Bobe y el grupo por Horcón y sus alrededores.
Como U2 o The Cure
Tras un breve paso por Aparato Raro, Bobe da vida a la primera versión del que sería su proyecto definitivo, La Ley, inspirados por la new wave iglesa y la movida electropop española, y apoyados por el exmánager de Los Prisioneros, Carlos Fonseca. Por esos días, las voces del conjunto estaban a cargo de la vocalista del grupo Nadie, Lucía "Shía" Arbulú.
"Andrés llegó con una visión muy clara y decidida, que aquí nadie tenía en el medio musical chileno. Si bien fue un músico y productor nato, con mucho talento, el además venía con una noción de profesionalismo musical que nos influyó a muchos de nuestra generación", comenta Rojas, quien se integró a La Ley poco tiempo después, en su primer formato de quinteto de 1988. Al año siguiente se incorporaría a sus filas un joven y desconocido Beto Cuevas, quien hoy, en una columna para La Tercera, recuerda al músico como "un buen líder".
"El nivel musical que Andrés respiraba era completamente diferente al que respirábamos nosotros. Ya cuando estábamos en Paraíso Perdido la meta de Andrés era ser como U2, como Elton John, como The Cure. No los ponía en un nivel inalcanzable, sino que se planteaba todo como parte de un proceso de trabajo. Esa visión nosotros no la teníamos", agrega el bajista, quien declara convencido: "Andrés tomó el timón del proyecto y fue con su característico sonido de guitarra y sus composiciones el que le dio el carácter al grupo".
Por estos días, Rojas y el director Germán Bobe -hermano del músico-, trabajan en un nuevo trabajo póstumo del guitarrista, luego de publicación del soundtrack de Moizéfala, la desdichada y el LP "AB" (2010). Un nuevo álbum con valioso material de los primeros años de La Ley, y una suerte de eslabón perdido en la historia del pop chileno.
"Son canciones que hicimos en inglés, ya que en algún momento en la época de Doble Opuesto quisimos hacer un disco para editarlo en Estados Unidos", detalla Rojas. "Allí quedaron unas siete u ocho canciones, todas composiciones de de Andrés y una mía, cantadas por Beto, todas inéditas".
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