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Marina Silva, ex rival de Bolsonaro: “Hay que evitar la trampa del populismo”

FOTO: Diego Herculano/dpa Getty Images

En entrevista con La Tercera PM, la líder ecologista manifiesta sus temores sobre el gobierno de Jair Bolsonaro, especialmente en materia medioambiental. También advierte de los “intentos para frenar de forma institucional el combate a la corrupción en el Congreso”.


Las elecciones presidenciales de octubre en Brasil fueron las terceras en las que la líder ecologista Marina Silva participó. Y el resultado obtenido claramente no fue el mejor. La candidata del partido Red Sustentabilidad (Rede) quedó en el octavo lugar, con solo el 1% de los votos, muy lejos del tercer puesto que consiguió en 2010 y 2014, con el 19,33% y 21,32% de los sufragios, respectivamente. Pero la exministra de Medio Ambiente de Lula dice que “continuará contribuyendo con su país”. De visita en Chile para participar en la Conferencia Internacional “El Estado de la democracia en América Latina: 40 años desde el inicio de la tercera ola democrática”, organizada por CEPAL e IDEA Internacional, Silva analiza en esta entrevista con La Tercera PM su futuro político, los temores que tiene con el gobierno de Jair Bolsonaro y el fenómeno de la extrema derecha en la región.

Durante la campaña usted dijo que “la candidatura de Jair Bolsonaro representa un riesgo inmediato”. Y después del triunfo del candidato del PSL, afirmó estar “preocupada porque se desencadenaron, en la campaña, fuerzas que amenazan la democracia, la mentira y la violencia”. ¿Todavía mantiene esos temores sobre el futuro gobierno brasileño? ¿Por qué?

Como afirmé al final de la primera vuelta, haré oposición democrática al Presidente electo. El resultado de las urnas me dejó, al mismo tiempo, muy preocupada y modestamente confiada. Preocupada porque se desencadenaron, en la campaña, acciones que debilitan la democracia, como la mentira y la violencia, la polarización extrema, la potenciación del odio y del miedo, la ausencia de un debate programático y el descenso de la opinión pública a un nivel inferior al de la racionalidad política. Confiada porque veo la presencia fuerte y vigilante de una conciencia cívica y democrática, enraizada en amplios sectores de la sociedad brasileña, que la hace capaz de resistir a posibles amenazas. Pero la preocupación permanece al oír los anuncios polémicos y controvertidos de representantes del gobierno electo en algunas áreas, como en la agenda ambiental y del combate a las desigualdades sociales.

Usted se encontró con el excandidato presidencial Ciro Gomes (PDT). De acuerdo con la prensa brasileña, hablaron sobre la articulación de un bloque de oposición al futuro presidente sin la participación del Partido de los Trabajadores. ¿Cómo será esa oposición al gobierno? ¿Por qué no integró el PT en este bloque?

Nos encontramos para hablar sobre el desafío de construir una oposición democrática, en conjunto con la sociedad, con una línea de actuación en defensa de las instituciones, de las poblaciones más vulnerables, del desarrollo sostenible y del interés nacional. Este trabajo de articulación también está siendo realizado en el Congreso Nacional, por el esfuerzo del senador reelecto de Red Sustentabilidad (REDE), en el Amapá, Randolfe Rodrigues, para la formación de un bloque parlamentario con dirigentes de partidos que comparten esa misma visión y esos mismos principios. La composición política se dará en función de la alineación con esas tesis.

¿Cómo ve a los militares integrando al gobierno?

Estamos viviendo un momento atípico con aires nostálgicos por parte de algunas personas, pero lo más importante es tener la claridad de que el mapa del camino que debemos seguir es la Constitución en su alcance como un todo, sin adhesiones o negaciones selectivas de sus partes en función de intereses de ocasión. El Estado democrático de derecho debe ser respetado, así como el ideario y los valores republicanos del Estado laico, de la separación equilibrada de poderes, del respeto a las leyes, del funcionamiento correcto de las instituciones y del sistema político democrático.

Usted elogió el trabajo del juez Sergio Moro y de la Lava Jato. ¿La llegada de Moro al gobierno como ministro de Justicia puede significar un revés en la imagen de la operación anticorrupción?

Siempre declaré mi apoyo al trabajo del Ministerio Público Federal, de la Policía Federal y al trabajo del entonces juez Sérgio Moro, por entender que todas las acusaciones en el ámbito de la Operación Lava Jato deberían y deben ser constatadas con todo rigor como medidas de combate a la corrupción y a la impunidad. No hay como hacer predicciones, pero espero que esa agenda pueda ganar aún más fuerza en el país. Existen intentos para frenar de forma institucional el combate a la corrupción en el Congreso Nacional, cambiando el marco legal que da soporte a las investigaciones. La ida del Moro al Ejecutivo se plantea ahora como una gran prueba de fuego, contra ese tipo de retroceso institucional a la corrupción que el Congreso amenaza con hacer, como por ejemplo acabar en la práctica con la Ley de la Ficha Limpia. Esto exigirá que el futuro Ministro de Justicia responda a esos intentos de forma estructural en lugar de acciones puntuales, por más exitosas que sean, como ha sido la Operación Lava Jato. Espero también que la corrupción sea combatida en el área ambiental, en los delitos de apropiación de tierra, deforestación ilegal, etc.

Usted usó su cuenta en Twitter para criticar la nominación de Ernesto Araújo para el ministerio de Relaciones Exteriores. “La elección puede traer serias implicaciones y producir graves daños para Brasil”, escribió. ¿Cuáles son esos daños?

Las posiciones públicas del futuro ministro de Relaciones Exteriores indican un radicalismo que se opone al equilibrio necesario para conducir la política exterior del país. Además, ya afirmó que el cambio climático es un dogma creado por la izquierda, una perversión ideológica globalista. Esta postura mantenida por el gobierno electo, puede producir una humillación internacional y hacer que el país pierda décadas de protagonismo en las negociaciones internacionales, sobre temas como comercio, derechos humanos y medio ambiente.

Usted, que fue ministra de Medio Ambiente en el gobierno de Lula, advirtió que “la Amazonia con certeza corre riesgo” en el gobierno del Bolsonaro. ¿Qué la hace pensar eso?

Brasil es una potencia ambiental, forma parte de los 17 países megadiversos del mundo, ocupando una posición altamente privilegiada, y es el número uno entre los 17. Pero no hay dudas, la Amazonia, con certeza, corre riesgo. Lamentablemente, la deforestación de la Amazonia sigue creciendo. Acabamos de recibir la noticia de un aumento récord de casi el 14%, la peor marca en 10 años. Asimismo, el gobierno electo amenazó con acabar con el Ministerio de Medio Ambiente, habló de salir del Acuerdo de París, atacó al Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (Ibama) y al Instituto Chico Mendes para la Conservación de la Biodiversidad (ICMBio), que son los órganos de fiscalización y ejecución de las políticas ambientales del gobierno federal, y varios otros absurdos que debilitan la protección al medio ambiente. Si lo que se ha dicho sobre las políticas ambientales es confirmado, la repercusión será muy negativa, Brasil podrá pasar grandes humillaciones internacionales con implicaciones serias para el agronegocio y su balanza comercial.

Las elecciones de octubre fueron su tercera campaña presidencial consecutiva. Usted obtuvo el octavo lugar, con solo el 1% de los votos. ¿Cree que en el Brasil de hoy sus posiciones no tienen lugar? ¿Desea disputar otras elecciones?

Las elecciones de 2018 ocurrieron en un escenario extremadamente polarizado, a pesar de las innumerables alternativas que se presentaron a la sociedad. Hubo una elección por los extremos, y nunca me puse en ese lugar. Por el contrario, tal vez, de todas las candidaturas, la mía era la que buscaba constituirse como un eslabón de mediación. Existen posiciones que pueden ser derrotadas electoralmente, pero eso no significa que no tengan importancia o que no sean ciertas. En una democracia, usted ofrece aquello en lo que cree, y las personas tienen el derecho de elegir otra cosa. Escogieron otra cosa. Y yo lo respeto. Como creo en la política como servicio y soy una defensora de la democracia, continuaré contribuyendo con mi país, de otras formas, pero con el mismo sentido de responsabilidad y compromiso. Cuando los oídos parecen no escuchar y los corazones parecen endurecidos para los grandes ideales y causas de la humanidad, más tenemos que hablar de ellas, y sobre todo practicarlas.

¿Cómo ve el estado de la democracia en la región? ¿Considera que el triunfo de Bolsonaro puede impulsar a otros candidatos de extrema derecha en América Latina?

Esta tendencia no se manifestó sólo en Brasil. Tenemos otros ejemplos en otras regiones y es importante reflexionar sobre lo que está sucediendo en el mundo. Brasil hasta por su porte económico en la región tiene un debido peso y es posible que el resultado de las elecciones influya en otros países. Pero aunque exista esa posibilidad de que ocurra una ola, es importante comprender lo que ha sucedido en los últimos años en la región. Los gobiernos de izquierda se aferraron a proyectos de poder y relativizaron temas fundamentales para el fortalecimiento democrático, como el combate a la corrupción, ajustes económicos orientados hacia el logro de una prosperidad sostenible y compartida que es la única forma de promover la disminución de la desigualdad de forma efectiva y duradera evitando la trampa del populismo, que hasta promueve algún tipo de ganancia social por un período corto de tiempo, pero que luego es minado por la falta de soporte económico, educativo y tecnológico, sirviendo tan sólo como medio de arrebatar votos para que los grupos que así proceden se perpetúen en el poder.

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