Pablo Valderrama (Idea País): “La derecha no debe confundir la dureza con una ceguera para ver lo bueno de la Convención”

El director del centro de estudios de inspiración socialcristiana analiza la segunda etapa en la que está entrando la Convención: la discusión de las normas que estarán en la propuesta de nueva Constitución. Valderrama, además, advierte a su sector: "Si es que efectivamente hay un grupo que cree que acá hay que ir a vigilar la Convención en vez de participar en ella, se está confundiendo el rol que tienen".




Idea País, el centro de estudios que se define de inspiración socialcristiana, junto a otros centros como el IES o Horizontal (ligado a Evópoli) están asesorando a cerca de 17 constituyentes de Vamos por Chile. Esto, luego de que advirtieran que había que influir en la discusión constitucional y más aún cuando se dieron cuenta que había convencionales de derecha que no estaban en esa misma línea.

En esta entrevista, Pablo Valderrama, abogado y director ejecutivo de Idea País, analiza el debate que comenzó esta semana en la Convención, entrega algunos de los puntos relevantes para ellos de cara a ese debate y aborda la situación de la derecha en el órgano constitucional.

¿Cuáles son sus expectativas para este debate de fondo?

Hay cosas que espero que no se repitan, en relación con lo que fue la discusión del reglamento, y otras que sí. Las que espero que se repitan, cosas buenas a destacar, es que se respetaron los plazos. Desde un minuto se pensó que esta discusión más procedimental o del reglamento iba a durar tres meses aproximadamente y fue más o menos lo que duró. Quedan nueve meses para redactar una nueva Constitución y, a pesar de que ya hay ánimos de prorrogar ese plazo hasta dos años, es importante que se repita ese ánimo de respetar los marcos, las normas, lo de vivir. Otra cosa que espero que se repita, por ejemplo, es el ánimo de respetar los dos tercios. A pesar de que hubo una tentación importante para algunos sectores de no respetarlo, se confirmó de un modo, aunque a mí me parece que no fue el más pulcro, a propósito de esta discusión de la mayoría simple, pero al final del día se respetó la idea de que las normas de la Constitución tienen que aprobarse por dos tercios.

¿Y qué espera que no se repita?

Por ejemplo, el modo en que se dio la discusión sobre el plebiscito dirimente, la consulta indígena, esta idea de que un grupo de constituyentes presentó el reglamento completo y no hubo espacio para la discusión, lo que sucedió con la eliminación del derecho preferente de los padres como un tema a discutir o cómo quedó establecida la idea del negacionismo, se parece más a un Estado totalitario, que a un Estado que tiene ganas de profundizar la democracia. Soy una persona que guarda escepticismo respecto a algunas cosas pero hay antecedentes que son importantes tener a la vista que muestran que hay algo de ánimo para construir una Constitución que perdure por el tiempo.

Sobre el tema de los 2/3, ¿tiene dudas de que, a pesar de que se ratificó, se pueda cambiar?

No tengo dudas de que se respete. Sí guardo una leve inquietud por el modo en que se aprobaron, porque en el fondo, cuando la Convención se roba la posibilidad de, por mayoría simple, haber aprobado esos 2/3, hay algunas interpretaciones que están dando vuelta que dicen: “La misma Convención podría más adelante, por mayoría simple, cambiar la norma de los 2/3″. Esa es la única duda que tengo. Sin embargo, por cómo se dio el debate, uno escuchando algunos convencionales de centro izquierda y de izquierda, entiendo que hay ánimo de mantener esos 2/3 y que esa interpretación no debería ocurrir. Pero en política uno sabe que todo puede ocurrir.

Sobre la carrera presidencial, tanto José Antonio Kast como Sebastián Sichel han sido críticos con el trabajo de la Convención. El primero esta semana criticó que la Convención lleve tres meses de funcionamiento sin escribir un artículo de la propuesta de fondo. Sichel también ha criticado varias cosas que ocurrieron durante la discusión del reglamento. ¿Comparte esas críticas?

La derecha ha planteado, a mi juicio, un error: que es incompatible ser duro o tener posiciones claras, firmes y al mismo tiempo ser dialogante. Esa dicotomía es falsa. Nosotros desde Idea País, hemos intentado precisamente combinar algunas esas cosas. O sea, nosotros consideramos que hay ciertos límites y formas que deben respetarse y ser muy duros con eso, y al mismo tiempo hacer todos los esfuerzos para entablar diálogo con personas que no piensen como nosotros. Entonces, que se haya demorado tres meses la Convención en iniciar la discusión de fondo, esa crítica yo no la comparto, precisamente porque se supo desde un inicio que la discusión procedimental iba a tomar un tiempo más o menos como ese. La derecha no debe confundir la dureza con una ceguera para ver las cosas buenas de la Convención. Y al mismo tiempo, no hay que caer en un buenismo que no construye nada, precisamente porque hay que mantener desde una identidad clara un ánimo de construir algo.

“Los convencionales no son contralores del proceso constituyente”

Se ha definido que la derecha se puede dividir en dos almas en la Convención: los atrincherados y los dialogantes. Respecto de los primeros, ¿cree que están a tiempo de salir de esa lógica?

Primero, lo que decía antes, que no hay una dicotomía entre ser duro, tener una posición clara y al mismo tiempo ser dialogante. La tentación de olvidar eso en cualquier sector, y en particular en toda la derecha, está presente y hay que evitarla. Y en segundo lugar, diría que no hay que confundir, si es que efectivamente hay un grupo que cree que acá hay que ir a vigilar la Convención en vez de participar en ella, se está confundiendo el rol que tienen.

¿A qué se refiere?

Los convencionales no son contralores del proceso constituyente. Los convencionales no están ahí para controlar desde adentro el funcionamiento. Los convencionales están para construir algo grande, una Constitución que perdure y que genere un amplio consenso. Entonces, ese error, de mantenerse, a mí me parecería problemático porque acá no se espera un mero control interno. Y siempre hay tiempo para derribar esta falsa dicotomía de que es incompatible ser dialogante y al mismo tiempo claro en las posturas. Hay tiempo, y por lo tanto, hay que juntarse más, hay que dialogar más, hay que tender más puentes no solamente con el mundo de centroizquierda sino también al interior de la centroderecha. Hay ánimo de ambos lados para poder hacer algo en esa línea.

¿Tienes candidato presidencial?

Tengo candidato presidencial, sí. Voy a votar por Sebastián Sichel.

¿No afectó a su decisión todo lo que ocurrió con él la última semana?

Obviamente el ánimo no es el mismo pero estoy convencido que en Chile se requiere una centro derecha reformista y creo que Sebastián Sichel es el que mejor ha encarnado eso. A pesar de que con él tengo diferencias bien importantes. Él es liberal y yo me considero socialcristiano. A pesar de eso, creo que él puede ser un punto de encuentro entre ambas posiciones para conformar una centro derecha reformista.

“Sobre los derechos, planteamos la idea de las metas sociales”

Sobre los derechos sociales, ustedes en Idea País hablan de que “la propuesta hegemónica de la izquierda para entregar derecho es completamente utópica e irresponsable”. ¿Por qué?

Porque es una falsa promesa. Es una promesa, a mi juicio, similar a la promesa de la inflación, esta idea de que usted puede regalar y entregar y eso no tiene costos. Algunos no solo pretenden que haya un listado muy largo de derechos sociales, sino que además que esos derechos sociales, cuando alguien considere individual y subjetivamente que no están satisfechos, van a poder ir a un tribunal de justicia y reclamar y decir: “Oiga, yo considero que mi derecho a la salud por X razón no está satisfecho”. Y el tribunal, un grupo de jueces que de políticas públicas saben lo que nosotros sabemos de física cuántica, va a poder decir: “Sí, efectivamente, yo condeno a tal institución, sea privada a pública, a proveerle el derecho”. Eso es problemático porque los derechos sociales, y pareciera que hay que pedir perdón por esta frase, hay que financiarlos. Como la plata no sale de los árboles, alguien tiene que pagar. Entonces, a esa propuesta hegemónica, que es una propuesta a mí juicio de las promesas similares a la del cuarto retiro, hay alternativas.

¿Qué propone?

La alternativa de eso, desde la derecha, creo que no puede ser simplemente que los derechos sociales no existen o que no hay que satisfacer ciertas necesidades básicas. Eso me parece también un error. Nosotros hemos planteado desde Idea País la idea de las metas sociales, tomando como referencia modelos como el suizo o el alemán pero chilenizándolos, hacerlos propios. Es la idea de que los derechos sociales se pueden proveer de manera progresiva, se pueden exigir de ciertas maneras específicas o acotadas pero se pueden exigir. Y en tercer lugar, no es solamente el Estado el que puede proveernos, sino también la sociedad civil. A mí me parece que ahí hay un horizonte en que no solo la centroderecha, sino también el mundo moderado de la centroizquierda puede encontrar una fórmula para proveer derechos sociales pero sin por eso comprometer al Estado y a la sociedad a promesas que no van a poder cumplir.

Para ustedes también es importante revalorizar el concepto de subsidiaridad. En ese sentido, ¿no cree que es una batalla un poco perdida por la composición actual de la Convención?

Es difícil, además, porque la palabra está muy cargada. Pero saquemos la palabra, vamos al concepto de fondo. Un Estado, una sociedad que no reconozca ningún grado de subsidiariedad a mí me parece que es lo más cercano al totalitarismo, es decir, en la absorción completa de la vida social por el Estado. Entonces, cuando uno saca el concepto, saca el nombre de la palabra y va al tema de fondo, ahí yo creo que en la Convención tenemos bastante más de 2/3. Cuando uno lo pone de esa manera, creo que hay espacio para conseguir algo así como un estado subsidiario, asumiendo la carga de la palabra. O sea, por ejemplo, reconocer la posibilidad de que exista educación privada. Eso son papás que se organizan para impartir una educación que se adecue a su vida, a su creencia. Eso es subsidiariedad. Que haya libertad religiosa, que las personas musulmanas, evangélicas, católicas podamos practicar nuestros cultos, eso es subsidiariedad. Que haya, por ejemplo, una organización territorial que reconozca, que tome en cuenta las particularidades de cada zona, eso es subsidiariedad. La descentralización es subsidiaria. Entonces a mí me parece que hay mucho espacio pero obviamente la palabra está muy cargada.

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