Vuelve un clásico de Plaza Italia: así fue la reapertura de La Terraza

A dos años del cierre del local, obligado por un saqueo, la popular fuente de soda reabrió este mediodía. Tiene una cara distinta, remodelada, con más espacio al aire libre para sus comensales. Aunque sus recordados maestros parrilleros, cocineros y garzones prometen que el sabor y la tradición se mantienen.




El churrasco y el lomito chirrean incesantemente, como tantas otras veces, y aunque el vapor sube humeante hasta el amplio extractor, el aroma que se desprende de la ardiente plancha recorre toda la barra, hasta la entrada del local. Es imposible no hipnotizarse: viene el pan, la abundante palta, el tomate y la mayonesa y el icónico sándwich italiano clásico entra en escena. Una escena que, inevitablemente, recuerda a otro presente de Chile, sin pandemia ni estallido social, cuando La Terraza aún era el escenario de memorables anécdotas de la bohemia santiaguina.

Son las 12.30 del caluroso último jueves de noviembre y, aunque tímidos, decenas de comensales pasan a saludar, graban videos o se fotografían con uno de los 13 trabajadores con que ahora cuenta el local, la mitad del equipo preestallido. Varios aprovechan de tomar asiento y ordenar algo. Son los primeros movimientos de la reapertura del clásico restorán de Plaza Italia, que hace dos años (el 22 de noviembre de 2019) cerró sus puertas tras un saqueo que dejó serios daños en el lugar.

Javier Inostroza (65) prepara los sándwich del local desde 1979. Foto: Mario Téllez

“¿Qué se va a servir?”. La pregunta es de José Rubilar (71), el más antiguo de los garzones y que pese a los dos años de paro, hoy luce como otra postal de un recuerdo lejano. “Estuve sin trabajar durante todo ese tiempo”, cuenta. Y como se considera un trabajólico, apenas supo de la intención de reabrir el local se apuntó para formar parte del contingente del que se considera capitán, pues está desde el 74 tomando pedidos. “Si hasta me paraban en la calle para preguntarme cuándo íbamos a abrir”, reconoce entre risas.

Salen los sándwiches, los platos y las cervezas y La Terraza comienza otra vez a entrar en su ritmo frenético. Lo hace con un renovado lugar, pues tras el saqueo decidieron remodelar todo el interior e incluso habilitaron dos nuevos salones -uno con acceso a luz natural y otro salón para grupo más grandes- para soportar la amplia afluencia de público y mantener los estándares sanitarios de distanciamiento social. Afuera, el espacio de terrazas ahora es mucho más amplio, gracias a la disposición municipal para ocupar una mayor parte de la calzada.

“Siempre quisimos reabrir”, confiesa Lucio Torre (80), su dueño, un asturiano radicado hace 61 años en Chile, también dueño de la Hacienda Gaucha y el hotel Principado de Asturias. “Es que este es un local transversal, aquí viene a comer de todo, desde las personas que cuidan los autos en el barrio hasta el gerente de Movistar que trabaja a una cuadra”, comenta.

Junto a sus hijos, Lucio se embarcó nuevamente en el proyecto más romántico que posee. Se niega a dejarlo, pues fue el emprendimiento con que consiguió todo lo demás. “He resistido de todo, hasta la expropiación que me hicieron en 1971, cuando el local estaba al frente y la UP me lo quitó para construir el Metro”, recuerda, mientras un vecino del sector lo interrumpe para saludarlo y felicitarlo por la apertura. Para Torre, es inevitable no emocionarse ante el cariño que La Terraza ha recibe.

Lucio Torre (80), el dueño de La Terraza, y José Rubilar (71), el garzón más antiguo del local. Foto: Mario Téllez.

No te miento: hasta 80 personas al día nos venían a preguntar cuándo abríamos, al vernos trabajar en la remodelación”, cuenta Juan Carlos (32), uno de los hijos de Lucio y socio del local. Reconoce que esta reapertura será un poco más compleja, pues además del problema para suplir al mermado contingente de garzones, no cuentan con seguros.

Tras el cierre, los Torre debieron prescindir de muchos trabajadores, aunque mantuvo a los trabajadores más antiguos. Pero hoy no todos regresaron al restorán: Fernando Navarro, Pelaito, que trabajó durante 30 años aquí, falleció hace algunos meses. “Fue muy difícil. Trabajamos por aquí y por allá, pero no fue lo mismo. Extrañaba mucho este lugar”, cuenta Carolina Toledo (54), cajera en el local desde hace más de una década.

Pasan los minutos y La Terraza comienza a retomar su habitual ritmo. Familias, amigos, parejas y oficinistas que pasan y ven el local abierto no dudan en instalarse, beber un jugo o una cerveza para capear los 30°C que marca el termómetro al mediodía.

También han cambiado algunas cosas. Su amplia carta, por ahora, está reducida, aunque mantienen los platos más cotizados; los sándwiches, los completos, la mechada full, la parrillada full y la cazuela. También las opciones de cerveza, que ahora son más. Y lo esencial, la insignia del local sigue ahí: “Nuestra clave siempre será servir platos generosos a un precio razonable, ese es nuestro gran diferenciador”, recalca Juan Carlos, quien pide disculpas, pues debe seguir trabajando. El público no deja de llegar.

Los trabajadores de La Terraza, posando en la icónica barra del local. Foto: Mario Téllez

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