Columna de Orlando D’Adamo: Retroceso del oficialismo en Argentina

Foto: AFP



Por Orlando D’Adamo, analista argentino y director del Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano

Las elecciones legislativas del domingo pasado en Argentina mostraron un marcado retroceso del oficialismo en todo el país. Primera consecuencia: la pérdida del quórum propio en el Senado, algo inédito en los últimos 40 años. El oficialismo ganó en nueve provincias. La principal oposición venció en 13. Algunas de ellas, bastiones históricos del peronismo. A nivel nacional, el resultado arroja 42% para Juntos por el Cambio y 33,5% para el Frente de Todos. En 2019 ambas fuerzas obtuvieron el 40% y el 48% de los votos, respectivamente.

Juntos por el Cambio mantiene su caudal, y otras dos fuerzas, autodenominadas “Liberales”, obtienen, aunque sólo participando en dos distritos, un apoyo que les permite tener representantes en el Congreso. También creció la izquierda, algo habitual en elecciones legislativas.

El mapa electoral augura, de mantenerse estas tendencias, una potencial derrota para el justicialismo en 2023. El gobierno cosechó el rechazo de casi dos tercios de los votantes. Con el tercio que lo votó deberá enfrentar las tensiones hacia el interior de la coalición, luchar contra una inflación desbocada, sincerar precios de las tarifas de los servicios públicos artificialmente contenidos, recomponer el salario, disminuir los niveles de pobreza y negociar la deuda con el FMI. No parece fácil.

En la oposición parece haberse iniciado la carrera de las candidaturas 2023. A diferencia del frente gobernante, donde todos los potenciales aspirantes han salido heridos de esta elección, en la oposición sobran. Eso sí, habrá disputas internas que deberán saldarse sin fracturar la coalición. Nunca es indoloro y siempre costoso.

Llamativamente, el Presidente Alberto Fernández convocó a un acto celebratorio del resultado electoral. Allí dijo: “El triunfo no es vencer, sino nunca darse por vencido”. Épico para sus seguidores, preocupante para los dos tercios que no lo votaron. Para ellos, la realidad no muestra motivos para celebrar.

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