Lula prepara su retorno al poder después de 12 años

El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva habla durante una conferencia de prensa en Brasilia, el 8 de octubre de 2021. Foto: Reuters

Aunque aún no ha oficializado su candidatura, en Brasil nadie duda que el expresidente buscará la revancha ante Jair Bolsonaro tras el duelo que no pudieron celebrar en 2018. El petista corre con ventaja en las encuestas de cara a las elecciones de octubre próximo.




Ninguno de los dos ha oficializado por ahora su candidatura, pero poco importa. En Brasil nadie duda de que el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva y el ultraderechista Jair Bolsonaro tienen la voluntad firme de batirse por fin en las urnas electrónicas en octubre próximo. El duelo tendría aroma de revancha por aquel que no pudieron celebrar en 2018, luego que un tribunal anulara entonces la candidatura del líder del Partido de los Trabajadores (PT) por estar condenado por corrupción. Ahora la misma justicia propició esta segunda oportunidad para el expresidente brasileño al anular la sentencia y rehabilitarlo políticamente. Y el escenario no puede ser más promisorio para Lula: las encuestas lo muestran con todas las chances de volver al Palacio de Planalto en enero de 2023.

Al comenzar 2022 en el segundo lugar en las encuestas, el Presidente Bolsonaro intentará una hazaña muy rara para un jefe del Ejecutivo que busca la reelección: obtener un segundo mandato comenzando el año electoral en desventaja en la carrera, destaca el diario O Globo. Y es que desde que la posibilidad de permanecer ocho años consecutivos en el poder pasó a ser permitida, los mandatarios brasileños que buscan ser reelegidos -y al final logran el objetivo, por regla general, ingresan en enero del año electoral por delante de sus opositores.

El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva habla durante una conferencia de prensa en Brasilia, el 8 de octubre de 2021. Foto: Reuters

Fernando Henrique Cardoso (PSDB), en 1998, Lula (PT), en 2006, y Dilma Rousseff (PT), en 2014, lideraron las intenciones de voto al inicio del año en el que buscaban mantenerse en el poder y en el que, al final, lograron ser reelegidos. En marzo de 1998, Cardoso tenía el 41% de las intenciones de voto, según Datafolha. En enero de 2006, de acuerdo con Ibope, Lula lideraba con el 35%. En febrero de 2014, Rousseff aparecía al frente, con un 47%.

Sin embargo, en 2022, el escenario es diferente. La encuesta más reciente de Datafolha, de diciembre, muestra que Bolsonaro tiene el 22%, en segundo lugar, detrás de Lula, con el 48%. El exministro de Justicia Sergio Moro (Podemos) suma un 9%, el exgobernador de Ceará Ciro Gomes (PDT) llega al 7%, y el gobernador de Sao Paulo, João Doria (PSDB), aparece con el 4%. Si hubiese balotaje, según el mismo sondeo, el líder del PT superaría con el 59% de los votos a Bolsonaro y con el 57% a Moro, el exjuez que lo encarceló.

Otra encuesta de diciembre, de Inteligencia en Investigación y Consultoría (Ipec), arroja resultados similares. Lula ganaría la primera vuelta con el 48% de los votos, frente al 21% de apoyo de Bolsonaro. Enseguida se ubican Moro (6%) y Gomes (5%). Y el último sondeo de la firma Ideia, publicado el jueves por el semanario económico Exame, muestra que el 41% de los brasileños consultados apoyaría al petista, mientras que el 24% se inclinaría por el actual mandatario. En la encuesta del mes pasado, el 37% de los encuestados dijo que votaría por Lula y el 27% por Bolsonaro.

Jair Bolsonaro habla sobre las elecciones presidenciales de octubre de 2022 durante una ceremonia en Brasilia, el 12 de enero de 2022. Foto: AP

Para Emir Sader, sociólogo y politólogo brasileño, “en 2022 se dibuja una nueva transición democrática”. “Todas las encuestas dan la posibilidad de victoria a Lula, incluso en primera vuelta. Ninguna encuesta, ni ningún análisis apunta a la posibilidad de que Bolsonaro sea reelegido. A su vez, el lanzamiento de la candidatura del juez Sergio Moro ha fracasado, quedándose como uno más del montón de precandidatos con índices muy bajos en las encuestas”, escribió Sader la semana pasada en el medio español El Diario.

Márcia Cavallari Nunes, CEO de Inteligencia en Investigación y Consultoría (Ipec), es más cauta. “Todavía estamos lejos de las elecciones y las encuestas de hoy reflejan el conocimiento de los candidatos y en este momento el actual presidente y el expresidente son los más conocidos por la población”, comenta a La Tercera la exdirectora de Ibope Inteligencia.

“Lula es favorito por dos razones principales: la memoria de su gobierno y el fracaso económico de Bolsonaro”, asegura Lincoln Secco, profesor de Historia en la Universidad de Sao Paulo y autor del libro Historia del PT. “El tema de la corrupción ha perdido importancia desde el impeachment (de Dilma Rousseff en 2016) por el aumento de problemas considerados más graves por la población pobre, como el desempleo, la inflación y el mal manejo de la pandemia. Además, los dos gobiernos posteriores al PT (Temer y Bolsonaro) están marcados por escándalos de corrupción y el líder de la operación Lava Jato, Sergio Moro, se mostró desmoralizado por las denuncias de la ‘Vaza Jato’ (filtraciones a la prensa de la Lava Jato) y su participación en el gobierno de Bolsonaro”, explica el académico a La Tercera.

Lula posa para una foto durante una entrevista en Sao Paulo, el 17 de diciembre de 2021. Foto: Reuters

“Ante tantos problemas que atraviesa el país, la corrupción pierde fuerza en esta elección con respecto a la de 2018. En esos comicios, el 40% mencionaba la corrupción como uno de los principales problemas del país y hoy solo el 17%. Esto no quiere decir que la corrupción ya no sea un problema, sino que ha perdido fuerza ante el aumento de la pobreza/miseria, el alto costo de vida, etc.”, complementa Cavallari.

Talita São Thiago Tanscheit, doctora en Ciencia Política e investigadora del Instituto de Estudios Sociales y Políticos de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (IESP-UERJ), coincide en ese análisis. “Los petistas, que según la última encuesta de Datafolha representan 28% de los brasileños, no están tan afectados por este tema de la corrupción, y eso le da al PT un punto de partida alto”, señala a La Tercera. “El otro tema es que, dado que los electores entienden que la corrupción es un problema generalizado en Brasil, tiene poco efecto en la decisión de votar. Si todos son corruptos, este tema termina siendo de poca importancia desde el punto de vista electoral”, agrega.

“El favoritismo de Lula me parece, en gran medida, referirse a la memoria que existe, y sigue muy viva, en relación a sus dos gobiernos, entre 2003 y 2010. Cuando la gente declara que votará por Lula, menciona una serie de políticas públicas y programas sociales que se implementaron en su gobierno, el más conocido es Bolsa Familia, pero en realidad son muchos”, apunta Tanscheit. Y aclara: “No es un voto anti Bolsonaro, sino un voto de recuerdo, de memoria. Al mismo tiempo, hay pocos incentivos para que la gente siga votando por Bolsonaro, dado que el escenario es de recesión económica, de un gobierno completamente incapaz de enfrentar la pandemia del Covid-19 y de deterioro de las condiciones de vida de la población”.

Luiz Inácio Lula da Silva, Cristina Kirchner, Alberto Fernández y Pepe Mujica en un acto en Buenos Aires, el 10 de diciembre de 2021. Foto: Reuters

Si el líder del PT consigue volver a Planalto, Tanscheit ve como imprescindible la necesidad de diálogo con otras fuerzas políticas. “Lula necesita gobernar, y luego necesitará formar una coalición que asegure la gobernabilidad, ya que Brasil vive un escenario de inestabilidad política desde hace algunos años. Este es un desafío considerando que el multipartidismo es una característica de Brasil y que necesitará formar una coalición que incluya actores políticos heterogéneos”, sostiene.

Secco cree que el principal desafío de Lula será “la reanudación del crecimiento con distribución del ingreso”. “No es una ecuación simple, porque el Congreso brasileño se ha resistido a la reforma tributaria durante décadas, por ejemplo. En la lógica de lo anunciado por el Instituto Lula, el problema central es retomar el papel estratégico del Estado como inductor del crecimiento, recuperar Petrobras y reindustrializar sectores que vienen siendo desmantelados hace más de 30 años”, detalla.

Tanscheit apunta en la misma dirección. “El principal desafío de Lula será reconstruir el Estado brasileño en un contexto de recesión económica. Fundamentalmente, recuperar los servicios de protección social que han sido atacados en los últimos años. Las condiciones de vida de la población se deterioraron muy rápidamente y se debe retomar la inversión pública en salud, educación y asistencia social, así como respuestas rápidas al desempleo, el hambre y la pobreza”. “Todo eso dependerá de los commodities, de los cuales Brasil depende, y de cómo serán asignados los recursos. Esta es la principal tarea de quien sea elegido presidente del país”, concluye.

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.