Maxi Scheib: Sueños de velocidad

Una temporada para enmarcar vivió Maximiliano Scheib. El motociclista nacional fue tercero en el Campeonato Europeo de Superstock1000, se convirtió en el primer chileno en correr el Mundial de Superbike y, para priorizar su futuro deportivo, rechazó ser parte de la nueva categoría de motos eléctricas. Todo por un objetivo mayor: dar vida a un equipo chileno en las grandes ligas de la velocidad.


El pasado 30 de septiembre se disputó en Magney-Cours, Francia, la última fecha del Campeonato Europeo de Superstock 1000 (STK1000). La victoria en el circuito francés fue para el alemán Markus Reiterberger, secundado por el italiano Roberto Tamburini y el chileno Maximilano Scheib. El piloto nacional cerraba así una gran temporada y se alzaba con el bronce en el certamen, entregando a nuestro país otro gran logro en el motorsport en 2018, que se suma al título de Ruy Barbosa en el Mundial de Enduro, el primer lugar en el Rally Dakar que consiguió Ignacio Casale y el subcampeonato mundial de Pablo Quintanilla en el Rally Cross Country.

Pero el destino le tenía reservada una sorpresa a Scheib, precisamente tras la carrera en la pista gala. Sucedió que el piloto español Jordi Torres no tomaría parte en las dos fechas finales del Mundial de Superbike, la segunda competencia de motociclismo de pista más importante del planeta, solo superada por el MotoGP. Así, el nombre del chileno fue escogido para reemplazarlo, convirtiendo al deportista criollo en el primer chileno que sería parte de ese sagrado grupo.

“Desde el equipo MV Agusta Reparto Corse, el departamento de carrera de MV Agusta, me llamaron el último fin de semana del Campeonato de Superstock y me citaron a una reunión. Fue todo rápido, nos reunimos, conversamos, afinamos detalles y luego agilizamos el tema por WhatsApp. Fue una noticia increíble, estaba muy contento, puesto que era lo que visualizaba, pero no tan pronto.

Fue extraño ver cómo de un día para el otro, todo eso que soñaste que te gustaría que pasara, pasó”, recuerda el joven, de apenas 23 años, quien reconoció en aquellos días que “estoy súper motivado, porque finalmente se cumple un sueño que es debutar en la élite del motociclismo. Soy el primer chileno en el Mundial de Superbike, creo que eso es bastante destacable y que se fijen en un piloto como yo también quiere decir algo”.

Eso sí, la elección del chileno no fue al azar, no lo sacaron de una tómbola. Este año, en su segunda temporada en la STK1000, Scheib fue protagonista habitual del certamen, alcanzó cuatro podios, quedando como su mejor resultado el que consiguió en Brno, República Checa, donde logró una contundente victoria en una pista húmeda. Tales actuaciones le permitieron entrar en la órbita de las series mayores.

Eso sí, el salto fue complejo. Quizás más de lo esperado, y no solo por las diferencias con la moto, ya que en el Superbike se corre sobre motos de 1.000 cc, pero con 250 caballos de fuerza, 50 Hp sobre lo que entregan las motos del STK1000.
“Estuvo entretenido, lo disfruté harto, pero me faltó tener un equipo competitivo que me diese la posibilidad de estar adelante. Llegué súper motivado a Argentina, pero no me fui con la misma sensación, porque sabía que tenía el potencial para ir rápido, pero no se pudo, la moto no estaba a la par”, reconoce el piloto, que finalizó 13º en Argentina y que luego en Qatar no lograría terminar la carrera por un accidente que lo sacó de la pista.

¿Qué pasó en esas carreras?

Me tocó una situación súper dura en esas dos carreras. El equipo era bueno, pero estaba quebrado, al punto de que lo van a cerrar. Entonces, corrí con material que ya tenía dos años de antigüedad, mientras el resto seguía evolucionando. Lamentablemente, yo veía que mi moto no era competitiva. Fue complicado estar más atrás de lo que uno está acostumbrado, de lo que imaginaste, Y en Qatar fue mucho más difícil, clasifiqué 17º, se corría en un circuito que ya conocían todos los otros pilotos, con una moto que era la menos competitiva de la parrilla.

 


¿Todo fue malo?

No, en verdad, fue increíble haber cambiado de categoría, haber hecho experiencia en un campeonato que es el segundo más importante del mundo, donde todos los pilotos son buenos, donde todos van rápido y donde todos han hecho cosas importantes. Estar con ellos en pista me entregó cosas que creo que puedo usar a mi favor para ser más rápido y ser mejor piloto.

¿Qué puedes sacar en limpio de tu debut en el Mundial de Superbike?

Rescato la experiencia. Hoy creo que he mejorado mi nivel, he aprendido y he rescatado cosas que me sirven para mejorar. Pero me falta en el tema sicológico. Si estoy bien, me siento súper motivado, pero si me veo último, me voy hundiendo solo. Hay pilotos que se lo toman de otra forma, pero a mí me gusta estar adelante, soy muy competitivo. Aunque sea el Mundial, nunca quieres ser el último.

¿Cómo resumes la temporada?

Este año siento que hice cosas muy importantes, gané carreras, anduve bien en el campeonato Superstock, peleé el título hasta el final, pero el final de año me dejó un poco un sabor amargo por lo que ocurrió en las dos últimas carreras.

 

Apuesta en grande

Maxi Scheib ganó todo lo que enfrentó en Chile. Multicampeón nacional, hace un par de años decidió ir a probar suerte en Europa. En el Viejo Continente, afincado en Madrid como centro de operaciones, ha logrado ir escalando con su moto que siempre incluye el número 7 en el frontal (puede ser 7, 70 o 77) en homenaje a su padre que lucía el mismo dígito.

En la capital hispana, el tiempo lo reparte entre el gimnasio y las competencias. Poco tiempo libre le queda, por eso aprovecha estos meses en Chile para estar junto a sus seres más cercanos, incluida su polola, con quien ya tiene seis años de romance.

Pero el descanso necesario no le quita del horizonte un objetivo mayor: correr un año completo en el Mundial de Superbike. Para ir tras ese sueño, debió ir dejando en el camino opciones tentadoras, como el participar en la próxima categoría de motos eléctricas.

¿Cómo surge la opción de correr en la nueva serie eléctrica?

Nos plantearon la posibilidad, fue una opción real, pero la deseché. Creo que soy muy joven y debería concentrarme en correr el Superbike, no en las motos eléctricas, que son carreras a cinco vueltas creo, donde todos los que corren serán pilotos retirados o leyendas del MotoGP. Es una categoría que dicen tendrá cinco vueltas y para eso no se tiene ni siquiera que ir al gimnasio.

Era tentadora la oferta, considerando el avance de competencias como la Fórmula E.

Las motos eléctricas recién se están desarrollando y en esta categoría en la primera vuelta vas a fondo, en la segunda merma la potencia y en la tercera ya vas más despacio. Cuando dije que no, lo hice porque no sabía qué iba a pasar a fin de año, en una de esas me iba bien en el Superbike, y si hubiese firmado contrato con la moto eléctrica no habría podido aceptar una oferta de la serie mundial. Prefería decir que no, ver lo que pasaba a fin de año y creo que no me equivoco, quiero hacer un camino más racing, incluso dejando de lado esa carrera que me puede dar fama, que me permitiría correr en las mismas fechas que el MotoGP, pero sabiendo que no es una categoría que catapulte a algo más importante.

 

¿Cuál es el sueño, entonces?

Mi objetivo para el próximo año es hacer el Mundial de Superbike completo, ojalá con una moto competitiva para obtener los resultados que merecemos. Tener la oportunidad de hacer un año a full y con la opción de ir adelante.

¿Tienes contrato con algún equipo?

Actualmente no tengo cerrado con nadie. En todos los equipos, si uno quiere ir a correr, hay que pagar mucho dinero, entonces, sacando esas cuentas, tengo la idea de hacer un equipo propio, buscar los recursos en Chile. Para hacer una temporada en el Mundial de Superbike se necesitan entre tres y cuatro millones de euros, una cifra que si se mira a nivel país quizás no es tan exagerada.

Pero un equipo en el Mundial es algo enorme…

Es súper fácil armar un equipo con el dinero. A equipos privados, la organización del campeonato les facilita el transporte y la logística, eso lo hace el campeonato. Uno tiene que preocuparse solo del equipo, y para eso se necesitan la moto, dos mecánicos, dos ingenieros electrónicos, un jefe mecánico. Mínimo son 10 personas contando la logística. Pero con plata se puede hacer.

¿Se puede soñar con un proyecto de este nivel?

Si pudiésemos plantear la idea a altos niveles, sería importante. Yo veo factible hacer un equipo Chile y donde ni siquiera quiero ser el dueño, solo lo organizaría, pero me gustaría poder hacer un año al 100%. Tengo todos los contactos para tener el material de fábrica, para estar en lo más alto.

¿Y el MotoGP?

Si hablamos de tres a cuatro millones para el Superbike, en el MotoGP necesitas 10 veces más, es otro nivel. Por ahora lo dejamos stand by, prefiero concentrarme en el Superbike, donde me gustaría tener la oportunidad de estar un año compitiendo en las mismas condiciones y con los mismos materiales para poder ganar.

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