El "sí" arrasa en consulta para despenalizar el aborto en Irlanda

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Una mujer con una pancarta a favor del "sí", en Dublín.

Según los primeros sondeos, el "sí" habría ganado con el 68% de los votos. Este triunfo abriría la puerta a liberalizar la ley vigente, una de las más restrictivas de Europa.




"¿Aprueba usted la propuesta de enmendar la Constitución?". Esa era la consulta a la que debían responder los irlandeses en el referéndum sobre el aborto celebrado hoy. Según las primeras encuestas a boca de urna, más del 60% de los irlandeses votó a favor del "sí", lo que implica liberalizar la legislación vigente, una de las más restrictivas y controvertidas de Europa.

Tras 15 horas de votación, los centros electorales cerraron a las 22.00 con una alta tasa de participación. Minutos después del cierre de urnas, se daba una victoria contundente al "sí" en el histórico referéndum sobre el aborto en Irlanda. El resultado definitivo de la consulta se conocerá este sábado.

Según el primer sondeo a boca de urna publicado por el diario The Irish Times, el "sí" obtendría en torno al 68% de votos, frente al 32% que respaldaría la propuesta del gobierno del partido democratacristiano Fine Gael. Similar tendencia exhibía la encuesta realizada por la cadena pública irlandesa RTE, que sugería un 69,4% a favor del "sí" y un 30,6% para el "no".

Poco más de 3,2 millones de personas pudieron votar en la consulta convocada por el gobierno con el objetivo de reformar la legislación vigente sobre el aborto. El electorado debía pronunciarse sobre la eliminación de la llamada "octava enmienda", incluida en 1983 en la Constitución y que garantiza de igual manera el derecho a la vida del "no nacido" y de la madre. Si finalmente desaparece la "octava enmienda", el gobierno, en el poder desde 2011, redactará una nueva legislación que podría permitir el aborto en todas las circunstancias durante las primeras 12 semanas de embarazo y, en casos excepcionales, hasta las 24 semanas.

Desde enero, cuando el primer ministro Leo Varadkar anunció el referéndum, Irlanda ha vivido una emocionante campaña electoral que sacó a la calle el conflicto latente en el país entre la Iglesia

Católica, que se resigna a su pérdida de influencia, y las nuevas generaciones, que rechazan el modelo de sociedad en el que crecieron. En Irlanda, la presión de la iglesia sobre el gobierno fue el principal obstáculo para legalizar el aborto. Solo hace cinco años que el Ejecutivo promulgó una ley, la primera en la historia de Irlanda, que permitía la interrupción del embarazo en circunstancias excepcionales, como cuando la vida de la madre corre peligro.

La idea del nuevo referéndum ganó impulso con el caso de Amanda Mellet, que tuvo que viajar a Reino Unido para abortar después de que se detectara que el feto sufría una anomalía mortal y que llevó su caso a la ONU.

Diáspora irlandesa

Durante toda la semana, irlandeses dispersos por todo el mundo regresaron a casa para votar en un referéndum determinado por la participación ciudadana. Las redes sociales daban testimonio del bullicioso tránsito, sobre todo de jóvenes, por los aeropuertos, puertos marítimos o terminales de buses y trenes para llegar hasta los centros de votación. Como ocurrió en la consulta de 2015 para legalizar el matrimonio homosexual, una parte significativa de la diáspora irlandesa se desplazó en cualquier medio de transporte a su disposición para no perderse una "oportunidad única en toda una generación", según pidió Leo Varadkar, de 39 años, médico de profesión y abiertamente gay.

Incluso las universidades de Cambridge, Oxford, Londres y Nottingham ofrecieron ayudas para permitir a los estudiantes volar a Irlanda para la histórica votación de hoy.

El primer ministro irlandés, que apoyó el "sí" como todos los líderes de los partidos con representación parlamentaria, se declaró hoy "silenciosamente confiado", tras conocer los primeros resultados del referéndum, que volvió a definir como "una oportunidad única".

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