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Aseguran que el ICE utilizó jet privado de amigo de Trump para deportar palestinos a Cisjordania

La aeronave de lujo del promotor inmobiliario Gil Dezer realizó dos vuelos desde Arizona, según una investigación del diario británico The Guardian.

El personal de seguridad israelí recibe a un palestino esposado deportado de Estados Unidos en el aeropuerto internacional Ben Gurion de Israel.

Un avión de lujo propiedad de un magnate inmobiliario cercano a la familia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, transportó dos veces a grupos de hombres palestinos desde Arizona a Cisjordania, reportó este jueves el diario británico The Guardian.

Según la investigación del periódico, el vuelo era parte de una operación secreta y políticamente sensible del gobierno de Estados Unidos para deportar a palestinos arrestados por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) a Cisjordania.

El primer vuelo documentado despegó la mañana del 21 de enero desde un aeropuerto cercano a un centro de expulsión en Arizona y llegó a Israel tras tres escalas de repostaje: Nueva Jersey, Irlanda y Bulgaria. A su llegada, un grupo de ocho palestinos fue recibido por personal de seguridad en el aeropuerto Ben Gurion y posteriormente trasladado a un checkpoint próximo a la aldea de Ni’lin, donde, de acuerdo con testimonios recogidos, fueron dejados en la carretera con ropa de prisión y pocas pertenencias.

Mohammad Kanaan con hombres palestinos deportados abandonados en la aldea cisjordana de Ni’lin. Entre ellos se encuentran Maher Awad, en primer plano con la mano en alto, y Sameer Isam Aziz Zeidan, al fondo con una mascarilla.

El segundo uso del mismo avión para este operativo se produjo el lunes de esta semana, cuando otra tanda de deportados palestinos fue transportada a Tel Aviv y, según las mismas fuentes, también conducida después a Cisjordania. Los datos de seguimiento de aeronaves citados en el reportaje indican que ambos trayectos incluyeron escalas en Shannon (Irlanda) y Sofía (Bulgaria), un punto que podría plantear preguntas sobre el estatus legal de los pasajeros durante el tránsito por terceros países.

Una fotografía publicada por el periódico israelí Haaretz muestra que los hombres fueron recibidos en el aeropuerto Ben Gurion por un grupo de personal de seguridad israelí. Desde allí, guardias armados los condujeron a un puesto de control cerca de la aldea cisjordana de Ni’lin.

“Nos dejaron como animales al borde del camino”, declaró Maher Awad, un joven de 24 años originario de Cisjordania, que llevaba casi una década viviendo en Estados Unidos. “Fuimos a una casa de la zona, llamamos a la puerta y les dijimos: ‘Por favor, ayúdennos’”.

Mohammad Kanaan, profesor universitario cuya casa está cerca del puesto de control, recordó el momento en que Awad apareció en el pueblo. Kanaan, que llevaba una kufiya roja para protegerse del viento frío, se tomó una selfi con los hombres. “Me impactó verlos caminar hacia mi casa y el pueblo. El Ejército israelí no suele liberar prisioneros en este puesto de control”, dijo. “Solo se quedaron en mi casa dos horas. Durante ese tiempo, les dimos de comer. Llamaron a sus familias, quienes vinieron a recogerlos o les organizaron el transporte”.

Añadió: “No tuvieron contacto con sus familias durante mucho tiempo. Sus familias los consideraban desaparecidos”.

Awad y otro pasajero citado, Sameer Isam Aziz Zeidan (47), describieron que viajaron esposados de manos y pies; Awad afirmó que además le colocaron una sujeción corporal que dificultaba comer. Tras ser dejados cerca de Ni’lin, vecinos de la zona los auxiliaron, les dieron comida y facilitaron llamadas a familiares que, según el testimonio recogido, llevaban tiempo sin contacto y los consideraban desaparecidos.

En el caso de Zeidan, su familia explicó que vivía en Louisiana, en EE.UU., con su esposa y cinco hijos y que fue detenido por el ICE hace más de un año tras no renovar su green card (permiso de residencia permanente). Awad, por su parte, aseguró que su vida estaba en Michigan: estudió allí, trabajó en negocios familiares y formó una familia con una pareja estadounidense, que dio a luz mientras él permanecía detenido. Relató también que un arresto relacionado con una denuncia que posteriormente fue retirada desencadenó su captura por el ICE al salir de la cárcel local.

El jet utilizado en la operación lleva el logotipo de Dezer Development, empresa fundada por Michael Dezer y actualmente dirigida por su hijo Gil. El elegante avión Gulfstream IV es llamado por sus dueños como “mi pequeño cohete”.

Los Dezer mantienen una relación empresarial histórica con Trump: participaron en la construcción de torres residenciales con marca Trump en Miami y, según registros de financiamiento citados en la investigación, han aportado más de 1,3 millones de dólares a campañas presidenciales del republicano.

Además, Gil Dezer es donante de campaña y mantiene vínculos personales con el círculo familiar del presidente estadounidense: es amigo de Donald Trump Jr. y miembro de la filial en Miami de Amigos de las Fuerzas de Defensa de Israel. La aeronave fue contratada por ICE a través de Journey Aviation, una empresa de Florida dedicada al arriendo de aviones privados que declinó comentar la operación.

Dezer, por su parte, sostuvo en un correo que no conoce la identidad de quienes vuelan cuando su avión es arrendado mediante un intermediario y que solo recibe notificación de las fechas de uso. No respondió a preguntas adicionales sobre la utilización de su jet en deportaciones de palestinos vía Israel, según el reportaje.

Según Human Rights First (HRF), que rastrea los vuelos de deportación, el avión de Dezer realizó cuatro “vuelos de expulsión” –a Kenia, Liberia, Guinea y Eswatini– a partir de octubre pasado, antes de sus dos recientes viajes a Israel.

Sobre el costo de los vuelos, la investigación de The Guardian señala que el ICE ha indicado en el pasado que el precio de vuelos chárter oscila entre casi 7.000 y más de 26.000 dólares por hora, y que fuentes del sector estimaron entre 400.000 y 500.000 dólares el costo de un viaje de ida y vuelta a Israel.

Savi Arvey, director de investigación y análisis de HRF sobre los derechos de los refugiados e inmigrantes, dijo que el avión de Dezer era “parte de un sistema opaco de aeronaves privadas que facilitan” una campaña de deportación masiva que “ha ignorado flagrantemente el debido proceso, ha separado familias y se opera sin ninguna rendición de cuentas”.

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