Por Cristina CifuentesLa “línea roja” tras la interceptación de un dron cerca de La Meca: Las opciones de Arabia Saudita en su conflicto con los hutíes
Los recientes ataques del grupo yemení han dejado al reino árabe con pocas opciones de respuesta, todas ellas con un alto costo. Los expertos señalaron que el mensaje que ha mandado Riad es que no desean una guerra a gran escala. Sin embargo, la actitud cada vez más audaz de los hutíes podría arrastrar a ese Estado del Golfo a un conflicto más amplio.

Arabia Saudita afirmó que sus defensas aéreas interceptaron y destruyeron un dron hutí que intentaba sobrevolar la ciudad santa de La Meca, mientras los aviones de guerra sauditas continuaban bombardeando Yemen, lo que aumentó los temores de que el conflicto se extienda aún más por Medio Oriente.
Tras el incidente, la coalición militar liderada por Arabia Saudita afirmó que la seguridad de La Meca, donde se encuentran los dos lugares más sagrados del Islam, era una “línea roja” y que tomaría las medidas necesarias contra los hutíes.
Según informó este miércoles el diario británico The Guardian, se ha confirmado que funcionarios estadounidenses se reunieron el fin de semana con líderes hutíes en la embajada de Estados Unidos en Mascate (Omán). Este encuentro condujo a la decisión de Washington de no intervenir para ayudar a Arabia Saudita a frenar el avance hutí dentro de Yemen, detalló el medio.
El grupo armado, respaldado por Irán, aseguró a Estados Unidos que el acuerdo de alto el fuego alcanzado entre ambas partes en 2025 seguía vigente y que el movimiento no tenía intención de atacar buques estadounidenses en el mar Rojo. Los hutíes confirmaron que solo los barcos vinculados a Arabia Saudita se consideraban objetivos, debido al bloqueo que este país impone a Yemen.
En su análisis en Substack, el académico Robert Pape de la Universidad de Chicago, señaló que el reino no solo apeló a Washington, sino que superó décadas de tabú diplomático para apoyarse en la inteligencia israelí. Mediante el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), este canal secreto proporciona a Arabia Saudita la información telemática crucial y probada en combate para interceptar amenazas de drones y misiles que podrían paralizar su economía.

Este grupo rebelde ha atacado territorio saudita, oleoductos y buques, pero han negado tener como objetivo La Meca. “Las afirmaciones sobre un supuesto ataque a La Meca son una mentira manida que ya se ha utilizado antes y que ya no engaña a nadie”, dijo el portavoz Hazem al-Assad.
“La negativa de Estados Unidos a lanzar ataques de represalia directos contra los hutíes obligó a Riad a actuar, revelando un marcado cambio en la gran estrategia estadounidense. Washington evita a toda costa verse involucrado en otra campaña terrestre o aérea indefinida en Medio Oriente. Al posicionar al CENTCOM como un centro de intercambio de inteligencia en lugar de un participante en combate, Estados Unidos está practicando una estricta estrategia de equilibrio de poder en alta mar. Esta estrategia de eludir responsabilidades obliga a los actores regionales a asumir sus propias cargas defensivas”, escribió Pape.
“Este puente de inteligencia permite a Estados Unidos mantener su hegemonía regional a bajo costo, subcontratando la recopilación de datos de defensa activa a Israel y manteniendo a las fuerzas estadounidenses fuera de la línea de fuego directa. Esto marca el comienzo de una nueva era en la que Washington gestiona las crisis regionales mediante la coordinación de datos en lugar de recurrir a una fuerza militar abrumadora”, indicó.
La violencia continuó extendiéndose tras los importantes avances territoriales de los hutíes en Yemen la semana pasada. Esta semana, el grupo rebelde yemení tomó la estratégica isla de Perim, situada en la entrada del mar Rojo, así como la ciudad portuaria de Mocha, en su intento por controlar el estrecho de Bab el-Mandeb, una de las vías marítimas más importantes del mundo, lo que amenaza las exportaciones de petróleo saudita desviadas del estrecho de Ormuz.
Arabia Saudita ha estado utilizando más intensamente el oleoducto Este-Oeste desde que la guerra con Irán cerró de facto el estrecho de Ormuz, desviando unos 5 millones de barriles de petróleo diarios que habrían ido a parar a los petroleros que esperaban en el golfo Pérsico.
El principal oleoducto de Arabia Saudita fue cerrado tras ser atacado por drones procedentes de Irak. Ninguna parte ha reivindicado la autoría, pero el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, señaló a Teherán, dado que se sabe que grupos afines a Irán operan en Irak.

El miércoles, los hutíes afirmaron que aviones de guerra sauditas estaban llevando a cabo intensos ataques aéreos en Yemen, y el portavoz militar del grupo declaró que se habían realizado hasta 450 ataques aéreos esta semana.
El grupo rebelde ha disparado repetidamente contra Arabia Saudita durante la última semana, provocando alarmas en ciudades del sur y del oeste, y el país petrolero ha emitido alertas de seguridad en varias partes del país.
El conflicto ya ha provocado una grave interrupción en el suministro de petróleo. La semana pasada, un ataque atribuido a combatientes alineados con Irán en Irak dejó fuera de servicio el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita, la principal ruta utilizada para desviar las exportaciones que pasan por el estrecho de Ormuz, bloqueado por el conflicto.
Según la cadena CNN, esta situación ha dejado al reino árabe del Golfo Pérsico con pocas opciones de respuesta, todas ellas con un alto costo. Los expertos señalaron que el mensaje que ha mandado Riad es que no desean una guerra a gran escala. Sin embargo, la actitud cada vez más audaz de los hutíes podría arrastrar a ese Estado del Golfo a un conflicto más amplio.
Todos los indicios apuntan ahora a “una represalia saudita a gran escala, y esa probabilidad aumenta día a día”, declaró a CNN Mohammed Al-Basha, experto en Yemen y asesor de riesgos con sede en la ciudad de Washington. “En este punto, no tienen otra opción”, afirmó.
Michael Ratney, exembajador de Estados Unidos en Arabia Saudita, afirmó al portal Politico que los últimos acontecimientos son “increíblemente frustrantes” para el reino.
“A pesar de su antipatía hacia los iraníes, esta era una guerra que nunca habían deseado y que les generaba gran temor. Y una vez que comenzó, todos sus peores escenarios empezaron a hacerse realidad”, añadió.

Los ataques de los hutíes ya han provocado un desplome de las exportaciones de petróleo saudita a Asia, pasando de unos 3,4 millones de barriles diarios en junio a tan solo 128.000 en agosto, aunque se habían recuperado ligeramente este mes hasta alcanzar los 700.000, según cifras recopiladas por Kpler, una empresa de seguimiento del comercio mundial, citadas por Politico.
¿Quiénes son los hutíes?
Arabia Saudita luchó contra los hutíes durante años, a partir de 2015, pero sus aliados lograron escasos avances sobre el terreno. El conflicto causó la muerte de aproximadamente 150.000 personas y, en ocasiones, llevó a Yemen al borde de la hambruna antes del alto el fuego de 2022.
Aunque Occidente y algunos Estados del Pérsico suelen verlos como una milicia improvisada y desorganizada, los hutíes llevan años perfeccionando sus tácticas militares y de combate. El grupo ganó popularidad en partes de Medio Oriente tras atacar a Israel después de la guerra de Gaza, desencadenada por la ofensiva de Hamas contra Israel el 7 de octubre de 2023.
Entre sus exigencias se encuentra el cese de los intentos sauditas de aislar -mediante un bloqueo económico y de viajes- las vastas zonas del norte de Yemen que controla el grupo. Si bien están aliados con Irán, también tienen su propia agenda.
Nasr al-Din Amer, director de la agencia de noticias estatal Saba -controlada por los hutíes-, declaró el viernes a la CNN que los rebeldes seguirían “presionando” a Arabia Saudita hasta “romper el asedio impuesto injustamente por el enemigo saudita durante 12 años”, lo que apunta a una clara intención de intensificar el conflicto.
“Arabia Saudita ha dedicado varios años a intentar superar el conflicto de Yemen y centrarse en la transformación económica y la estabilidad regional”, afirmó a Politico, Neil Quilliam, experto en Medio Oriente del think tank Chatham House.

“Los recientes avances de los hutíes aumentan la presión sobre Riad para que responda, pero todas las opciones disponibles conllevan costos significativos y resultados inciertos”, agregó.
Los sauditas podrían intensificar su respuesta militar e intentar desalojar a los hutíes, pero eso prolongaría el conflicto y provocaría ataques aún más fuertes de los rebeldes contra la infraestructura energética saudita, dijo a Politico, Sherwan Hindreen Ali, gerente de investigación para Medio Oriente en ACLED, un grupo de monitoreo de conflictos.
“El reino ya se enfrentó a esto en el pasado, pero el armamento de los hutíes es más sofisticado ahora que entonces, y es probable que los sauditas dispongan de menos misiles interceptores como consecuencia del conflicto entre Estados Unidos e Irán”, afirmó.
Robert Pape explicó que la legitimidad de la Casa de Saud se basa en gran medida en su custodia de los lugares más sagrados del islam: La Meca y Medina. El hecho de que las amenazas de los hutíes hayan activado las alarmas cerca de estos centros sagrados coloca al príncipe heredero saudita Mohammed bin Salman Al Saud (MBS) ante una peligrosa paradoja.
“A medida que la opinión pública se entera de que el reino depende de Israel para proteger el territorio sagrado islámico, esto podría provocar una fuerte reacción de las facciones religiosas conservadoras y de una población profundamente solidaria con la causa palestina. Sin embargo, un ataque exitoso de los hutíes contra la infraestructura petrolera o los puertos de Yanbu devastaría los cimientos económicos de la Visión 2030, desencadenando un malestar interno generalizado por la inestabilidad financiera. MBS ha considerado que el colapso económico representa una amenaza más inmediata para su gobierno que el riesgo ideológico de una colaboración encubierta. Su supervivencia depende de la estabilidad interna”, concluyó.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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