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Los factores que ayudaron a tener uno de los mejores aires en invierno y qué podría revertirlo

La Región Metropolitana tuvo 282 horas en episodios críticos por MP2,5 durante este invierno, un 69% menos que hace una década. Expertos atribuyen parte del resultado a la ventilación asociada a los frentes, además de las medidas de descontaminación y fiscalización.

Este resultado solo fue superado por 2020, en medio de la pandemia, y por 2023. [e]JORGE VILLEGAS

Este fue uno de los mejores períodos de invierno en materia de calidad del aire de la Región Metropolitana. Entre el 1 de mayo y el 31 de agosto se registraron tres preemergencias y 18 alertas ambientales. En total, fueron 282 horas bajo alguna de estas categorías, cifra que convirtió a 2026 en el tercer mejor año desde que existen registros. Este resultado solo fue superado por 2020, en medio de la pandemia, y por 2023.

El resultado fue destacado por el Ministerio del Medio Ambiente, que atribuyó la mejora a una combinación de factores: las medidas estructurales del Plan de Prevención y Descontaminación Atmosférica (PPDA), la fiscalización de distintas autoridades y las condiciones meteorológicas que acompañaron el invierno.

Según la cartera, en la última década las horas de exposición a niveles altos de MP2,5 durante el período de Gestión de Episodios Críticos (GEC) disminuyeron un 69%. En 2015 se contabilizaron 915 horas; este año fueron 282. Además, hasta el 31 de agosto se registraron 60 días en categoría “bueno” para MP2,5, el número más alto de toda la serie 2015-2026.

Pero detrás de las cifras queda por saber cuánto de esta mejora corresponde a las políticas de descontaminación y cuánto a un invierno meteorológicamente favorable.

Santiago 8 de Junio 2025. Vista aérea de la contaminación que afecta la Región Metropolitana. Javier Torres/Aton Chile JAVIER TORRES/ATON CHILE

Para Héctor Jorquera, académico de la UC, experto en calidad del aire e investigador del Cedeus, la respuesta no puede reducirse a un elemento. Sin embargo, identifica un factor meteorológico particularmente relevante.

“Cuando llueve tienes una reducción de la contaminación, eso está clarísimo”, explica. Pero, a su juicio, el principal mecanismo mediante el cual los sistemas frontales favorecen la calidad del aire no es necesariamente el agua que cae sobre la ciudad, sino los fuertes vientos que acompañan a esos sistemas.

Esos flujos permiten remover los contaminantes acumulados en la cuenca de Santiago, donde durante los períodos de estabilidad atmosférica el aire puede permanecer prácticamente estancado. El efecto del viento, además, comienza incluso antes de que las precipitaciones. Después del paso del frente, nuevas masas de aire contribuyen a renovar la atmósfera de la cuenca.

“La lluvia también ayuda”, plantea el académico, pero su efecto de “lavado” de partículas sería menos determinante de lo que comúnmente se piensa, especialmente para las partículas más pequeñas y nocivas para la salud. La precipitación puede capturar parte del material particulado y depositarlo en el suelo, mientras que la humedad de las calles también disminuye la cantidad de polvo que los vehículos pueden volver a levantar.

Lluvia y viento en la zona central. SEBASTIAN CISTERNAS/ATONCHILE

El comportamiento de las precipitaciones durante este invierno ayudó a explicar el escenario. Mayo y junio fueron meses particularmente secos, con déficits del 90% y 99% respecto de un año normal. En ese período se concentró un mayor número de episodios críticos.

La situación cambió en julio. Ese mes se registró un superávit de precipitaciones de 210%, mientras agosto presentó un comportamiento cercano a un año normal. El cambio coincidió con la llegada de sistemas frontales y períodos de mayor ventilación de la cuenca.

Así, el invierno terminó con más lluvia en la segunda mitad de la temporada y, sobre todo, condiciones que permitieron una mayor renovación del aire. Una condición poco habitual, que se explica por los efectos provocados por El Niño.

El posible “rebote” ambiental

El Ministerio del Medio Ambiente también apuntó a la aplicación de las medidas de los PPDA y a la fiscalización de fuentes móviles, residenciales e industriales.

Entre el 1 de mayo y el 24 de agosto se cursaron más de 135 mil citaciones automatizadas por incumplimiento de la restricción vehicular y otras 626 en terreno. En el ámbito residencial, la Seremi de Salud realizó 566 fiscalizaciones a calefactores a leña, que terminaron en 44 sumarios sanitarios, muy por debajo de los 379 registrados en 2022 y los 290 de 2024.

En el sector industrial, la Superintendencia del Medio Ambiente registró que los 55 titulares de 75 establecimientos regulados cumplieron sus metas anuales de reducción de emisiones. En conjunto, estos establecimientos reúnen 832 fuentes estacionarias.

Jorquera agrega otros cambios estructurales que pueden contribuir, como el aumento de buses eléctricos del transporte público. Pero también advierte que existen factores que pueden contrarrestar parte de esos avances. Uno de ellos es el crecimiento del parque automotriz y, especialmente, la congestión vehicular.

Congestión vehicular. DRAGOMIR YANKOVIC/ATON CHILE

Jorquera advierte que si en los próximos años disminuye la frecuencia de sistemas que favorezcan la ventilación de Santiago, podría producirse un “rebote” en los niveles de contaminación. La advertencia no implica que la reducción observada este año sea exclusivamente meteorológica, sino que parte del resultado puede estar asociada a un escenario atmosférico que no necesariamente se repetirá con la misma intensidad.

De hecho, la experiencia de otros centros urbanos muestra que la meteorología no tiene el mismo efecto en todas partes. En ciudades del centro-sur y sur del país, donde la calefacción a leña tiene un peso mayor, las bajas temperaturas pueden mantener elevadas las emisiones incluso cuando se producen precipitaciones. En lugares como Talca y Linares, actualmente la calidad del aire apareció en categoría regular durante el miércoles, mientras otras ciudades bajo períodos de fiscalización presentaron condiciones buenas.

El fenómeno es todavía más evidente en Coyhaique, donde la configuración del terreno favoreció la acumulación de contaminantes que sometió varias veces a declarar emergencia ambiental. La ciudad se encuentra en una zona baja rodeada de elevaciones y se combina una mayor demanda de calefacción con condiciones meteorológicas que dificultan la ventilación.

Contaminación del aire en Coyhaique @ Lin Linao Wikimedia Commons Foto de Lin Linao en Wikimedia Commons

En Santiago, en cambio, este invierno se produjo la combinación inversa. Esto, ya que tras un comienzo seco y con episodios críticos, la llegada de sistemas frontales aportó lluvia, pero, sobre todo, viento y renovación de la masa de aire.

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